El destino

Padre e hijo

Alguna vez creí, desde niño, que viviría feliz y siempre junto a mis padres. No tengo hermanos, soy hijo único, mi papá es famoso y millonario, y siempre tuve todo lo que quise… bueno, todo hasta ahora.

Aquí estoy yo, acostado en mi cama, con la mirada fija en el techo, intentando entender y asimilar lo que mi papá acaba de confesarme, algo que, en cuestión de minutos, dejó de ser solo nuestro y pasó a ser del conocimiento de todo el maldito mundo.

Bajo de mi cama y salgo de mi habitación con la intención de bajar las escaleras, pero me detienen las voces que escucho. Son mis papás, discutiendo en su habitación. Me acerco en silencio y escucho cómo la discusión se vuelve cada vez más intensa.

Lo ignoro y bajo las escaleras, pero una señora ya mayor me ve y me habla:

—Demian, cariño, ¿tienes hambre? Déjame prepararte algo.

Esa mujer, de voz agradable y tierna, es mi nana. La conozco desde que tengo memoria y siempre ha estado pendiente de mí; es como mi segunda mamá.

Le sonrío a mi nana y asiento con la cabeza. Ella me devuelve la sonrisa y se dirige a la cocina para prepararme algo. Yo la sigo y me siento en una silla junto a la mesa, esperando en silencio.

—Nana, ¿mamá y papá discuten por lo del divorcio? —le pregunto, y ella deja de preparar la comida para acercarse y consolarme.

—No estés triste, cariño —me dice con suavidad—, aunque se divorcien, ellos se siguen amando.

—Ya no soy un niño, nana —le digo, con la voz temblorosa—. Puedo entender todo muy bien. Si ellos se divorcian, significa que no se aman. Además… papá ama a los chicos, eso quiere decir que nunca amó a mi madre. Puedo comprenderlo perfectamente.

—Simplemente… no comprendo por qué. ¿Por qué? —pregunto, con la voz quebrada.

—¿Por qué qué? —me responde ella, confundida.

—¿Por qué le gustan los chicos? ¿Ha amado a mi madre todos estos años… o es que nunca la ha amado? —mis palabras salen atropelladas, llenas de dolor y confusión.

—Demian, cariño… —empieza a decir, pero no la dejo terminar.

Salgo de ahí, subo las escaleras rápidamente y me encierro en mi habitación, cerrando la puerta de un golpe tan fuerte que hace que todos en la casa lo escuchen.

Me tiro sobre mi cama boca abajo, abrazando la almohada mientras lloro sin poder detenerme. Odio a mi papá. ¿Por qué tuvo que hacerlo? ¿Por qué arruinarlo todo cuando todo estaba tan bien? ¿Acaso no piensa en mi felicidad… en la de mi mamá? Ella lo ama demasiado.

En medio de mis pensamientos y del llanto, escucho cómo golpean la puerta de mi habitación y luego la abren. No quito la cara de la almohada y continúo llorando, no porque quiera, sino porque, por más que lo intente, no puedo detenerme.

Solo escucho unos pasos que se acercan a mi cama y siento cómo alguien se sienta a mi lado. Una mano grande acaricia mi espalda y entonces lo descubro: es mi padre.

Paro un poco mis sollozos y me doy la vuelta para mirarlo, él contempla mi rostro, lleno de lágrimas. Me acomodo y me siento en la cama, todavía sollozando levemente.

—Lo lamento —consigo escuchar de sus labios.

—Lamento defraudarte de esta manera. Lamento no ser el padre que querías y hacerte sufrir así, hijo. Sé que… no soy el padre que siempre soñaste. Siempre traté de hacer lo posible para que tú lo creyeras, pero soy así, esto es lo que soy —logra decir, sintiendo cómo un nudo se le forma en la garganta con cada palabra que sale.

—Y yo… —mi voz tiembla— siempre te vi como un ídolo, como un héroe. Desde que era un niño fuiste mi ejemplo a seguir; quería ser como vos, caminar como vos, hablar como vos, ser fuerte como vos. Para mí eras perfecto, papá.

Pero… ¿por qué? ¿Por qué mentirnos de esa manera? Fingir ser alguien que no eras durante todo este tiempo, mirarnos a la cara y actuar como si nada pasara. Duele, duele mucho. Creo que si lo hubieras dicho cuando yo era más pequeño, cuando todavía no entendía tantas cosas, habría dolido menos que ahora.

—No podía —responde con la voz baja—. Tenía miedo… miedo de cómo reaccionaría tu madre, mis padres, mis fans. Recién comenzaba mi carrera como actor, Demian. Si lo decía en ese entonces, quizá todo lo que tengo ahora no existiría. Esta casa, mi trabajo..

—¿Estás decepcionado de mí?

—Normalmente esa pregunta la hace un hijo a su papá… pero no, no lo estoy —logro decir, con la voz rota—. Solo estoy triste y enfadado contigo, porque ya no tengo una familia. No es porque seas gay o por cualquier otra cosa —hablo entre lágrimas, cargando todo el dolor que siento.

—Claro que tienes una familia, cariño. Tienes a papá, a mamá, a los abuelos… nada de eso va a cambiar.

—Pero ya no se van a seguir amando… o mejor dicho, ya no van a fingir que se aman —respondo con amargura—. Porque todo era una mentira, y yo, como un bobo, me lo creí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.