El Destino del Héroe

Capitulo 23

—Buenas tardes, Faram. Estoy aquí para volver a trabajar un tiempo en la granja —anunció Valet, rompiendo el silencio.
—¿De nuevo? ¿Qué hiciste para enojarlo esta vez? —preguntó Faram, enarcando una ceja con diversión.
—No quiero hablar de eso —bufó la capitana, visiblemente molesta y desviando la mirada.
Elías no prestó atención a la interacción entre las dos Chameleon; estaba completamente absorto en los ojos de su nueva jefa. A diferencia de los demás habitantes que había visto, los iris de Faram se asemejaban a galaxias rosadas y brillantes, como si capturaran fragmentos de los confines del universo. Irradiaban una cantidad descomunal de Polvo Cósmico, pero lo verdaderamente extraordinario era la pureza de este: muy superior a la de los maestros de la Unificación Natural del mismo nivel que ella. Aquello demostraba que era una prodigio que había sabido aprovechar oportunidades invaluables.
«No me extrañaría que ella fuera capaz de crear universos con infinitas dimensiones», pensó Elías, maravillado. «Sus niveles de energía y comprensión de la Unificación cumplen —y quizás exceden— los requisitos mínimos para lograr tal hazaña».
La creación de universos, con o sin múltiples dimensiones, no era algo inaudito en el exterior. Aventureros de clase C con dos estrellas o superiores podían lograrlo mediante ciertas técnicas y habilidades espaciales. Sin embargo, el "peso" de esos universos solía ser débil debido a la escasa comprensión de la naturaleza existencial de sus creadores. No era lo mismo un universo forjado por alguien que domina el concepto mismo de la ideas y sub ideas de un universo, que uno creado por alguien que simplemente activa una habilidad o lo hace por inercia de espacio u otro factor.
«Aquí seguramente hay muchos individuos capaces de crear ecosistemas o dimensiones de bolsillo. La abundancia de mazmorras mutantes debe contribuir directamente a su comprensión de la creación universal y al peso ontológico que estos mundos ejercen sobre los Pisos».
—Cálmate un poco, Valet. No querrás que le informe de tu rabieta a mi padre —comentó Faram, sonriendo ante el evidente sonrojo de frustración de su antigua alumna. Luego, centró su atención en el invitado y preguntó con natural autoridad—: Por cierto, ¿quién es tu acompañante? Es raro que un humano salga del territorio Kitsune o los cercanos al centro de la isla y venga a un lugar tan remoto de la periferia. Y más aún que mi padre permita que esté paseándose por la aldea.
—Él es nuestro nuevo residente, Elías —explicó Valet, recuperando la compostura—. No es de la isla, viene del exterior. El líder me pidió que lo instruyera sobre nuestras costumbres porque vivirá con la tribu.
—¡Oh, del exterior! ¡Eso significa que eres el Héroe! —exclamó Faram, genuinamente sorprendida. Había leído bastante sobre la figura del Héroe, y su esposo lo admiraba profundamente. La tomó desprevenida que alguien viviera en la tribu, pero siendo él la única excepción a las reglas de la barrera y es el Héroe, entendía por qué Raf lo había permitido—. ¡Qué interesante! ¿Es cierto que tienes una Autoridad capaz de arrasar con la totalidad de la existencia?
—¿Eh? ¿Dónde escuchaste eso? —preguntó Elías, confundido por la magnitud de la afirmación. En teoría, su Autoridad podría lograr algo así si la forzaba, pero jamás lo había intentado. Nunca tuvo razones para hacerlo ni se había presentado una amenaza que lo obligara a cruzar esa línea.
—Por cierto, mucho gusto, Faram —añadió rápidamente, intentando desviar el rumbo bélico de la charla—. Como Valet mencionó, soy el Héroe, pero prefiero que utilices mi nombre. Después de todo, trabajaremos juntos por un buen tiempo.
Faram asintió, intrigada. El joven destinado a ser el Héroe mostraba una evidente incomodidad con su título. No sabía qué tragedias habrían provocado tal rechazo hacia un rol que el resto del mundo consideraba glorioso. Decidió no interrogarlo; cada individuo cargaba con sus propios demonios, y nadie tenía derecho a invadirlos por la fuerza.
Sin embargo, al mirarlo a los ojos, notó algo que le cortó la respiración. La mirada de aquel humano, cargada de un peso insoportable, le recordaba dolorosamente a alguien irremplazable, su esposo.
«¿Por qué tiene exactamente la misma mirada que él...? El destino es muy cruel, Hect. Mostrarme a un chico con tu misma expresión de cansancio, justo a meses del aniversario de aquel evento... duele demasiado», se lamentó Faram en su interior.
Hizo un esfuerzo titánico por encubrir sus sentimientos. Debía mantener su faceta profesional y no incomodar al nuevo residente.
«Ojalá Fanet no se cruce con el Héroe todavía. Ver a alguien tan parecido a su padre la pondría a la defensiva de inmediato, más aún siendo un forastero».
—Disculpe, Faram, ¿está bien? —la voz de Elías la devolvió a la realidad.
—¿Por qué lo preguntas?
—Estás llorando.
Faram se llevó los dedos a las mejillas. Al sentir la humedad, las secó con un sobresalto de vergüenza. La punzada de nostalgia había abierto las compuertas de su corazón, liberando sentimientos que guardaba bajo llave para no preocupar a su hija. La genuina preocupación en la voz del humano abrió aún más sus heridas, desestabilizándola emocionalmente. Por suerte, su dominio de la Unificación Natural y la energía latente de la granja acudieron en su auxilio, atenuando el remolino interno.
—Discúlpame, Elías. Mi manejo de la Unificación Natural se descontroló por una fracción de segundo. Lamento que me hayas visto así —se inclinó levemente, buscando demostrar arrepentimiento y desviar la atención del verdadero motivo de sus lágrimas—. Espero que esto no te haga arrepentirte de trabajar aquí.
