El Destino del Héroe

Capitulo 14

Raf emitió un silbido agudo y vibrante que resonó por todos los rincones de la aldea. Convocar a la tribu era vital para presentar al forastero y evitar que la paranoia terminara en un conflicto innecesario. Además, necesitaba que algunos se ofrecieran a ayudarlo mientras se adaptaba a sus costumbres, labores matutinas y lo ayudaran a tejer lazos con la comunidad.
En cuestión de segundos, la entrada de la aldea se llenó de vida. Raf pasó lista mentalmente: notó la ausencia de su hija Faram, Orelia y de Rubí, la alquimista. Entendia que su hija se concentrada en el cuidado de la granja y Rubí estuviera encerrada en su taller de alquimia, como siempre, pero Orelia no debería de estar ocupada . Tuvo que tragarse la frustración con esta ultima; él mismo le había dado carta blanca para hacer lo que deseara, así que no podía quejarse. Por otro lado, sus sentidos captaron al Escuadrón Silent oculto entre las sombras de los tejados. El anciano agradeció en silencio la disciplina de sus tropas de élite: estaban analizando al objetivo en lugar de atacarlo a ciegas. Aunque sabía que, más tarde, ellos serían los más difíciles de convencer sobre la estadía del joven, excepto por uno o dos.
—Buenas tardes, mis queridos compañeros. Siento interrumpir sus tareas —anunció el líder con voz firme pero afable—. Los he reunido para presentarles a un nuevo miembro.
Raf empujó con gentileza a Elías hacia el frente.
—Él es nuestro invitado, Elías. Viene del exterior de la barrera y busca una vida más pacífica entre nosotros. Espero que puedan ayudarlo a adaptarse y le muestren la calidez de nuestras costumbres.
Elías sintió el leve empujón en la espalda y dio un paso al frente. Nervioso por las decenas de miradas expectantes, y muy consciente de las emociones negativas que emanaban, sobre todo por algunas muy intensas y exageradas de algunos de un pequeño sector, buscó apoyo en el anciano. Raf le respondió con un leve asentimiento.
Elías inspiró hondo. Tenía que mostrarse firme; la primera impresión marcaría su estadía y la forma como sería visto por todos.
—Buenas tardes, tribu Panther Chameleon. Mi nombre es Elías Beaumont. Como mencionó su líder, vengo del exterior y busco una vida hogareña y tranquila. Espero llevarme bien con todos ustedes y que podamos trabajar juntos. Si tienen alguna pregunta, estaré encantado de responderla.
Un silencio sepulcral cayó sobre la plaza.
Nadie parpadeaba. Elías se maldijo internamente. Fue demasiado formar y rígido. Arruinar la presentación dificultaría de ahora en adelante las relaciones. Ahora tendría que esforzarse el doble para ganarse su confianza, e incluso dudó si debía revelar su título de Héroe para que le creyeran que venía del exterior.
No obstante, una avalancha frenética de voces lo sacó de sus pensamientos.
—¡¿Vienes del exterior?! ¡¿Es cierto que hay islas más grandes que la nuestra?!
—¡¿Tienes libros guardados en tus sellos?!¡Escuché que hay obras que calientan el cuerpo con magia! ¡Leí en un periódico que en la capital habían libros que la Reina Demonio trajo que contenían universos infinitos!
— Si vienes del exterior, debes ser el Héroe
Escuche los relatos que hablan de tu fuerza. ¿Qué tal un combate amistoso un día?
—¡¿Qué tipo de chica te gusta?!
—¡¿Trajiste mapas del mundo exterior?! ¡Quiero ver qué ha cambiado desde el último mapa que dejó la Reina Demonio!
Elías parpadeó, completamente abrumado. Jamás en su vida, ni siquiera en las capitales más devotas de la Alianza, la gente se le había acercado con una curiosidad tan pura y positiva. La absurda escena lo obligó a sonreír involuntariamente. Trató de alzar las manos para calmar el torrente de preguntas y responder con orden. Saber que su estatus de Héroe generaba fascinación en la mayoría —en lugar del repudio que había sentido antes— lo tranquilizó. No le gustaba usar el titulo que abandonó, pero no le quedaba de otra. Reducir la negatividad que percibia en la mayoría y confundir al grupo con mayor negatividad, disminuian un conflicto que no deseaba provocar.
—Deténganse, por favor —intervino Raf, alzando la voz con una sonrisa—. Están abrumando a nuestro invitado. Sé que tienen muchas preguntas, pero guárdenlas para la fogata de esta noche. Recuerden que aún hay trabajo por hacer.
—Je, je, disculpe, líder —rio una mujer rodeada por una veintena de niños—. Ha pasado mucho tiempo desde el último visitante. Quería que mis alumnos escucharan alguna historia del exterior. Vamos, chicos, volvamos a clase. Aún deben practicar la magia de décimo grado.
—¡Sí, maestra! —gritaron los niños al unísono—. ¡Hasta luego, señor humano!
Elías se despidió de los niños agitando la mano. También saludó a la maestra y a los otros habitantes que devolvieron el gesto. Observó cómo la multitud comenzaba a dispersarse hacia sus quehaceres, pero su sonrisa flaqueó al notar que Fanet se retiraba dándole la espalda de forma áspera. La hostilidad de esa chica, y de los pocos que la rodeaban, era evidente.
