El Destino del Héroe

Capitulo 10

Elías regresó al punto donde había dejado sus botas. Al calzárselas, notó que la capa roja ya no estaba. El viento se la había llevado.
No le importó. Si la hubiese tejido Dasha, la habría conservado como un recuerdo amargo pero hermoso de su viaje; pero aquella tela era solo un símbolo de la Alianza, una representación de sus fallos. Esperaba que le sirviera a quien la encontrara y se convirtiera en algo mas que un remordimiento, o que el mar se la tragara para siempre.
Usando lianas y hojas de palmera que recolectó en el linde del bosque —donde la vegetación comenzaba a espesarse—, tejió una hamaca rudimentaria. La amarró entre dos troncos robustos, asegurándose de tener una vía de escape rápida. Su plan era descansar algunos minutos, pero manteniendo activos sus instintos y su Autoridad en segundo plano. Después de todo, para los habitantes de la isla, él era una anomalía y lo podrían considerar hostil. Además, no sabia si habían Monstruos por los alrededores.Y mantener su cuerpo en reposo pero alerta incrementará el tiempo de estabilidad residual en el cuerpo.
Se recostó y soltó un suspiro que pareció vaciarle los pulmones.
El sonido rítmico de las olas. El aire cálido, tan distinto al fuego del desierto. La brisa suave como brisa de verano.
La sensación de no tener que hacer nada lo abrumó. El peso del título de Héroe lo había sofocado cada segundo de su vida consciente cuando le dieron el titulo. Y la pérdida de Alfred, sumada al fracaso de su promesa con María y los hermanos de ella, habían sido las piedras que lo hundieron en ese mar de obligaciones. Todo para olvidarse por un segundo sus errores y perdidas.
«No ha pasado ni un día… y ya me siento extrañamente vivo. Al final yo tenía razón, María: el título de Héroe es una maldición. Ojalá estuvieras aquí para ver que por fin lo entenderlo, conmigo».
La nostalgia lo golpeó con la fuerza de un martillo. La muerte de María y los otros chicos del experimento fue un golpe tan devastador como la pérdida de su abuelo y Alfred. El dolor de aquel día fue lo único capaz de romper su código moral por completo. La venganza que ejecutó contra los científicos y el Culto del Pozo Profundo fue tan atroz que incluso la diosa Génesis tuvo que descender para consolarlo cuando la sangre dejó de correr y el vacio que quedaba al final de una venganza cayo.
«Desearía que estuvieran vivos. Merecían ser felices, no ratas de laboratorio manipuladas por esos desgraciados. Fallé en protegerlos. Les prometí una vida normal, lejos del dolor de los experimentos y solo les di una muerte prematura. Lo siento».
De pronto, la barrera se rompió. Elías se cubrió el rostro con el antebrazo, intentando reprimir el llanto, pero fue inútil. Las lágrimas, contenidas desde el día que lloró en brazos de Dasha y de la diosa, brotaron sin control.
Libre de la presión de los ejércitos. Libre de la mirada crítica de la Alianza. Libre de la necesidad de ser invulnerable. Libre de estar al nivel de su titulo Por fin, pudo romperse.
«¡Lo siento! ¡Por mi culpa murieron! ¡Si yo no hubiera existido en esta época, nadie habría tenido la necesidad de crear "reemplazos"! ¡María, chicos... mi existencia fue la que los condenó!. ¡Siento mucho que les provocará tanto dolor y sufrimiento! Mi existencia es una maldicion que nunca tuvo que existir».
La culpa mutó en una furia fría y silenciosa, similar a aquel mes de venganza. Odio contra los científicos. Odio contra el Culto. Pero, sobre todo, odio contra sí mismo. Por ser el Héroe. Por ser tan absurdamente fuerte que, sin importar cuánto avanzaran los experimentos del "Héroe Artificial", nunca pudieron siquiera rozar su sombra. Su propia perfección había sido la sentencia de muerte de ellos.
« Fui débil. Mi voluntad y esfuerzo no fueron suficientes. Tenía el poder para cambiar todo, y no falle ¡Si hubiera llegado a tiempo, vivirían sus vidas en libertad! ¡En verdad, lo siento! ¡ Mi inútil corazon y compasión se interpusieron cuando no eran necesarios»
Elías se desahogó durante una hora. Gritó en el silencio de su mente cada arrepentimiento, llorando por los mundos que no salvó y, especialmente, por los amigos que no pudo proteger. Sabía que esto no bastaría para sanar, pero viviría con esa culpa hasta alcanzar la paz de la que tanto hablaban su abuelo y Alfred.
—Es extraño… estoy exhausto. Ni el entrenamiento infernal de mis maestros, ni el tiempo en las mazmorras, ni contra aquellos seres y mi venganza me dejaron así —susurró, con los párpados pesados.
El agotamiento emocional, sumado al drenaje constante de la isla, le pasó factura.
