Elías caminaba en silencio, reflexionando sobre sus futuros pasos. Al observar la espesura del bosque, su mirada se cruzó con una de las exploradoras del grupo y reparó en su vestimenta. El diseño desafiaba la lógica de su entorno, y la curiosidad pudo más que la prudencia.
—Disculpen la curiosidad, pero ¿qué tipo de tela llevan puesta? —preguntó—. Que yo recuerde, las tribus Chameleon aman experimentar el sol y el viento directamente sobre la piel; por eso suelen habitar zonas áridas. Si ustedes viven en estas tierras boscosas y sombrías, ¿no es contraproducente llevar ropa tan reveladora?
—Ah, eso. Verás, usamos Seda de Arcoíris —respondió la chica, tocando el tejido brillante que cubría su torso—. En la aldea tenemos una granja de Gusanos Multicolores. Criar, tejer y comerciar esta seda es una de las cosas que nos distingue del resto de las tribus Chameleon.
—¿En serio? Qué interesante —comentó Elías, genuinamente sorprendido—. Pensé que usarían fibras animales o de monstruos de zonas volcánicas, que produzcan calor para compensar el frío nocturno y la temperatura de este hábitat. Afuera, la tribu Panther Chameleon teje sus ropas con telarañas de araña volcánica.
—Ese tipo de materiales son buenas, sí. De hecho, las usamos para ciertas actividades pesadas o cuando entramos a cierto tipo de mazmorras —explicó la joven, ajustando su top—. Pero el problema es que la seda de araña ni otro material en esa zonas retiene el calor ambiental durante la noche. Nosotros amamos sentir el calor del sol en todo momento, es una obsesión biológica. Por algo tenemos ropa corta. La Seda de Arcoíris absorbe los rayos solares durante el día y los encapsula en su temperatura máxima por largos periodos. Como el proceso de tejido es muy lento, confeccionamos prendas pequeñas, solo para cubrir lo esencial. Terminó siendo una ventaja para nuestra movilidad y camuflaje.
Elías asintió, asombrado por el ingenio de la evolución aislada. La tribu Panther Chameleon, como cualquier tribu Chameleon, valoraban profundamente el calor del sol. Su deseo por conservar esa sensación incluso en la noche los llevó a experimentar con diferentes tejidos y materiales. Ver que esa obsesión los llevo a descubrir la seda del gusano multicolor era algo lógico. Se imaginaba como reaccionarian todas las tribus Chameleon del continente al conocer esta Seda y sus propiedades.
—Tienen mucha suerte de vivir aquí. Leí en un libro antiguo que el Gusano Multicolor se extinguió hace mil años en el continente, durante una guerra devastadora entre los demonios y la Alianza. Han intentado buscar ejemplares en otros Pisos sin éxito.
—¡¿En serio?! —La chica abrió los ojos de par en par—. ¿De qué clase de mundo de pesadilla vienes? No me imagino vivir sin estas vestimentas.
—De uno muy grande, muy extenso y muy problemático —sonrió Elías con amargura.
—Suena fascinante. Deberías contarnos algunas historias esta noche —intervino un chico del grupo, caminando hacia atrás para mirarlo—. Me encantaría saber la situación actual de los demás Chameleon. El último Héroe que llegó antes que tu contaba en la capital que vivían cerca de un desierto con mazmorras perfectas para nuestro estilo de vida.
—Hermano, ¿por qué lo interrogas ahora? Deja que se acostumbre a la tribu primero —lo regañó Erit, su hermana, dándole un codazo.
—No tiene nada de malo, Erit, es una pregunta inofensiva...
—Eso no quita que sea muy directo.
—No me molesta —los interrumpió Elías con una sonrisa afable, cortando la incipiente discusión fraterna—. Estaré encantado de contarles historias del exterior como tambien el estado actual de las tribus Chameleon. A cambio, espero que me enseñen cómo viven aquí con exigencias con el calor. Aunque, para responderles con precisión, primero tendré que entender bien sus costumbres y tradiciones.
Unos pasos más adelante, Raf escuchaba la interacción con una sonrisa nostálgica.
A pesar de haber percibido una tormenta interna en los ojos del forastero, el anciano líder notaba que aquel joven superaba con creces sus expectativas. Era diplomático, humilde y poseía un aura de paciencia infinita. Tal vez hasta incluso ayudaría a Fanet en el largo viaje que planeaba hacer al convertirse en adulta.
