El Destino del Héroe

Capitulo 17

Elías dejó el libro en el suelo, se levantó e hizo el gesto triangular con las manos —la señal de respeto y despedida en la cultura Chameleon—. Luego, saltó hacia la salida. Al mirar de nuevo la aldea desde las alturas, sus ojos se llenaron de una emoción cálida.
«Aprovecharé esta nueva vida. Ya no soy el Héroe. Ahora puedo buscar mi verdadera meta, lejos de todo este peso», pensó, invadido por la alegría. «Ojalá descubra cómo salir de aquí en un futuro para traer a Dasha y a la Erudita de las Estrellas. A ambas les encantaría tener unas vacaciones en un lugar como este».
Elías bajó del árbol con agilidad. Estaba algo nervioso por conocer a su guía; no por timidez, sino porque deducía que Raf escogería a uno de los Chameleon oculto. De todos los habitantes que había detectado, la mayoría de esos agentes emanaba emociones negativas hacia él, casi el triple del promedio de la aldea. No obstante, confió en el anciano. Estaba seguro de que el líder habría notado esa animosidad y escogería a alguien más razonable, especialmente si buscaba que él participara en el Festival Solar y consiguiera todas las respuestas.
Dentro de la sala de reuniones, Raf soltó una pequeña risa al percibir la alegría palpable que dejaba el joven tras su partida. Elías podía poseer una madurez muy superior a sus diecisiete años, pero no lograba ocultar del todo al niño que llevaba dentro. Su hijo y ese humano compartían más similitudes de las que el anciano quería admitir. Si él todavía estuviera allí, seguro se habrían llevado bien al instante.
—Pueden salir —ordenó Raf, recuperando su semblante solemne.
Un grupo de cinco Chameleon descendió desde el techo, desactivando sus camuflajes en el proceso, y se inclinaron ante el líder. Eran dos hombres y tres mujeres. Todos mantenían el rostro bajo, esperando instrucciones. Sin embargo, una de ellas —más pequeña que el promedio, con ojos inquietos y la cola tensa— levantó la voz:
—Lider... ese joven es un peligro. Mi Autoridad está gritando como loca ante su presencia. Nunca en mi vida me había alertado a este nivel. Recomiendo que lo vigilemos estrictamente durante un largo tiempo.
Raf no se sorprendió por la reacción. Los detalles que el joven le había comentado sobre su Autoridad lo colocaban en una categoría que iba más allá del peligro convencional. Para una Chameleon cuya Autoridad estaba orientada a la detección extrasensorial, la sola cercanía de esa energía masiva y Autoridad debía ser paralizante. Pero el hecho de que alguien tan precavido como el Héroe no lograra suprimir ese "ruido" significaba que la fuga de energía provocada por la barrera de la isla estaba afectando su control total sobre la Autoridad.
—En primer lugar, Valet, ¿crees ser capaz de eludir la pasiva de su Autoridad? —preguntó Raf. Mantuvo la voz firme, pero observó a la capitana del Escuadrón Silent con preocupación, notando el leve temblor en sus manos. Su temple, habitualmente inflexible, parecía resquebrajado por una inquietud que no lograba disimular—. Entiendo que la pasiva de tu Autoridad afecte tu juicio y te provoque terror instintivo. Te pido que te tomes unos días para calmar tus pensamientos. Obsérvalo desde la lejanía o acércate para conocerlo como aldeana... pero bajo ninguna circunstancia inicies una confrontación.
—Disculpe, líder, ¿no está siendo demasiado permisivo con ese humano? —intervino un hombre de voz áspera, con una cicatriz profunda que le atravesaba el ojo derecho—. Está bien que nos ayude en el Festival Solar, pero permitirle vivir aquí es un riesgo inaceptable. ¿Qué pasaría si se encontró con otra tribu antes y aceptó infiltrarse? Después de todo, esa parte de la playa está en territorio neutral.
—La reacción del joven al vernos demostró que poseía un nulo conocimiento sobre los habitantes de la isla —respondió Raf con convicción inquebrantable—. Además, no parece ese tipo de persona. Él mantendrá su palabra a toda costa.
—¿Por qué piensa eso, líder? —insistió el hombre de la cicatriz, con la mirada ensombrecida—. Recuerde que esa misma confianza nos costó caro en el pasado. Si ocurriera de nuevo, nosotros...
