El Destino del Héroe

Capitulo 16

Elías meditó sus siguientes palabras. En un principio, había considerado huir a un Piso miles de veces superior a este; escapar usando su Autoridad no le habría supuesto ningún esfuerzo. Sin embargo, tras verse drenado por la barrera, descubrir la existencia de esta isla y escuchar las explicaciones de Raf, sus planes habían dado un giro radical. La realidad, después de todo, no pintaba tan mal.
—Pensaba vivir un tiempo oculto en las montañas, hasta que la gente de afuera se olvidara de mí y pudiera tener una existencia más simple —confesó—. Pero ahora que no tengo que huir, me gustaría que me permitieran trabajar en sus granjas.
—Está bien. Fuiste sincero conmigo y no le veo problema. Desde hace un tiempo he buscado gente para ayudar en los cultivos —aceptó Raf, aunque su tono se volvió más reflexivo—. Pero… ¿estás seguro? Los anteriores Héroes solían dedicarse a investigar los secretos de la isla, pasar largas temporadas en la Torre de Babel, adentrarse y cerrar mazmorras de alto nivel, instruir a la nueva generación o explorar Edén. Hay muchas áreas que no requieren que te expongas al público. Por lo que me contaste, aún tienes interés en la exploración y la escritura.
—No te equivocas. Me apasionan ambas cosas. Es solo que… quiero volver a mis raíces. Sé que trabajar en su granja no será como hacerlo junto a mi abuelo, pero quiero revivir esa época. Tal vez así… recupere lo que olvidé.
Desde hacía mucho tiempo, Elías se sentía a la deriva. La muerte de su abuelo. Su salida abrupta de la granja. El aplastante peso del título de Héroe. La pérdida de Alfred, de María y de los hermanos de ella. Todo lo había sumido en una densa niebla. Amaba explorar y conocer el mundo, pero desde la muerte de su abuelo y se desmoronaron sus certezas en su viaje como Héroe, había comenzado a dudar de su propio propósito. Por eso, volver a hundir las manos en la tierra, aunque fuera en una granja ajena, era el único camino que conocía para sanar.
—Entiendo. Respeto tu decisión —asintió el líder—. Y si en algún momento deseas cambiar de oficio… mis puertas siguen abiertas.
—Gracias. De verdad.
Raf hizo una pausa. La calidez de su mirada se desvaneció, reemplazada por una urgencia sombría. Un ruego egoísta pugnaba por salir de sus labios; se sentía miserable por exigirle algo a un joven que solo buscaba paz, pero tener al Verdadero Héroe en su aldea era la garantía absoluta para cumplir su objetivo.
—Sin embargo… lo siento. Necesito que pelees una última vez.
—Explícame —pidió Elías, inclinándose hacia adelante con interés genuino.
Para que Raf, alguien que había demostrado tanto respeto por la voluntad ajena, le pidiera romper su retiro, el asunto debía ser de vital importancia. Su intuición en la playa ya le había advertido que este momento llegaría.
—Ya que me brindan refugio, considero justo ayudarles. Mi apoyo será el pago por su hospitalidad.
—Gracias —dijo Raf. Entrelazó los dedos frente a su pecho, formando un triángulo, el símbolo de máxima gratitud en la cultura Chameleon—. Verás… cada cinco años, todas las tribus de nuestra raza se reúnen en la Pradera Arcoíris para celebrar el Festival Solar.
El Festival Solar era una festividad ancestral. En ella, las distintas tribus
Chameleon se enfrentaban entre sí, no por ansias de conquista, sino por gratitud; buscaban demostrarle a la diosa Génesis la alegría de existir. Cada líder debía reunir a siete candidatos para representar a su tribu, y aunque el evento era exclusivo de su especie, se permitía invitar a forasteros como refuerzos.
El objetivo final era claro: conseguir la Corona de Sol.
Era un artefacto sagrado que bendecía a la tribu ganadora con inmunidades de grado conceptual e imbuía a sus habitantes con un calor constante, profundo y reconfortante. Además, quienes obtenían la corona ganaban el derecho absoluto a cosechar los vastos recursos de la Pradera Arcoíris durante el siguiente lustro.
—Suena fascinante —comentó Elías—. Nunca escuché de una celebración así en las tribus del exterior. Parece que allá han perdido más costumbres de las que pensaba.
—Esta tradición nació cuando nuestras tribus llegaron a la isla —explicó Raf, hinchando el pecho con orgullo. El destello en los ojos de su invitado y su promesa de participar encendían una chispa de esperanza en su viejo corazón. «Tal vez… esta vez podamos ganar. Tal vez… encuentre pistas de mi hijo». —El día del festival entenderás por qué se creó.
—Interesante. Si está dedicado a Génesis, debe tener un significado teológico muy profundo.
—No quiero arruinarte la sorpresa.