—Eso no importa. ¿Estás bien? —insistió Elías, frunciendo el ceño.
Nunca había oído que la Unificación Natural se descontrolara espontáneamente una vez superadas las primeras dos etapas, pero supuso que siempre había una primera vez. Tampoco podía inspeccionar el flujo de energía de Faram; en su estado "debilitado", un escaneo profundo tardaría unos segundos vitales, y la vigilancia de Valet lo restringían. Además, las emociones que detecto, aunque no eran todas por el tiempo tan corto, le indicaron por donde iba la situacion—. ¿Necesitas unos minutos de descanso? Podemos continuar más tarde. Lo importante ahora es tu salud.
Faram le dedicó una sonrisa cargada de amargura. Su esposo habría usado palabras casi idénticas. Y lo peor era que el chico no mentía: cada sílaba salía de su boca con la verdad intacta, tan pura como los milagros curativos del Rocío Lunar Blanco. En realidad, ella estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no derrumbarse y por no mostrarle a sus espectadores una faceta que nadie tenía permitido ver.
—Estoy bien, mira —dijo, ensanchando la sonrisa. Tuvo que usar una compleja combinación de energía natural y años de estoicismo para enmascarar su aura. Aunque la mirada preocupada del humano, y su posterior suspiro, dejaban claro que él no había caído en su actuación—. ¡No pongas esa cara larga! Un joven como tú debe ser más positivo. Tienes muchísimos años por delante, no los desperdicies con esa expresión tan lúgubre.
—No soy tan joven, tengo diecisiete años —comentó Elías.
En el continente de Ágaria, la mayoría de edad se alcanzaba a los doce, edad mínima requerida para convertirse en aventurero (aunque actividades de la sociedad estaban restringidas hasta los quince).
—Además, el trabajo de Héroe requiere una expresión seria —añadió, frotándose la nuca—. La he usado tantas veces en mi viaje que ya me cuesta eliminarla.
—¿En serio? Pensé que un Héroe debía tener siempre una expresión luminosa y positiva. Ya sabes, para agradar al público y darles esperanza —opinó Valet, interviniendo en la charla—. Un Héroe carismático transmite la certeza de que todo estará bien. No te lo tomes a mal, pero un Héroe serio me hace sentir que estamos en las últimas y que la derrota está a la vuelta de la esquina. No me inspira confianza.
Elías tuvo que darle la razón en silencio. La apariencia comunica mucho más de lo que los guerreros admiten. Según le había comentado Dasha, cuando la anterior Sacerdotisa Principal, Yulia, abdicó para cederle el cargo, le recalcó que el Héroe debía ser un "pilar inamovible" para toda la Alianza. El problema era que Elías no podía cumplir con ese ideal. Sus sentimientos de pérdida y la culpa por sus errores se interponían constantemente, apagando cualquier atisbo de carisma fingido. El hecho de que las masas prefirieran adorar a Noah como el "Héroe ideal" lo había aliviado bastante en esa área.
—Es un tema complejo del que preferiría no hablar. Solo deben saber que mis expresiones jamás afectaron el rendimiento de mis ejércitos —dijo Elías, rascándose el cuello.
Ocultar su nerviosismo era difícil, sobre todo con aquellas dos mujeres observándolo con tanto interés analítico. Mucho menos, con los Chameleon ocultos que analizaban, apuntaba e intentaban aprender todo sobre él.
—En cuanto al alcance de mi Autoridad, no sabría darles un estimado real. Domino mi poder por completo, pero nunca he sentido la necesidad de llevarlo a ese límite destructivo. No sabría a ciencia cierta si puedo hacer la hazaña que mencionaste, Faram.
—Entiendo. Al menos espero que algún día me muestres una fracción de esa Autoridad en nuestros combates. Los pocos libros que hay en la isla no son muy descriptivos sobre tu Autoridad que digamos, ¿verdad, Valet?
—Sí. Los textos que mencionan a la Reina Demonio y al Héroe carecen de detalles técnicos —confirmó la capitana—. Recuerdo que el libro de Pangea, que recopila las historias de los individuos más fuertes de Edén, solo decía que ustedes dos son inalcanzables e imposibles de vencer. Los líderes ocultaron las verdaderas hazañas de ambos, dejando apenas esa vaga descripción mítica. Nadie indagó lo suficiente por temor a molestar a la cúpula. Con tal imagen invencible, tú y la Reina Demonio han inspirado a muchísimos aspirantes a llegar a la cima. ¿Qué piensas de eso?
—¿Qué pienso? Bueno... que es problemático —respondió Elías, dejando escapar un suspiro cansado—. ¿Estar en la cima? Lo dudo mucho. Perdón por destruir esa imagen divina que tienen del Héroe, pero no soy el ser más fuerte de la existencia. Si me quitaran mi Autoridad, la Reina Demonio podría asesinarme con la misma facilidad que a cualquier otro.
Faram y Valet lo escucharon en silencio.
Muchos libros y fanáticos inflaban demasiado la figura del Héroe y, por consiguiente, la leyenda. Pero Elías tenía los pies aterradoramente fijos en la tierra. Sabía que sin sus poderes, sin medios y sin su Autoridad, no sería tan invencible. Aunque la Autoridad es propia de uno.
—Si ambas aspiran a llegar a la cima, no se conformen con el pequeño pico que la Reina Demonio y yo representamos —sentenció Elías, mirándolas con una seriedad que helaba la sangre pero que, a la vez, resultaba profundamente inspiradora—. Escalen montañas más altas, más extensas y mucho más desafiantes.



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 02.04.2026

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