El Destino del Héroe

Capitulo 18

Valet se tensó al quedar a solas con el líder. El silencio en la sala de reuniones se sentía pesado. Dado el comportamiento de su escuadrón, imaginaba que sería castigada por la indisciplina colectiva. Al ser la segunda vez en la semana que Garj y Tarf se veían implicados en un conflicto, anticipaba una suspensión de al menos un mes fuera de servicio, o peor aún: labores forzadas en la granja. Para alguien que vivía por la adrenalina y los retos como ella, esa rutina representaba una tortura disfrazada.
—Valet, el comportamiento de tu grupo deja mucho que desear —comenzó Raf—. No necesito usar mis sentidos ni mi experiencia para notar la abierta hostilidad que la mayoría le mostró a nuestro invitado. ¿Tienes algo que decir en tu defensa?
—No, líder. Fue mi error no haber corregido esa actitud a tiempo. Aceptaré cualquier castigo.
—Ya que lo entiendes, quedas destituida de tu cargo como capitana del Escuadrón Silent hasta el inicio del Festival Solar. Aún conservarás los beneficios de tu rango, siempre y cuando no estén relacionados con misiones tácticas.
Valet apretó los puños, visiblemente afectada.
—¡¿Líder, no está siendo demasiado severo?! —exclamó, perdiendo por un segundo la compostura—. Podría soportar un mes, pero dos meses enteros sin actividad son una frustración inmensa. ¿Por qué no trabajo un mes en la granja y regreso al servicio con un rango menor?
Raf soltó una carcajada que rompió la densa atmósfera de la habitación.
—¡Qué bueno que quieras trabajar en la granja, porque pasarás los próximos dos meses allí! —reveló, disfrutando por un instante de la expresión estupefacta de una de sus mejores guerreras. Sin embargo, pronto recuperó su semblante solemne—. Hablando con franqueza, Valet... necesito que cuides a Elías y le enseñes las costumbres de la tribu. Al final del mes, tú decidirás si puede permanecer entre nosotros o no. Confío ciegamente en tu juicio.
Valet enmudeció. La destitución no era un castigo por el desplante de sus subordinados, sino una elaborada tapadera estratégica para observar de cerca al forastero. Su pasiva de detección extrasensorial le permitiría discernir cuánta amenaza representaba realmente para la aldea durante ese tiempo. Aunque el peso táctico de la misión comenzó a calmar su orgullo herido, la elección seguía pareciéndole inusual.
—¿Por qué me eligió a mí? —preguntó, frunciendo el ceño—. Garj o Mart son mucho más hábiles para socializar y guiarlo. Yo soy una combatiente; no sirvo para tejer vínculos con normalidad. Además, mi propia Autoridad me causa dolor en la cabeza cuando estoy cerca de él. Reconsidere a alguien más adecuado para la tarea.
—Te elegí porque eres la más capacitada y la más analítica del grupo —replicó Raf—. A diferencia de los demás, no te dejas arrastrar por las emociones y me informarás con absoluta objetividad. No hay mejor persona para esto que la más imparcial de la tribu.
Valet comprendió la magnitud de la orden. Como capitana, estaba acostumbrada a bloquear sus emociones por el bien de la misión, pero reprimir el terror primario que su Autoridad le inyectaba al estar cerca del Héroe sería un desafío extenuante.
—Además, puedes usar esta oportunidad para probar su fuerza —añadió el anciano—. Un pequeño "estiramiento" servirá para conocerlo mejor y evaluar cuánto puede ayudarnos en el festival. Y, por si fuera poco, soportar esas alertas de peligro extremo que te envía tu Autoridad te servirá como un entrenamiento intensivo para acercarte a dominarla por completo.
Valet permaneció en silencio. Los argumentos de su líder eran irrebatibles y, en el fondo, beneficiarían enormemente su crecimiento. Apenas dominaba el primer nivel de los cinco necesarios para controlar su Autoridad al máximo. Podría usar ese mes para avanzar a pasos agigantados utilizando la inmensa presión del joven como catalizador. Él era el Héroe; seguramente ya dominaba su propia Autoridad a la perfección, y sus consejos podrían resolver sus dudas marciales. Al final, era un escenario de ganar-ganar para ella, independientemente de si el humano la convencía o si terminaban echándolo.
—Entendido, líder. Me prepararé para llevarlo a la granja y, junto con Faram, le explicaré los detalles sobre su vivienda y su trabajo. Como expresó su deseo de cultivar la tierra, asumo que tiene experiencia previa, así que será fácil aclimatarlo y enseñarle sobre la isla.
—Bien. Puedes retirarte.
Cuando Valet se marchó, el líder de la tribu dejó escapar un suspiro largo y tembloroso, cargado de puro agotamiento. Esperaba que los aldeanos, especialmente aquellos que alguna vez rodearon a su hijo, fueran más comprensivos, pero se estaban dejando arrastrar por la duda, el miedo y las cicatrices del pasado. Las sombras proyectadas en las paredes de madera parecían estirarse, como si la inmensa responsabilidad que cargaba distorsionara el mismísimo entorno. No obstante, él era el líder. Si sucumbía, la tribu también caería, y no dejaría que eso ocurriera bajo ninguna circunstancia.