—Voy a dormir un rato… En serio… cuánto necesitaba esto.
Elías cayó rendido.
Soñó con su niñez. Vio la granja, el sol brillando sobre los campos y a su abuelo sonriendo. Revivió los consejos, los momentos donde el mundo parecía un lugar luminoso a pesar de los monstruos. Recordó el último día de vida de su abuelo, aquel combate de entrenamiento en su cumpleaños que terminó en tragedia, con la muerte del anciano sin que Elías lograra conectarle un solo golpe.
De pronto, el sueño cambió.
La tumba de su abuelo se transformó en una ciudad bañada en llamas y sangre.
Elías se sintió confundido. Había visto muchas ciudades arder: por demonios, por colapsos de mazmorras, por monstruos, por guerras civiles. Pero este sitio... le provocaba un dolor visceral, antiguo. Nada de lo que veía le resultaba conocido arquitectónicamente y, aun así, la imagen de los cuerpos calcinados lo destrozaba más que cualquier masacre reciente.
Un hormigueo gélido le recorrió la espalda. Miedo. Un terror primitivo y paralizante.
Su mente gritaba «¡Corre!», pero su cuerpo onírico estaba clavado al suelo. Y aun si lo intentara… sentía que el ser podía matarlo antes de moverse. La entidad que provocaba esa sensación exudaba un aura que negaba la vida misma.
«Sé que es un sueño… entonces, ¿por qué temo morir? No, este sentimiento, esta presencia ya la he sentido. No deberia temer, he vencido peores monstruos del mismo tipo.¿ Sera un recuerdo de una vida pasada ?».
Había enfrentado monstruos y Autoridades que atacaban los sueños y la mente, pero ninguna lo había hecho sentir tan... pequeño. Era el miedo de alguien que aún no conoce su propia fuerza. El miedo de una presa. La única conclusión era que fueran recuerdos de alguna vida pasada.Nunca pudo acceder a estos, porque surgía un bloqueo que le negaba recorrerlo.
« Me recuerda las veces que fui presa de monstruos en mi niñez… No. Es mil veces peor. Seguro no tenia experiencia de combate con monstruos. Este temor es de alguien que no ha experimentado la muerte. »
En el sueño, giró el rostro lentamente hacia la fuente del terror.
Su corazón se disparó.
Era una sombra con forma canina. Gigantesca. Tenía cuatro ojos rojos que ardían con malicia y un aura capaz de corromper la realidad con su mera presencia. Lo peor era la certeza instintiva: aquel ser no tenía nada de peligroso en comparacion con los monstruos que arrasaban la ciudad. Aquello era una simple fuerza comandada por monstruos aun mas poderosos.
«Un Monstruo Corrupto», dedujo su mente analítica, incluso dentro de la pesadilla. « ¿ Porque una criatura de tal calibre estaria en una ciudad que se ven grande? ¿ Donde estan las fuerzas de la ciudad? ».
Los monstruos corruptos son una creacion especial del Mar Primordial con evoluciones peligrosas. No eran los típicos Monstruos, estos poseían energia del Mar Primordial y son una gran amenaza. Eran conocidos como la extensión de la voluntad de Mar Primordial y sus heraldos. De hecho, los monstruos en las Mazmorras y las mazmorras mismas eran creados por el Mar Primordial como recursos para el nacimiento de estos seres.
La bestia abrió las fauces para devorarlo...
Elías despertó de golpe.
Saltó de la hamaca con un movimiento instintivo, rodando por la arena, sudoroso y con el corazón martilleando contra las costillas.
Thwack. Thwack. Thwack.
Tres flechas se clavaron en la hamaca, justo en el lugar donde había estado sus pulmones y su corazón hace un segundo.
Elías se incorporó, levantando las manos con calma, mostrando las palmas vacías. Gracias a sus sentidos agudizados por la adrenalina y a su Autoridad residual, detectó doce presencias rodeándolo. Sus firmas de energía eran similares —aunque más puras— a las de los semi-humanos del continente.
«Qué día tan problemático... Espero que no continúe así. Yo solo pedí una vida tranquila, no una secuela de mis aventuras. Ya estoy agotado de tantas emociones».
Suspiró con resignación. Miró al cielo y abrió los ojos, no para ver, sino para sentir. Notó cómo parte de la energía que había recuperado durante la siesta era arrastrada violentamente hacia el centro de la isla.
Comprendió entonces la naturaleza de su debilidad: él estaba alimentando la barrera. Su propia fuerza era el combustible que protegía este lugar. Y aunque dudaba que solo sirviera para ello, por el golpe que sufrió su cuerpo y poderes, no tenia tiempo de analizarlo.
—¿Es en serio…? —murmuró, por como se complicaba su nueva vida—. Parece que hoy es mi día de mala suerte.



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 14.03.2026

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