El Destino del Héroe

Capitulo 5

Elías había enfrentado a usuarios de Autoridad especializados en la manipulación emocional y a Presagios del Fin capaces de inducir locura. Esos terrenos, donde la culpa se convertía en un arma física, y los sentimientos amorosos y de cariño se mezclaban, eran pantanosos y letales. Pero nada lo había tocado así. Comparado con lo que sentía ahora, aquellos traumas eran motas de polvo. Porque mientras en el pasado reconocía el origen de su dolor, esta tristeza repentina no tenía nombre.
La Reina Demonio se detuvo en la frontera invisible que separaba ambos ejércitos.
Clavó su bastón negro en la tierra yerma. El sonido seco resonó como un trueno, imponiendo un silencio absoluto. Alzó la mirada. Sus ojos, pozos de oscuridad y carmesí, inspeccionaron a las tropas aliadas con indiferencia hasta detenerse en Elías. Tras enviarle una mirada indescifrable —una que ni los más sabios supieron leer—, desactivó la presión asfixiante de su presencia.
—Me decepcionas, Héroe —exclamó con voz firme, serena, regia—. No solo insultas a mis Privilegiados y a mi ejército con esa vestimenta de vagabundo... también te presentas ante mí desarmado.
Con un movimiento fluido de su capa, extrajo un broche con forma de mariposa púrpura y lo arrojó a los pies de Elías. Al tocar el suelo, el broche se transformó en una espada larga que irradiaba una energía capaz de aterrar a los veteranos más curtidos.
—Recógela. Está forjada con la esencia de una Polilla Devoradora de Singularidades. Posee encantamientos de auto-regeneración y barreras conceptuales. No es digna de ti... pero servirá para que nuestra batalla no sea un insulto a los futuros Héroes y Reinas Demonio.
Elías no se inmutó. Tomó la espada y la inspeccionó con frialdad técnica. Desde el primer contacto, su Autoridad diseccionó la estructura: detectó la quitina de la polilla y fragmentos de monstruos espaciales incrustados en la empuñadura. No eran bestias invencibles para él, pero sí rarezas que no se veían ni en las mazmorras de clase S. Conocía bien a esas criaturas; las había cazado hasta la extinción en algunas mazmorras peculiares.
—Es una obra maestra. Veo el trabajo de un artesano excelente —dijo, clavando el arma en el suelo y soltándola—. Pero debo rechazarla.
No lo hizo con soberbia, sino con certeza.
La mención de la Reina sobre su falta de armamento le causó intriga. Por razones que él mismo desconocía, no poseía una «Materialización Espiritual». Su abuelo le había dicho una vez que la ausencia de la manifestación del alma era un caso inédito en la historia de las razas. De las deducciones que había escuchado, la teoría más probable era que su manifestación fuera tan independiente que existiera en otro lugar, lejos de él.
En todo caso, prefirió no mencionarlo. Si la Reina Demonio señalaba ese detalle, significaba que ella no sufría esa carencia.
—Sin ofender, Reina Demonio. Tengo mis propias armas. Que tú no las conozcas no significa que no existan. Pero agradezco el gesto. Uno nunca espera que su enemigo predestinado se preocupe por su equipamiento.
La Reina Demonio atrajo el arma con un simple gesto de su dedo, devolviéndola a su forma de broche. Asintió con gravedad, aceptando la decisión de su rival. Al principio, basándose en los informes de sus subordinados y las memorias de sus antecesoras, creyó que el Héroe aún no había despertado su verdadero potencial. Sin embargo, la seguridad tallada en la expresión de aquel joven le reveló su error.
«Al fin llegó el día... el día en que ya no necesito contenerme. He esperado demasiado en esta vida por esto», pensó, y una sonrisa que mezclaba desafío y melancolía cruzó su rostro.
Desde su nacimiento, jamás encontró a alguien capaz de llevarla al límite. Vivió su infancia, su ascenso al trono y su reinado sin enfrentar una amenaza que mereciera su respeto total. Fue solo al conocer el destino vinculado al Héroe que algo despertó en ella. El anhelo de un igual, de alguien que entrenaría con el único propósito de matarla, la llevó a limitarse a propósito, a esperar, deseando que el combate final no fuera una masacre, sino una experiencia que pusiera su alma en riesgo.