La tarea para los próximos días sería titánica: mantener las aguas en calma, forjar una alianza estrecha con el Héroe recién llegado, controlar el carácter explosivo de su nieta y estructurar el inminente Festival Solar. Cada decisión que tomaba conllevaba el peso de generaciones. Cada error representaba la posibilidad de arruinar lo poco que habían reconstruido para sanar a su gente, a su familia y a sí mismo.
—¡Qué cansado es ser líder! —murmuró, frotándose los ojos cerrados—. Espero que llegue el día en que pueda jubilarme en paz... porque si no, este puesto acabará matándome.
En el silencio que siguió, lo único que se escuchaba era el murmullo del viento colándose por las grietas del árbol gigante, sonando como si el propio mundo respirara con dificultad ante lo que estaba por venir. La decisión estaba tomada: la tribu cambiaría para siempre con su nuevo residente.
***
Afuera del árbol del consejo, Elías observaba con suma atención el ir y venir de los habitantes de la aldea. Con la mirada fija, trataba de asimilar la rutina diaria de los Chameleon, comparándola mentalmente con las innumerables civilizaciones que había visitado en el pasado. Analizaba cada detalle: los gestos, los ritmos de trabajo, la forma en que empuñaban las herramientas. Toda esa información sería vital para adaptarse y, eventualmente, integrarse como uno más.
Sin embargo, sus pensamientos no tardaron en desviarse hacia el mayor obstáculo para su vida pacífica.
«Pensé que mi único problema sería Fanet y ese grupo oculto, pero ahora me doy cuenta de que otros aldeanos también expulsan oleadas de emociones negativas hacia mí», reflexionó, frunciendo el ceño. «¿Tendrá que ver con el Festival Solar? Cuando Raf lo mencionó, la negatividad de los vigilantes ocultos se disparó».
El tema del festival había tocado fibras muy sensibles, y Elías especulaba que, al correrse la voz de su participación, la hostilidad de cierto sector aumentaría. Esa urgencia que había detectado en Raf le confirmaba su teoría: la tribu buscaba desesperadamente a un familiar del líder, alguien que debía ser una figura sumamente influyente.
No obstante, había un segundo problema que lo mantenía intranquilo; un detalle más sutil, pero infinitamente más grave.
«El problema no es solo la animosidad... es que la pasiva de mi Autoridad tardó demasiado en mostrarme esas emociones», pensó, sintiendo un escalofrío de advertencia. «Esos datos debieron procesarse mucho antes de las revelaciones de Raf, tal como sucedió cuando probé mis habilidades en la playa. ¿Será que este Festival Solar tiene algún tipo de barrera conceptual que bloquea los intentos de recopilar información, incluso la indirecta?»
Ese fallo en su sistema lo tenía profundamente pensativo. En todos los registros mitológicos de la existencia, jamás se había documentado algo capaz de retrasar la omnisciencia pasiva de una Autoridad de su calibre. El hecho de que esta falla ocurriera justo mientras perdía capacidades esenciales convertía su estadía en una carrera contrarreloj por entender los secretos de la isla y la naturaleza de la barrera. Aunque sentía que su Autoridad conservaba su esencia intacta, necesitaba comprobar a mayor profundidad sus límites actuales y, sobre todo, descubrir por qué su poder estaba siendo drenado hacia el centro de Edén.
Mientras reflexionaba, una Chameleon se acercó con paso firme.
Elías la observó en silencio durante unos segundos. El rostro de la mujer irradiaba una concentración absoluta y su lenguaje corporal delataba una intriga contenida. Él actuó con total normalidad, aunque era plenamente consciente de que ella era uno de los miembros del escuadrón oculto —y la más razonable de ellos, según había detectado—. Además, notó un detalle fascinante: aunque su reserva de energía mágica era relativamente baja en comparación con otros combatientes de élite, su densidad y potencia física compensaban con creces esa carencia, convirtiéndola en una guerrera de temer, para la edad que debe tener.
—Buenas tardes, Elías. Siento interrumpirte, pero el líder me envió para guiarte hacia la granja —dijo ella, con una voz segura y profesional.
—No te preocupes. Solo estaba observando cómo trabajan los demás. Quería entender la dinámica de la aldea y acostumbrarme al ritmo —respondió Elías, girando su atención completamente hacia la chica. Su aura, firme y disciplinada, lo impresionó gratamente—. ¿Y cómo te llamas? Quiero conocer el nombre de mi guía.
—Mi nombre es Valet. Recuérdalo bien. Te ayudaré a adaptarte a la tribu y trabajaremos juntos en la granja.
—Encantado de conocerte, Valet. Mi es Elías Beaumont. Mi aprendizaje y mi adaptación quedan en tus manos —dijo Elías, extendiendo la mano con una sonrisa franca para saludarla.



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 02.04.2026

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