—¡Espera! ¡¿Por qué tienes un rango tan bajo?! ¡Eres el Héroe! —exclamó Valet, con los ojos tan abiertos como si acabara de ver caer una estrella escarchada del cielo.
La información que manejaba ella sobre el Héroe por los relatos en la isla lo situaban en la cúspide de la élite de aventureros con relativa facilidad. O bien los combatientes del exterior superaban con creces a los mejores individuos de la isla... o la inteligencia y el rigor de los Gremios del exterior habían descendido peligrosamente.
—Dime que es una broma —insistió, aún sin recuperar del todo el aliento—. No puedo creer que tengas una clasificación tan ridícula.
—No bromeo. Te mostraría mi placa si no se hubiera destruido desde hace algunos meses—respondió Elías con total calma.— Estuve tan ocupado que no pude reponerla.
—...Si alguien de tu calibre está atrapado en ese rango, allá afuera deben abundar monstruos de ligas muy superiores a las de la isla.
—Te equivocas en un punto muy importante —la corrigió Elías, con un tono sereno pero firme—. Mi posición en el Gremio no refleja mi nivel real. Nunca realicé los exámenes de ascenso ni cumplí con los tediosos requisitos oficiales. La inmensa mayoría de mis acciones ocurrieron en las sombras; mis verdaderos logros fueron clasificados y enterrados por los altos mandos de la Alianza para que los demonios no tuvieran mucha informacion mia. Pasé desapercibido incluso durante los ataques de las legiones demoníacas o los desbordamientos de mazmorras. No conozco el nivel promedio de los habitantes de esta isla, pero especulo que ustedes no son inferiores a los del exterior.
—Ya veo... —murmuró Valet, algo más tranquila pero doblemente intrigada—. Parece que tendré que enseñarte la lógica marcial de esta isla para que entiendas cómo medimos el poder aquí. Eso me dará una mejor base de comparación.
Valet comprendió que recopilar información sobre este Héroe sería un desafío único. Algunos datos que Elías ya poseía parecían de dominio básico, pero otros exigirían enseñarle el sentido común isleño para que cobraran verdadero significado. Afortunadamente, su misión de vigilancia no tenía un límite de tiempo tan corto, ni implicaba poner en riesgo su posición o la seguridad de la tribu para obtener los datos en menor tiempo.
—Espero con ansias tus enseñanzas, maestra Valet —dijo Elías, esbozando una sonrisa de ligera provocación.
—Eres muy extraño... A pesar de tu poder destructivo, me llamas "maestra" como si yo fuera una anciana sabia. Eso es... —Valet se detuvo de golpe y levantó la mano para señalar el horizonte—. Hablaremos luego de eso. Ya llegamos.
Elías contuvo su curiosidad ante la respuesta inconclusa de la guerrera y desvió la mirada hacia el frente. Caminó unos metros más, dejando atrás la fresca sombra del bosque, y fue recibido por una visión inesperada: una granja gigantesca se extendía ante sus ojos, rebosante de vida, como si brotara desde las entrañas mismas de la tierra.
La sorpresa lo paralizó.
Jamás habría imaginado que una tribu tan pequeña, pudiera sostener, operar y defender una extensión agrícola de semejante magnitud. Aquello no solo lo emocionó... le devolvió algo que creía haber perdido hacía tiempo: el deseo genuino de pertenecer a un lugar para ver como era.
«Increíble... Pensar que una comunidad de este tamaño maneja una extensión tan vasta. Supervisar cien hectáreas bajo la constante amenaza de monstruos y animales con tan pocas personas es una hazaña», pensó, analizando los campos con ojo experto.
En su experiencia, las granjas enfrentaban amenazas diarias: plagas, saqueadores, monstros. La granja de su abuelo, que era tres veces más grande y colindaba con tres mazmorras, sobrevivió inicialmente gracias al esfuerzo titánico de ambos, y posteriormente al de Elías en solitario tras la muerte del anciano. Fue solo cuando se vio obligado a marcharse para asumir su rol de Héroe que Dasha tuvo que colocar a cuarenta ayudantes y a un cuerpo de vigilancia permanente para mantenerla a flote y proteger la tumba del anciano y su casa.
«Con los tipos de cultivo que intuyo aquí, y la escasa presencia de trabajadores que percibo con mis sentidos... ¿cómo lo logran? Aparte de la matriz protectora del sendero y las tres defensas visibles en los extremos, es ilógico que esta granja subsista. ¿Será que poseen una habilidad agrícola rarísima o una Autoridad que les facilita de sobremanera el trabajo? ¿O quizá varios objetos únicos forjados de monstruos con habilidades peculiares?»
Valet observó el rostro asombrado del Héroe con un orgullo sincero. Antes de convertirse en la líder del Escuadrón Silent, había trabajado en aquellos mismos campos durante cinco años. Saber que un forastero del continente —alguien que había recorrido maravillas y lugares legendarios— quedaba maravillado por su antigua labor, hizo que algo cálido se elevara en su pecho.
—Y bien, ¿qué opinas?