«Concluir nuestro ciclo es el destino que escogimos... Sería una desgracia para la existencia si esta batalla no se concreta. El mundo todavía es demasiado débil para soportar las consecuencias de un combate inconcluso», reflexionó con amargura.
La Reina recurrió a las memorias de sus vidas pasadas para blindar su corazón y cumplir su deber. Esos recuerdos le reafirmaron lo crucial del momento: prevenir el mismo cataclismo de hace diez mil años. Debía matar al Héroe o morir a sus manos. No podía desperdiciar el milagro que la diosa Génesis les otorgó. Ese tiempo limitado para que las nuevas generaciones tuvieran la fuerza para no depender de esta batalla para sobrevivir.
—Bien. Si lo prefieres así... ven. Es momento de terminar nuestro conflicto.
Elías asintió y caminó hacia la frontera.
El instante de liberarse de la carga —el título, el símbolo, el peso impuesto— se acercaba. Los murmullos furiosos y los insultos que el ejército aliado escupía a su espalda, lejos de herirlo, lo alegraban. Confirmaban que su partida no afectaría a nadie.
Excepto a Dasha.
Sabía que ella sentiría dolor... pero también sabía que comprendería. Ella, junto a la diosa Génesis, eran las únicas vivas que habían escuchado sus temores y su repudio al título de Héroe.
La Reina Demonio, en cambio, estaba intrigada por el veneno en las palabras de las distintas razas. Para ella, el Héroe siempre había sido una figura de adoración, un ídolo colocado en un pedestal, tal como ella lo era para los demonios. Jamás recibió informes sobre su recepción social, solo rastreos de su poder y crecimiento. Por eso, aquella hostilidad le parecía absurda. Más aún porque los rumores de que era débil eran falsos; sus propios Privilegiados habían confirmado su letalidad.
«Debe ser una estrategia humana para perturbar mi concentración... Es imposible que sientan ese desprecio genuino hacia un elegido por Génesis. En mis vidas anteriores, esta situación nunca sucedió», razonó con duda creciente. «Sí... eso debe ser. Desconocen mi Autoridad y mis habilidades. Seguro los mandos o la propia Erudita de las Estrellas dieron la orden de fingir discordia. Deben querer obtener esta vez las habilidades de mi Autoridad para que los futuros Héroes tengan esa información. Como siempre nos hemos alejado en nuestra batalla destinada, y esta depende de quien averigua primero las características de la Autoridad del otro para ganar, ese dato cambiaría el futuro.Debo mantenerme alerta».
Elías se detuvo a escasos metros de la Reina Demonio.
La miró a los ojos. Sintió el impulso vertiginoso de perderse en ellos, pero lo reprimió. En la mirada de ella no había desprecio. Había decisión. La forma honorable en que lo había tratado justo antes del combate le ganó su respeto. Y por eso, ella merecía recibir su decisión de frente.
—Recomiendo llevar la batalla muy lejos de nuestro universo... Tal vez a otro Piso, para no generar colapsos en este Piso —dijo la Reina, preparándose para liberar su poder.
—Lo siento por interrumpir —dijo Elías, con tono firme pero sin agresión. Su voz sonaba a despedida, pero también cargaba un aire de libertad—. Necesito decir algo antes de empezar.
—Bien... habla —respondió la Reina, extrañada. El Héroe actual se salía de todos los guiones establecidos en el pacto con la diosa Génesis y sus anteriores combates con él—. Considéralo tus últimas palabras.
—Gracias.
Elías tomó aire. Las palabras que deseaba decir se agolparon en su garganta, pesadas como piedras, pero necesarias. Miró a la mujer que el destino había marcado como su muerte, miró al ejército que lo despreciaba y al cielo falso que los cubría.
Luego de unos segundos eternos, proclamó:
—Renuncio.



#1144 en Fantasía
#1616 en Otros
#74 en Aventura

En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 14.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.