Elías descendió suavemente sobre la arena.
La vista lo dejó atónito. Durante sus años como Héroe había pisado las playas de incontables planetas en este y otros universos como dimensiones para explorar ruinas sumergidas en sus oceanos buscando materiales, reliquias y documentos antiguos. Pero jamás había visto una costa como esta.
Era una blancura impoluta, casi sagrada. El aire tenía un peso distinto: más sereno, más libre, cargado de un aroma atávico que parecía preceder a la propia historia.
—Increíble... Nunca pensé que un lugar así pudiera existir en este plano —murmuró.
Se agachó y dejó correr un puñado de arena entre sus dedos. El tacto era sedoso, cálido y único en su tipo.
—Esta arena es distinta. Se siente antigua. Y a la vez… familiar. ¿Por qué? Que yo recuerde, jamás he estado aquí ni en algún sitio parecido.
Desde niño, su abuelo lo había entrenado para leer el mundo sin depender de la alguna energia o su Autoridad. Le enseñó a escuchar la historia que susurraban las piedras y el viento. Ahora, privado de su omnipotencia, Elías recurrió a ese conocimiento básico. Convirtió su experiencia de aventurero en una lupa para desentrañar los secretos de la isla.
Se acercó a la orilla y se sumergió unos cuantos minutos. Al salir, sacudiéndose el agua salada, ya tenía una deducción insólita: los arrecifes y la flora marina de la zona tenían más de diez mil años de evolución ininterrumpida.
Era un descubrimiento aterrador. En la Ágaria actual, nada de la Era previa al Gran Cataclismo se conservaba en tal estado de pureza. No, era mejor decir que el ecosistema marino y terrerestre pertenecían a esa Era.
Otro dato inquietante era la política: la isla no aparecía en ningún registro. Su Autoridad, aunque dañada, le confirmaba que ninguna nación de la Alianza ni del Territorio Demoníaco había reclamado este suelo. No había mapas. No había banderas.
Elías recordó el impacto de la ola y conectó los puntos. Su estado debilitado no era solo cansancio; había chocado contra una barrera de nivel desconocido. Raro porque no se movió ni un milimetro por el impacto de la ola.
Al analizar todas las pruebas, los tipos de barrera se redujeron en gran manera. Existían una gran cantidad por sus propósitos, pero una de tal grado y que lo afecte de tal manera es muy especial. Sin embargo, el impacto no es lo importante, sino la función y las consecuencias.
«Si mi hipótesis es correcta, este lugar está protegido por un campo de rechazo absoluto. Cualquier criatura normal que intentara acercarse habría sido inducida a la inconsciencia para retirarse o desintegrada al instante. La reacción violenta que sufrí fue el mecanismo de defensa de la isla intentando expulsar a alguien de mi escala, que pueda afectar la conservacion de la isla y sus alrededores».
—Mejor lo investigo más tarde —decidió, sacudiendo la cabeza—. Lo prioritario es crear un refugio y estabilizarme. Puedo sentir cómo mi cuerpo y mi Autoridad empiezan a recalibrarse, pero sigo teniendo bloqueos masivos.Con un poco de recuperación, no sufrire tanto al usar mis energías y mi Autoridad. También podré planificar un régimen de entrenamiento para adaptarme a este cuerpo e investigar a mayor profundidad la isla.
Suspiró, mirando al cielo despejado.
—Por suerte, el abuelo y Alfred me enseñaron a sobrevivir en la nada sin depender de poderes. Les deberé una botella del mejor licor si logro salir de esta isla y visitar sus tumbas.
Usó una pizca de magia de viento para secarse la ropa. Al ver ondear su capa roja, sintió una repentina opresión en el pecho. Le habían dicho que el Héroe debía llevar capa; era un símbolo distintivo.Algo que para él representaba una desventaja en combate.
Con un movimiento brusco, se desabrochó la prenda y la arrojó a la arena.
Sintió como si una cadena invisible se hubiera roto. Respiró hondo, llenando sus pulmones de aire propio, no del aire que el mundo le permitía respirar.
Una vez seco, se quitó las botas. Optó por caminar descalzo para sentir las vibraciones del suelo con mayor precisión; mientras menos utilizara sus poderes degradados, más dependería de sus sentidos físicos. Ademas, probar la detección de su Autoridad y competir con esto, comprobaria mejor las limitaciones actuales de una de sus pasivas.