Elías sonrió, con la curiosidad agitándosele en el pecho. Había estudiado incontables celebraciones dedicadas a la diosa Génesis, y sabía que casi todas se originaban en intervenciones directas de la deidad. Incluso el "Día del Héroe" o las conmemoraciones del Gran Cataclismo nacieron de vestigios antiguos que la relacionaban.
«Esta isla es más misteriosa de lo que esperaba. No llevo ni un día aquí y ya he aprendido datos nuevos sobre Génesis, el Héroe y la Reina Demonio. Solo me falta conocer algo sobre el Mar Primordial para completar la colección», pensó con ironía.
Luego, se centró en Raf. Las emociones del anciano eran de un alivio extremo al ver su interes, seguro por las hazañas de sus vidas anteriores en esta isla. Percibio las que exudaban el grupo oculto, que volvio por una señal de su lider, y estaban en un gran conflicto por su respuesta. Sus sentidos viajaron más alla de este recinto, analizando las emociones de los habitantes que conocio y no, obteniendo una idea mas central de su origen.
Cuando Elías empezó a dominar las habilidades pasivas de su Autoridad en el pasado, chocó contra múltiples bloqueos de aprendizaje. Solo al fragmentar una pasiva gigantesca y tratarla como una habilidad independiente logró progresar. Así había nacido Emociones Reflejadas:
Una habilidad que le permitía expandir su percepción y sentir las emociones ocultas en el reflejo de un objetivo. Claro que, para distinguirlas correctamente, debía tener una idea general de lo que estaba buscando, aprendiendo a diferenciarlas e incluso desarrollo un sentido para olerlas
«Todas estas emociones tienen un núcleo en común. Todos buscan a alguien o una pista de si vive o no.», dedujo Elías, hilando los olores invisibles del aura. «Raf, la rabia de Fanet, el dolor sordo de una mujer que senti cerca de las granjas… todos huelen a pérdida familiar. Es un vínculo profundo. Buscan a alguien. Buscan saber si está vivo o no. Si me arriesgo a adivinar... se trata del padre de Fanet».
—La Pradera Arcoíris suena como un lugar único —dijo Elías, adoptando un tono más serio—. Aun así… ¿por qué tienes un interés tan personal en ella?
Quería entender la dimensión emocional del conflicto antes de comprometerse ciegamente. La experiencia propia de guiarse por las emociones le dictaba que debía manejar con cuidado el tema. Mientras mas informado estuviera, mas preparado estaría por si hay un responsable en medio.
—…Lo siento. No puedo hablar de ese tema aún —Raf bajó la mirada, ensombrecido—. Tendrás que esperar a que te conozca mejor. Es… un asunto delicado.
—No hay problema. Yo también te he pedido lo mismo con mi pasado —asintió Elías, sin presionarlo—. Me conformo con que me orientes unos días antes del evento. Por cierto, ¿cuánto falta para que empiece?
—Faltan dos meses. El festival comienza el diez de Tero y termina el quince de Tero.
—Ya veo… Tiempo suficiente para prepararme contra las otras tribus —murmuró con evidente alivio.
Estaba agradecido de que no fuera ni mañana ni la próxima semana. Aún tenía que adaptarse al bloqueo interno de su Autoridad y aprender a combatir con sus capacidades degradadas sin recurrir a ella y ser regañado por estar en su estado actual.
—Espero que puedas proveerme de información sobre los rivales la próxima semana. Por ahora… me enfocaré en adaptarme a la vida de la aldea.
—Lo haré. Buscaré los registros de los últimos festivales y la lista de invitados para ayudarte. ¡Gracias por tu apoyo, Elías!
—No me lo agradezcas. Soy yo quien debe dar las gracias; me permitiste vivir aquí con muy pocas exigencias —sonrió—. Vivir en la tribu de un líder como tú será una experiencia interesante. ¿Entonces, eso es todo por hoy? Espero terminar para empezar mi próximo trabajo.
—Sí, eso es todo. Si necesito conversar contigo, enviaré a mi mano derecha a llamarte —dijo Raf, pensativo.
En el fondo, quería hacerle una petición más. Su difunto padre le había mencionado en su lecho de muerte la existencia de un durazno peculiar con propiedades milagrosas... Tal vez, si Elías demostraba ser tan buen granjero como guerrero, podría encomendarle cultivarlo algún día. Pero sintió que era mejor dejarlo para otra ocasión.
—Por ahora, puedes retirarte. En unos momentos enviaré a la encargada de la granja para que te explique tus labores.
—Muchas gracias, Raf.
Nota: La reunión de Elías con Raf a terminado. El lunes nos vemos con el siguiente capítulo.Comenten que cree que sucederá a continuación y den Me gusta si les va gustando la historia.



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 14.03.2026

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