El destino

Capítulo 2.

Daniel al final consiguió lograr que los Stark se marchasen gracias a la ayuda de su hermano Samuel. Sam conocía a todo el mundo y logró que David se fuera de viaje de trabajo y se llevase con él a Cristina. 

David estuvo a punto de rechazar la propuesta, ya que no querían dejar a su hija sola. Ahí fue cuando Daniel le dijo que él se podía ocupar de Mia. 

Se alegró de que David hubiera confiado en él para contarle este problema. Creía que no lograría que Mia pasara la luna llena con ellos. Con lo Stark fuera, todo resultaría un poco más fácil. 
 

Mia no estaba contenta de que sus padres la dejaran con unos desconocidos, porque eso es lo que eran los Argent. Tan solo se conocían de un par de días he iban a dejar que cuidaran de su hija. 

Su padre no solía hacer viajes de trabajo y mucho menos su madre. Trabajaban los dos en el mismo bufete, pero el jefe de David le pidió que fueran con urgencia a Nueva York para un caso del que sus padres no le habían hablado. Ellos le habían dicho que era importante, así que Mia no dijo nada al respecto y aceptó el quedarse con los Argent sin rechistar, pero por dentro estaba muy enfadada. El enfado también se debía a que no había ido a entrenar por su torcedura. 

- ¿En qué piensas? - Cristina la saca de sus pensamientos. Mia había bajado de su habitación con la ayuda de su madre. 

- En que me encantaría ir a entrenar con Dante - contesta sin mirar a su madre. 

- Pues tengo una sorpresa - Cristina se aparta y Mia ve a Dante en la entrada del salón -. Pero nada de entrenar. 

Su madre se marcha para dejarlos solos. A Mia le alegraba ver a Dante, ya que era su único amigo hombre.

- Bonito pie - comenta señalando el tobillo un poco hinchado de la chica. 

- No digas mentiras - Mia le hace espacio en el sillón para que se siente -. Te hubiera gustado ser el causante de mi dolor - bromea. 

- Sí, es posible - le sigue el juego y comienzan a reír -. En un par de días estarás como nueva. 

- Lo sé - Mia le mira. Es un hombre grande, con hombros anchos. Tiene la piel aceitunada como la de ella y unos ojos azules que resaltaban. Sí, era guapo, pensó Mia, pero le veía como un hermano -. Daniel me dijo lo mismo. 

- ¿Daniel? 

- El vecino nuevo. Se ha mudado aquí con su familia - Mia se desahoga con Dante, como siempre hace -. Y ahora me toca quedarme con ellos un par de días. 

- Vaya - Dante se ríe -. Si quieres puedo venir para que pases menos tiempo con ellos. 

- Te lo agradecería - Mia pone la vista en el ventanal que da a la calle y ve como Shane se dirige a su casa -. No me libro de ellos. 

Se pone un cojín en la cara y Dante se gira para ver que ha disgustado a la chica. Abre mucho los ojos al ver de quien se trata. 

No solo se fija en Shane, sino en Daniel, que estaba en la puerta de la casa de enfrente. Los dos cruzan una mirada y la bestia en el interior de Dante ruge. Pensaba que estaban muertos, todos ellos. Pero están aquí, y seguro quieren llevarse a Mia con ellos. 

- Tengo que irme - se levanta de golpe -. He recordado que tenía que hacer una cosa. 

Mia se lo queda mirando con el ceño fruncido. Dante se estaba comportando de una forma muy rara.

- Te llamaré esta noche - dice antes de irse. 

Mia vio como Dante salía de su casa y se cruzaba con Shane. Los dos se miraron a los ojos por una fracción de segundo, y Mia juraría haber visto un destello dorado en los ojos de ambos. 

Ella culpó al sol por ello. 

Shane acababa de entrar en su casa y se dirigió al salón. 

- ¿Conoces a ese hombre? - parecía enfadado. Y lo estaba. Shane no quería a ese maldito lobo cerca de su hermana. 

- Es mi entrenador - Mia se levanta dispuesta a irse de nuevo a su habitación -. Si buscas a mi madre está en la cocina. 

- Vengo a buscarte a ti - Mia se detiene y se gira para mirarlo -. Pensé que te gustaría saber más sobre los Castel. 

Se queda pensativa, recordando lo poco que Shane le contó el otro día. Dijo que la hija se llamaba Maria, así que no podía ser ella. Entonces recuerda lo que le vino a la mente cuando terminó de contarle la historia. 

- Vamos a mi habitación - contesta al final y empieza a caminar haciendo muecas, pero eso no dura, ya que Shane la coge en brazos y la lleva escaleras arriba. 

- Te gusta cogerme en brazos, ¿verdad? - pregunta ella pasando los brazos por su cuello para estabilizarse.

- No pesas nada y no puedes andar bien - se encoge de hombros -. No me molesta ayudar. 

Mia se lo quedó mirando mientras la subía. Tenían el mismo color de ojos. ¿Qué posibilidades había de que dos personas tuvieran exactamente el mismo color de ojos? 

- ¿Llevas mucho tiempo conociendo a Dante? - pregunta cuando la deja en la cama. 

Ella no le ha dicho el nombre de Dante en ningún momento, así que deben de conocerse, pensó.

- Desde los diez años - contesta.

Shane se pasea por la habitación. 

- Tengo que irme - dice de repente. 

- Pero has dicho...

- Lo siento mucho - Shane mira a Mia a los ojos, quería estar con ella pero necesitaba hablar con su padre -. Te prometo contarte todo esta noche. 

- Vale - Mia ve como Shane se marcha y piensa que es muy raro. 

Para olvidarse de eso se pone a estudiar. 
 

- Papá - Shane entra como un loco a su casa -. ¡Papá! 

- ¡En el salón! - grita Daniel. 

Shane se queda parado en la entrada del salón al ver a unos cuantos de los guerreros de la manada. 

- ¿Qué hacen aquí? 

- Estábamos cerca - responde Joseph. Un chico alto, de cabello rubio oscuro y ojos azules. Tiene unas fracciones angulosas, dando un aire intimidatorio -. Me alegra verte, Shane. 

- A mí también, hermano - Shane y Joseph se estrechan las manos y se dan un abrazo. 

- Les he llamado - dice Daniel cuando se separan -. He visto a Dante en casa de Mia. Necesito que todos vosotros la tengáis vigilada. 




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