—¡Ustedes no dejan de sorprenderme! —exclamó Elías, sonriendo con una mezcla de admiración y humildad.
Además del entusiasmo que irradiaba Valet, el cambio en su actitud —ahora más abierta y menos a la defensiva— generó en Elías una chispa de esperanza. La posibilidad de encajar. La posibilidad de forjar una amistad real, en esta nueva vida.
—Si la diosa Génesis no ha bendecido a esta tribu directamente, entonces deben contar con el favor absoluto de los Espíritus de la Tierra. Tienen unas tierras abundantes y rebosantes de vida.
—Ojalá fuera el caso. Si los familiares de la diosa Génesis nos bendijeran... tal vez podríamos recuperar algo de nuestra antigua prosperidad —dijo Valet. Apenas dejó escapar un matiz de dolor detrás de sus palabras, pero fue suficiente.
Elías captó el sentimiento fugaz con escalofriante claridad: tristeza, impotencia y culpa. Una mezcla densa que no se transmitía por gestos faciales, sino por los ecos invisibles de su aura. Decidió no presionar. Actuó como si no hubiera notado la sombra en su voz y se volcó a examinar la cosecha más cercana.
—¡Vaya, sí que saben cuidar la tierra! ¿Estás segura de que los granjeros de aquí no son espíritus encarnados de la naturaleza?
—Gracias por el cumplido —respondió Valet con una sonrisa, aunque en su interior soltó un suspiro de alivio.
Había estado a punto de revelar más de la cuenta por la nostalgia. Aún no sabía si Elías permanecería con ellos a largo plazo, y cualquier indicio de vulnerabilidad tribal podría costarles caro.
—Parte de la estabilidad actual de estos campos se la debemos a la jefa de la granja —explicó, recuperando su tono profesional—. Su dominio de la Unificación Natural nos ayuda a compensar muchas de nuestras limitaciones de personal y defensa.
—¿Unificación Natural, eh? —murmuró Elías, acariciando una espiga brillante—. ¿En qué nivel se encuentra?
—No lo sé exactamente, no soy muy versada en ese arte. Pero hace dos años ya había alcanzado el nivel de Río Cósmico. Así que debe estar en el límite de esa etapa... o quizá ya lo haya superado.
—La jefa debe ser alguien absolutamente excepcional. Llegar hasta ahí no es ningún juego.
Elías conocía perfectamente los horrores y milagros de la Unificación Natural. Era el arte de lograr una sincronización total entre el individuo y la naturaleza misma. Quien lo alcanzaba se volvía uno con el entorno: todas sus estadísticas se multiplicaban por mil y su mente alcanzaba una serenidad divina. Podían percibir el flujo de la vida, acelerar cosechas y regenerar heridas letales con solo permanecer en calma entre algunos beneficios.
Pero no todo era armonía.
La Unificación Natural también exponía al usuario a la malicia oculta en el mundo. Si el dolor, la podredumbre o la energía corrupta se infiltraban en esa conexión... la locura absoluta era inevitable. El pacto que cada usuario hacía con el ecosistema era estricto: debían purificar la corrupción, prevenir las mazmorras corruptas y mantener el equilibrio. Si incumplían, la naturaleza les cerraba las puertas, y los beneficios se volvían inalcanzables. Aunque, cumplir con una tarea titanica e imposible para la mayoría hacia que la naturaleza sintiera que se logró un intercambio justo y ya no exigía cumplir el pacto.
Hasta la fecha, los eruditos solo habían documentado siete niveles de este arte: Despertar, Fusión del Yo, Fundición Terra, Polvo Estelar, Río Cósmico, Vida Interna y Expansión de Gaia. Los primeros dos eran comunes entre los practicantes de la Unificación Natural, pero a partir de Fundición Terra, los requisitos rozaban lo imposible. Solo un puñado de seres en todo el continente lograban asomarse a la última etapa.
—Lo sé. Es increíble —añadió Valet, con la mirada teñida de profundo respeto—. Para muchos Panther Chameleon, incluyéndome, ella es una inspiración viviente. Te aconsejo que la respetes profundamente, Elías. No querrás ganarte el desprecio de los demás faltando a la etiqueta.
Al notar un leve desconcierto en el rostro del joven, Valet retomó la caminata, señalando la cabaña principal a lo lejos.
—Bien. Sigamos. Tienes que presentarte ante ella para que te asigne tus labores... y para cumplir con nuestro trato. Por ser tu primer dia, con solo este combate por hoy me contento.
—Te gusta jugar conmigo, ¿cierto? —preguntó Elías, sin molestarse en ocultar la resignación cómica en su voz.
La risa cristalina que emergió de Valet le arrancó un largo suspiro al Héroe. No tenía idea de qué parte de su actitud podría molestar a su inminente jefa y ganarle el odio de todos en su primer día de trabajo. Y las intrigas de Valet definitivamente no ayudaban a calmar sus nervios.
—Sabes que me desquitaré contigo en nuestro primer combate, ¿verdad? —advirtió él.
—Lo sé. Más razones para tomarme libertades ahora mientras puedo —le guiñó un ojo.
—...Será un día muy largo.