«Caminar con ella será como pisar una cuerda floja», suspiró con resignación. «Esperaba convencerla con mi presentación, pero parece que la irrité más. Esa chica va a complicarme mi estadía pacífica. Qué pereza… Solo espero que no sea tan terca como María. Si se parecen, tendre un inicio largo y difícil...Al menos logré una buena impresión general; habría sido una tortura que toda la tribu me recibiera así. Aunque me sigue intrigando ese odio visceral hacia los forasteros. Parece común en la mayoría de la tribu, con excepción de los niños».
—¿Qué opinas de mi tribu? —preguntó Raf, retomando la marcha a su lado.
—Son muy alegres. Imagino que disfrutan las fiestas tanto como los Panther Chameleon del continente. Es un lugar... cálido. Ideal para una vida pacífica.
—Me alegra que pienses así, de lo contrario, adaptarte te costaría la vida —sonrió el anciano—. Pensé que el entusiasmo tribal te agobiaría, pero te veo cómodo.
—La energía aquí es distinta, más honesta que ciudades o las grandes capitales. Me gusta.
—Solo hay un detalle: las celebraciones nocturnas de ciertos días del mes pueden ser intensas. Siempre las hacemos en el claro más despejado y caluroso del territorio. ¿Crees que podrás soportarlo?
—Veremos cuando llegue el momento. Ustedes llevan el gusto por el calor a otro nivel.
—Espero que no te desmayes. Hace años, un grupo de humanos asistió a una de nuestras fiestas... no duraron ni cinco minutos de pie.
—Eso suena como un reto.
—¿Y si lo es?
—Entonces lo acepto con gusto, Raf.
Ambos se detuvieron un instante y rieron. Sin haberlo forzado, se habían familiarizado lo suficiente como para bromear con naturalidad. Tal vez era porque las personalidades de ambos encajaban, o porque se recordaban mutuamente a alguien importante. Sin importar la causa, chocaron los puños en señal amistosa y se adentraron en el corazón de la aldea.
Durante el trayecto, Elías observó la dinámica de los aldeanos. Sonreían, aprendían, se esforzaban en sus tareas. Verlos así le provocó una punzada de nostalgia. Recordó los días en la granja y cómo no le importaba romperse la espalda ayudando a su abuelo. Recordó los entrenamientos secretos y exigentes de su abuelo para dominar el poder del Héroe; lo estricto que había sido el anciano, intentando prepararlo para el mundo cruel y, a la vez, tratando de regalarle una niñez normal al no contarle su destino. Había sido duro, sí, pero le dejó los mejores recuerdos de su vida. Y con eso le bastaba.
Minutos después, llegaron frente a un árbol colosal de hojas verdes, cuyo tronco estaba cubierto por una extraña capa de musgo morado.
Escalaron impulsándose por el musgo —que irradiaba un calor abrasador— y entraron por una abertura oculta entre las ramas superiores. Al ingresar a la estancia, una temperatura cercana a los doscientos grados centígrados los envolvió de golpe. El aire era un muro sólido de calor sofocante.
Sin embargo, ambos aterrizaron en el interior de la habitación sin mostrar la más mínima señal de asfixia y se acomodaron sobre el suelo de madera con naturalidad.
—Me sorprendes —comentó Raf, evaluándolo—. No parece que la temperatura te afecte. ¿Has visitado infiernos volcánicos antes, o tu cuerpo simplemente se adapta a todo?
—Ambas cosas —respondió Elías, limpiándose una diminuta gota de sudor de la frente—. Mi constitución siempre ha sido absurdamente resistente a los cambios extremos. Aunque eso no significa que disfrute sudar por culpa del Musgo de Invierno...
Raf alzó una ceja.
—Es raro que reconozcas el Musgo de Invierno. Ese material nace en zonas de frío extremo y, según los registros, se extinguió en el exterior hace eras. Absorbe el frio y expulsa calor puro.
—Un poco de comercio interdimensional y los botines raros de las mazmorras lo solucionan casi todo —evadió Elías con una sonrisa diplomática.
—Ya veo...
Raf guardó silencio unos segundos. Su expresión amable se endureció levemente mientras activaba, con un toque de el suelo, una matriz rúnica tallada en el suelo del árbol.
Confiaba en la figura del Héroe. Los anteriores portadores del título, al igual que las Reinas Demonio del pasado, nunca habían causado incidentes en la isla. Pero había una duda que siempre atormentaba su mente analítica: ¿Por qué todos ellos, seres con el poder de gobernar universos, elegían siempre recluirse en Edén y huir del mundo exterior?
—Acabo de activar una Matriz de la Verdad —informó Raf, su tono ahora estrictamente neutral—. Cualquier mentira que pronuncies, o cualquier Autoridad relacionada con el engaño que intentes usar, será detectada al instante. Te sugiero que contestes con absoluta honestidad.
Sacó un libro antiguo de su Sello de Alma y lo colocó en el suelo, entre ambos.
—Si estás dispuesto a quedarte en mi tribu... toma este libro, sostenlo entre tus manos y respóndeme.



#1144 en Fantasía
#1616 en Otros
#74 en Aventura

En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 14.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.