Comenzó la recolección. Necesitaba conchas afiladas, ramas y madera seca para fabricar herramientas básicas. Mientras peinaba la playa, su Autoridad —funcionando a media máquina— le permitió identificar y guardar en su Sello de Alma varios especímenes raros que encontraba en las pozas de marea: Cangrejos Sierra, Peces de Cuarzo Morado, Almejas Gigantes, Langostas de Pinza Rubí, Erizos de Mar y Tortugas de Caparazón Venenoso.
Por desgracia, no había ni conchas ni ramas en su recorrido. Las necesitaba para fabricar hachas y otros artículos útiles para construir su casa. Ahora debía improvisar con sus provisiones obtenidas y las que conservaba en su sello de almacenamiento en el alma. No quería desperdiciar lo último tan rápido, pero no podía ser tacaño y pagar las consecuencias después.
«Todas son criaturas extintas en el continente. He leído sobre en libros escritos hace dos mil años», pensó, fascinado.
Por desgracia, en su recorrido no encontró con hasta y la madera fue poca . No había suficientes ramas de calidad para un refugio sólido, así que tendría que improvisar con lo que tenía almacenado en su Sello de Alma. No quería gastar sus provisiones tan rápido, pero la tacañería se pagaba cara en la supervivencia y no estaba para recibir las consecuencias.
Mientras trabajaba, analizó los datos que su Autoridad le arrojaba con intermitencia:
Primero: el **Escaneo**. Las habilidades pasivas de detección funcionaban bien, se comparaban con las suyas, y desglosaba la información de todo como siempre. El problema ocurría cuando sobrepasado un radio de cien metros a su alrededor. Las información comenzaba a saturarse y centrarse en los detalles mas importantes, arrojando menos información de los menos relevantes. Si forzaba el rango y corregia esos defectos, se acercaba peligrosamente a su límite y esa no era la idea.
Segundo: la Corrupción en su propia informacion que arrojo la Autoridad. La información sobre su propio estado aparecía distorsionada, llena de ruido estático y datos in legibles. En situaciones normales, esto solo ocurría al enfrentar a las amenazas reales del Mar Primordial o a los cultos pertenecientes al Culto del Pozo Profundo. No obstante, con los primeros tenia que adaptarse para ver la información y a los segundos solo ocurría momentáneamente por la protección que les daba el Mar Primordial. Que su propia Autoridad estuviera tan dañada era una señal de alarma.
Y tercero... lo más importante.
Elías se detuvo en seco frente a una duna baja.
«Tal parece que no es una isla deshabitada».
Frente a él, casi borradas por el viento, había huellas.
«Pasaron por aquí hace unas dos horas... Mi Autoridad me muestra la física del rastro, sus acciones y capacidades pero no la especie. Eso reduce las posibilidades, pero sigue siendo un misterio. Por lo que veo borrosamente en la energía residual, no parecen hostiles... Aunque ese no es el mayor problema».
Un sitio aislado del tiempo, protegido por una barrera capaz de frenar a un Héroe y habitado por una civilización perdida. Su niño interior, el que siempre soñó con aventuras antes de que la guerra lo consumiera, dio un salto de emoción. Pero Elías lo calmó de inmediato. Una civilización resguardada por tanto tiempo, con una conexión familiar que siente y con un tiempo mayor al inicio de la Nueva Era son elementos que no le gustaban por sus implicaciones.
«Tengo que mantener la cabeza fría. Matarme por teorías que no puedo probar sería estúpido. Mejor espero a que regresen o sigo el rastro con precaución.Probar mis teórias de pronto con mis limitaciones será muy desfavorable.».
Sabía que, en condiciones óptimas, bastaría un chasquido de sus dedos para que las habilidades semi-pasivas de su Autoridad le revelaran toda la historia de la isla, la ubicación de sus habitantes y sus secretos más oscuros. Lo había hecho mil veces en múltiples mundos, universos, planos y Pisos para desentrañar conspiraciones, detectar mazmorras ocultas, encontrar monstruos invisibles, ubicar miembros de cada culto del Culto del Pozo Profundo y otras tareas similares.
Pero ahora, intentar una hazaña de esa escala podría causarle un colapso físico o, peor aún, provocar una explosión de energía que mataría a todo ser vivo en la isla.
La ignorancia, por ahora, era su único escudo para no dañar a nadie.