«La llegada de este muchacho cambiará las cosas en la aldea, tal como los Héroes y Reinas Demonio anteriores cambiaron la isla», pensó Raf, acariciando su menton. «Y si esta vez no ocurre igual... no me importa. Solo espero que sea capaz de ayudar a mi nieta. Necesito que ella entienda que consumirse por el rencor terminará matándola. Algo que no deseo».
Raf giró la cabeza discretamente hacia Fanet.
La joven marchaba con el ceño fruncido y los puños apretados, irradiando furia. El anciano suspiró. Esperaba que descubrir la verdadera identidad del forastero apaciguara a su única nieta —después de todo, ella admiraba las leyendas del Héroe desde niña—, pero la realidad era mucho más compleja.
«Retiro lo dicho. Será muy complicado que la ayude. Cuando Fanet se enoja, cuesta un mundo apagar ese incendio. ¿Por qué tuvo que heredar tu temperamento, hijo?».
A espaldas de su abuelo, Fanet hervía de indignación. Estaba furiosa por la doble moral del líder. Le resultaba profundamente injusto que a un total desconocido —incluso si llevaba el título de Héroe y no pertenecia a la isla— se le abrieran las puertas de la aldea, mientras a ella se le negaba la oportunidad de realizar la Prueba de Madurez antes de tiempo. Entendía que la figura del Héroe tenía historia en toda la isla —ella misma había oído de él por boca de sus padres y sus abuelos— pero eso no significaba que fuera inofensivo. Admiraba a la figura, pero no desea que viva en la Tribu.
«El abuelo es un hipócrita», pensó la chica, clavando las uñas en sus palmas. «Deja entrar a un extranjero, pero me prohíbe a mí dar el paso. Ya es la centésima vez que autoriza algo de nivel superior y me deja al margen. No lo soporto más. Cuando llegue el día, le probaré que ya no soy una niña. Completaré la prueba con honores, ganaré el suficiente prestigio para participarar en el Festival Solar y le demostraré que puedo encontrarlo a él».
Unos minutos más tarde, el denso follaje comenzó a ceder.
El grupo salió del bosque y llegó a una extensa zona abierta, protegida por una muralla natural de árboles. A unos doscientos metros se erguía la aldea de la tribu Panther Chameleon.
Era un espectáculo arquitectónico deslumbrante: las casas estaban construidas con hojas de otoño eternas, pilares de madera volcánica negra y amplios ventanales de vidrio de arena solar que destellaban bajo la luz del día.
La presencia de Elías no pasó desapercibida.
Los aldeanos detuvieron sus labores, girando sus cabezas con movimientos casi robóticos para clavar sus ojos negros en el forastero. Las reglas eran estrictas: ningún extranjero tenía permitido pisar su territorio. Los únicos humanos de la isla residían en el dominio del clan Kitsune, cerca del centro de Edén, y nunca viajaban hasta esa periferia. La única excepción registrada en sus anales históricos era un Héroe que los visitó hace mil años.
—Es un humano... —murmuró una mujer mientras tendía ropa de arcoíris—. Se parece a la figura de las pinturas en la sala del consejo. ¿Quién será?
—No lo sé, querida. Pero el líder viene con él. Sabes que Raf no dejaría entrar a cualquiera —le susurró un tejedor a su lado, bajando la voz—. Después de aquel incidente, cerró todas las fronteras e incluso limitó el comercio con otras tribus. No ha permitido la entrada de nadie en doce años.
Las habladurías se propagaron como fuego sobre pólvora seca.
Los más cercanos al líder recordaban perfectamente la tragedia de hace doce años y el aislamiento que le siguió. Si Raf, el hombre que había tomado medidas tan drásticas en el pasado, ahora escoltaba a un humano hacia el corazón de su hogar, significaba una de dos cosas: o esa persona era lo suficientemente importante como para desafiar la ley, o representaba un peligro.
Fuera cual fuera la razón, la aldea se dividió en silencio. Algunos acatarían la decisión del líder con fe ciega. Otros, con las cicatrices del pasado aún latiendo, ya estaban buscando la forma de echar al forastero lo más rápido posible, sin iniciar una guerra abierta contra Raf.