—Porque no es ese tipo de persona —lo interrumpió Raf, con un tono mucho más seco. Recorrió al grupo con una mirada cargada de decepción y suspiró—. Ustedes no comprenden: él soportó nuestro interrogatorio y aceptó ser objeto de vigilancia futura solo para calmar a los dudosos y evitar derramamiento de sangre. Si realmente buscara información, le bastaría con desatar su Autoridad y tomarla por la fuerza. Su poder hace que cualquier táctica de infiltración convencional resulte un chiste.
Raf estaba absolutamente seguro de su juicio. El peso de la Autoridad de Elías operaba en un plano superior al de las Autoridades reconocidas; una fuerza que, por sí sola, anulaba las estrategias militares ortodoxas y poco ortodoxas. Irónicamente, esa misma potencia divina era la prueba de la amenaza latente que representaba y, al mismo tiempo, la garantía de que no suponía un peligro táctico para la aldea. Si quisiera destruirlos, no necesitaría espiarlos.
—Además, nos permitió conocer parte de su Autoridad como un gesto de buena fe —añadió el anciano—. Dudo que podamos evitarla; suena más mortífera entre más la analizamos. Esta en una liga propio que todos desconocemos.
—Entonces, ¿qué hacemos, líder? —preguntó Valet, con los nervios crispados. Estar a pocos metros del joven le había acelerado el pulso de tal forma que solo deseaba huir de allí—. No podemos dejarlo moverse libremente, pero tampoco tenemos poder para restringirlo. ¿Qué medidas tomamos?
—Ya lo dije: obsérvenlo desde la distancia o acérquense a conocerlo. Pero no provoquen un conflicto innecesario —repitió Raf.
Al notar las expresiones de desagrado y duda en casi todos los presentes, se volvió de espaldas para evitar la confrontación visual y meditó unos instantes.
—Hagamos esto: lo vigilarán, como indiqué, durante un mes. Si al finalizar ese plazo alguno de ustedes mantiene su postura negativa de forma justificada, hablaré personalmente con Elías y le explicaré que no puede permanecer aquí.
—¡¿En serio, líder?! —exclamó una mujer pequeña, llamada Garj, abriendo mucho los ojos—. Perdón por interrumpir, pero... ¿no es una medida demasiado extrema? Digo, no parece una mala persona.
—¿Por qué tanta confianza ciega, Garj? —siseó el hombre de la cicatriz—. Todo puede ser un teatro: una puesta en escena para ganarse nuestra fe y luego apuñalarnos en el momento justo. ¿Acaso no aprendiste nada de aquella vez?
—¡Esa vez fue por...!
Garj buscó desesperadamente palabras para refutar a su compañero, pero la voz se le apagó. No las encontró. Aquella vez habían cometido el error de confiar en alguien de otra especie, y esa ingenuidad desembocó en el incidente que marco a la tribu hacía doce años. A pesar del doloroso recuerdo, su instinto le decía que ese humano era muy distinto al lagarto traidor de entonces.
—¡Paren ustedes dos! —gritó Raf. Su tono autoritario retumbó en las paredes de madera. No deseaba abrir esas viejas heridas—. Les exijo que tomen mi decisión con seriedad. No voy a enemistarme con Elías. Tal vez a ustedes les parezca miedo... pero no lo es. Cargar con una Autoridad de tal calibre a una edad tan corta debe de ser agotador. Los ojos de ese muchacho no buscan conflictos; solo buscan un rincón donde descansar.
Tarf, el Chameleon de la cicatriz, observó a su líder con una mezcla densa de culpa y enojo. El incidente del lagarto traidor había sido su responsabilidad; el peso por el estado actual de la tribu, y el aislamiento, recaía sobre sus hombros. Ahora, aunque buscaba redimirse protegiendo a la aldea con celo paranoico, sus métodos no eran bien recibidos. Aun así, tragó sus emociones para no desafiar a Raf ni incomodarlo.
—Entiendo, líder —dijo Tarf con firmeza—. Apartaré mis sentimientos para cumplir con la misión de vigilancia. Lo único que solicito es permiso para intervenir si ese chico cruza la línea.
—...Está bien. Trabajarás en el mismo escuadrón que Garj. Si ella aprueba tu intervención ante una amenaza real, no me opondré. ¿Entendido?
—...Sí —respondió, a regañadientes. La actitud blanda de Garj entorpecería cualquier acción preventiva si el humano decidía atacarlos. Aun así, el permiso del líder le ofrecía una pequeña esperanza de defender la aldea en el peor de los casos—. Yo, Tarf, actuaré contra Elías únicamente si mi compañera, Garj, me lo permite.
—Bien. Pueden retirarse todos... excepto Valet.



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 02.04.2026

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