El silencio se extendió entre la playa y el bosque, solo interrumpido por el ritmo hipnótico de las olas y el canto lejano de las aves. La calma aparente de Elías, vulnerable bajo el sol, contrastaba con la tensión eléctrica que emanaba de la espesura, donde hasta los insectos habían callado. Era una clara señal de que lo estaban cazando.
—Disculpen la intrusión. No busco problemas —dijo Elías, acompañando sus palabras con gestos lentos y universales, anticipando una posible barrera idiomática—. Acabo de llegar tras un... incidente con la barrera. Por suerte, el mar me arrastró hasta aquí.
Hizo una pausa, evaluando las posiciones de sus vigilantes entre los árboles con sus sentidos y Autoridad.
—Si no es mucha molestia, agradecería que me indicaran cómo salir o dónde encontrar un sitio aislado para vivir. Por supuesto… pagaré por esa ayuda de una forma que nos beneficie a ambos. Si no es mucha molestia.
Guardó silencio. Mantuvo la postura relajada, sin delatar que su Autoridad ya había triangulado la ubicación exacta de cada arquero. Desconocía el propósito de la barrera, pero su mera existencia y le daño hacia él indicaba que protegía algo valioso. Demostrar habilidades de detección ahora solo lo convertiría en una amenaza inminente. Además, el hecho de que no hubieran disparado a matar —las flechas apuntaban a extremidades, no a órganos vitales— sugería que ellos tampoco deseaban un baño de sangre.
Entonces, una voz respondió desde la espesura.
—Ya veo. Así que las leyendas de tu llegada eran ciertas. Debes ser el Héroe. Llegaste en el tiempo predicho, aunque no esperaba que el mar te escupiera en nuestro territorio. Debe ser el destino.
Elías retrocedió, sorprendido. No esperaba que ellos conocieran el título del Héroe. La barrera era tan poderosa que no muchos podrían sobrevivirla, mucho menos llegar a salvo hasta la isla. Que alguien lo lograra… que hablase del Héroe… y no regresara al continente para informar el descubrimiento de la isla… era inquietante.
Elías dio un paso atrás, genuinamente sorprendido. No esperaba que ellos conocieran el título del Héroe. La barrera de la isla era tan letal que pocos podrían sobrevivirla; que alguien allí conociera su título y hablara con tanta naturalidad resultaba inquietante. Porque nadie del continente tenia pleno conocimiento de esta isla.
—¿Cómo sabes que soy el Héroe? —preguntó, tensando los músculos—. Podría ser otra persona. ¿No temen que finja serlo para aprovecharme de ustedes?
—¿Otra persona? Eso es imposible —replicó la voz con una certeza absoluta—. La barrera desintegraría la existencia de cualquiera que no fuera el Héroe… o la Reina Demonio. Ni siquiera los habitantes de estas islas podemos salir.
—¡Un momento! ¿¡Dijiste la Reina Demonio!?
—¿Eh? Sí. ¿Acaso no lo sabías? —La voz masculina sonó desconcertada—. Ninguno de los dos contó jamás la razón exacta, pero siempre se dijo que… parte de sus memorias pasadas regresaban antes de venir aquí. Que este lugar los ayudaba a soportar la culpa y a cumplir una misión de la que nunca hablaron.
—¿Qué más sabes de nosotros? —insistió Elías, sintiendo un frío en el estómago que nada tenía que ver con la brisa marina.
La revelación sacudió los cimientos de lo que creía saber. La revelación desvelaba parte del misterio sobre la desaparición del Héroe y la Reina Demonio y respondía —en parte— a las sensaciones que este lugar le transmitía desde su llegada. Siempre pensó que el Héroe y la Reina Demonio eran elegidos aleatorios de cada generación, vinculados solo por el poder de Génesis o del Mar Primordial. Pero si lo que decía aquel extraño era cierto... implicaba un ciclo de reencarnación. Significaba que él y ella estaban condenados a encontrarse, matarse y renacer para repetir la guerra eternamente.
«Siempre creímos que el Héroe y la Reina Demonio de cada generación no tenían vínculos, más allá de recibir poder de Génesis o del Mar Primordial. Que un humano y una demonio recibian sus titulos porque ambas fuerzas veian alguien capaz de llegar a la altura. Pero si esto es cierto… entonces ella y yo hemos reencarnado para continuar una guerra sin fin. El título de Héroe… y el de Reina Demonio… serían una maldición que trasciende la vida y la muerte. No… no puede ser. Debo haber malinterpretado sus palabras. No sacaré conclusiones precipitadas sin datos sólidos, o me volveré loco».
—¿Estás bien, Héroe? Te has puesto pálido.
—No te preocupes. Solo fue… mucha información de golpe —Elías negó con las manos, intentando disipar la angustia—. Y no me llames Héroe. Llámame Elías.
—De acuerdo, Elías. Ya que estás aquí, ¿quieres ocupar la antigua residencia del Héroe? No está dentro de nuestro territorio, pero podemos contactar con la capital para que envíen a alguien para que te escolten.
—¡No! —respondió con firmeza, alzando las manos al percibir un pico de hostilidad en una de las presencias ocultas; una joven lista para disparar. Los sentimientos negativos que percibia en ella le advirtieron que un momento equivocado y lo atacara—. No quiero vivir en el pasado. Quiero empezar de cero. Lo siento si los incomodé, solo busco una vida pacífica.
—Descuida. Una situación como esta no es común, estamos todos algo tensos —rio la voz, suavizándose—. Esperamos que puedas cooperar con nosotros para no alertar a los demás. No solemos recibir visitas.
—Comprendo.
Ante sus ojos, el aire tremoló. El grupo desactivó su habilidad innata de camuflaje y diez figuras se materializaron en las ramas de los arboles: cinco hombres y cinco mujeres, todos con arcos tensados.
Elías corroboró lo que su Autoridad le había susurrado: eran Demi-humanos de la raza Panther Chameleon.
«Sé que este lugar ha estado oculto durante diez mil años… pero nunca imaginé encontrar un linaje tan puro. Sera que aqui hay una mayor poblacion de Demihumanos en cada especie que Semihumanos?»».
En el continente, durante milenios, el cruce entre especies había diluido la sangre antigua; los Semi-humanos superaban en número a los Demi-humanos por un margen amplio. La gran diversas de especies, sumada a la de distintos universos, provoco que hubiera tres Demihumanos por cada diez Semihumanos. De no ser porque la tradición de cada tribu exigía mantener la línea familiar pura con una misma especie por al menos cinco generaciones, los Demi-humanos habrían desaparecido. Y aunque existía la probabilidad de que naciera uno por azar, ninguna tribu se alzó contra los matrimonios interespecie. Ver a un grupo con rasgos tan definidos y habilidades de camuflaje tan perfectas era como ver a un dinosaurio vivo.
«Dudo que sean la única especie en la isla. ¿Cómo mantuvieron sus raíces intactas? ¿Estarán divididos por territorios o la diversidad se concentra en zonas mas pobladas?», reflexionó, fascinado a pesar del peligro. «Bueno, no es mi deber investigarlo. No soy historiador. Ya tengo suficientes problemas. Además, seguro estoy sobrepensando las cosas y habrá algunos Semihumanos en la tribu».
Centró su atención en el hombre de mayor edad. Su aura denotaba liderazgo y, a diferencia de la joven hostil, él analizaba la situación con una imparcialidad fría. Hablar con él le facilitaría la recopilación de información y descubrir porque tuvo esa perdida en sus habilidades.Tambien, esta isla resultaba ser el mejor sitio para iniciar su nueva vida.
—¡Vaya, pareces sorprendido! —comentó el líder, notando el escrutinio de Elías—. ¿Acaso ya no existen los Demi-Humanos de mi especie allá afuera?
—No, aún hay muchos. Pero… es raro que hayan mantenido sus raíces tan puras. Los matrimonios interespecie son la norma en el continente.
—Muy interesante. El penúltimo Héroe y la última Reina Demonio comentaron lo mismo —murmuró el hombre, acariciando su barbilla con su cola escamosa—. Deberías visitar a la Raza Pulpo un día de estos; a ellos les encanta recopilar información, tal vez obtengas respuestas.
—No tengo interés por el momento. Como dije: quiero dejar el pasado atrás.
El tema no despertó ninguna chispa en él. Deseaba conseguir una vida normal antes de aprender mas de la isla y su conexion con la Reina Demonio y él. Aunque sabía que a cierta erudita en el continente le habría fascinado este lugar —los secretos del cataclismo, el desarrollo de los habitantes de la isla en comparación al exterior y la historia perdida la habrían vuelto loca de emoción—, Elías solo quería paz.
—Por cierto… ¿cómo te llamas? Me gustaría saber quién me da la bienvenida.
El anciano sonrió, bajando finalmente el arco.
—Mis disculpas, olvidé los modales. Yo soy Raf, el actual líder de la tribu Panther Chameleon. Bienvenido a la isla de Edén.