El Destino del Héroe

Capitulo 24

Elías observó los rostros de ambas Chameleon y suspiró.
Aquella expresión de asombro mudo la había visto antes, especialmente en su difunta amiga y amor María cuando él respondió a una pregunta similar. En aquel entonces, ella también se había sorprendido, pero luego se molestó y se marchó profundamente decepcionada, solo para volver horas después exigiendo un combate. Tal era la devoción ciega que el mundo le profesaba a la figura del Héroe; sus mentes simplemente no comprendían, o se negaban a aceptar, que esa grandiosidad mítica no era tan inmensa ni tan perfecta como los libros la pintaban.
Espera esa reaccion de su amiga, despues de todo, ella era uno de los experimentos humanos para superar al Héroe, el Héroe artificial. No obstante, las miradas que le dirigían Faram y Valet no eran de furia, ni las emociones se comparaba a la de Maria y sus hermanos, sino de tristeza y... ¿alivio? Eso ultimo lo desconcertó por completo, porque venía de Valet.
«¿Por qué me miran así? Deberían estar molestas por mi respuesta, o incluso mirarme con desprecio por destruir su ídolo. Pero lo que percibo en su aura es otra cosa... ¿Será algo particular de esta isla?»
Nunca antes había percibido una combinación de emociones tan intensa y contradictoria ante su pesimismo. Bueno, sí lo había hecho, pero no en torno a este tema tan delicado. Tampoco ayudaba que solo percibiera el cincuenta porciento de emociones.
«No... esta sensación la he sentido antes», recordó, frunciendo el ceño. «Dasha y mi abuelo reaccionaron de forma similar en un par de ocasiones. Las situaciones fueron diferentes, pero el núcleo emocional era idéntico. Tal vez se deba a la forma en la que cambié mi manera de pensar en ese entonces y ahora».
Nunca logró entender qué generaba esas reacciones empáticas en personas tan cercanas a él. Las pocas veces que preguntó, tanto su abuelo como la Sacerdotisa Principal se limitaron a tocarle el hombro derecho con una sonrisa indulgente, indicándole que debía buscar la respuesta por sí mismo.
«Tal vez en esta tribu pueda desentrañar finalmente esas dudas. No sé cuánto tiempo pasaré aquí, y dudo que pueda comunicarme con Dasha... aunque ella igual nunca me contestaría de forma directa».
—Vaya, no tenía ni idea de que el Héroe pensara así —comentó Faram, genuinamente preocupada por la salud mental del chico. Esa visión autodestructiva y carente de ego no era sana para su desarrollo personal. Se preguntó qué horrores debía haber vivido a tan corta edad para moldear su mente de ese modo—. ¿Me contarías un poco de tus aventuras? Estoy interesada en conocer los cambios del mundo exterior.
—Está bien. De todas formas, planeaba contar un poco de mis viajes esta noche.
—¡Cierto, hoy es día de fogata! ¿Cómo pude olvidarlo?
—¿También ustedes celebran las cosechas? —preguntó Elías.
—Sí. El primer líder de la tribu instauró una fogata semanal para fortalecer los vínculos entre los habitantes. Hoy en día, esa tradición se amplió a dos días por semana —respondió Faram, frotándose la sien con nerviosismo. Se había olvidado por completo de que era su turno de preparar los bocadillos y las bebidas—. ¡Qué suerte que vinieron! Si no me lo hubieras recordado, habría recibido una reprimenda de mi padre.
—¿Quién es tu...?
—Tengamos nuestro combate ahora, Elías —interrumpió Valet de golpe. La intensidad en su mirada y el filo en su tono de voz detuvieron a los presentes—. Faram, permítenos usar el campo de entrenamiento. También necesito que refuerces la barrera con tu energía cósmica, actives el modo de preservación y nos metas en una de tus creaciones.
—¿Combate? ¿De qué hablas? ¿No se suponía que debíamos enseñarle a nuestro invitado su nuevo trabajo? —preguntó Faram, extrañada.
Entendía parcialmente por qué Valet deseaba enfrentarse al Héroe, más aún después de las palabras autocríticas del joven. Lo que resultaba inusual era que la rigurosa capitana estuviera actuando fuera de las prioridades tácticas. Aquello no parecía venir de una orden de su padre, cuya única misión parecia ser escoltar al forastero e instruirlo en las labores de la granja.
—No sé por qué sales con eso ahora, Valet —continuó la jefa de la granja—. Puedes dejar ese combate para antes de la fogata. Lo prioritario es que Elías aprenda sobre la granja y sea guiado a su alojamiento.
—No, tiene que ser ahora. Por favor, Faram, préstanos el campo.
—Está bien... —suspiró Faram, rendida—. Te lo prestaré si, a cambio, me ayudas a preparar los platillos para la fogata.
—Hecho. Te ayudaré. Guíanos, entonces.
—No te apresures, apenas estoy comenzando a imbuir energía cósmica en el terreno —dijo Faram, cerrando los ojos mientras redirigía un flujo masivo de energía desde las líneas ley de la granja hacia el campo de combate.
Cuando Valet se metía una idea en la cabeza, actuaba igual que la propia hija de Faram: incontrolable. Era tan terca que tardaría medio día en disuadirla, tiempo del que no disponía. Luego, giró la vista hacia Elías y notó su absoluta serenidad frente a la determinación marcial de su antigua alumna.
—Por lo que veo, estás de acuerdo con esto.
—Sí. Antes de llegar aquí acepté tener tres combates diarios con ella. Disculpa las molestias.
—No importa. Así podré observar parte de tus habilidades —respondió Faram, restándole importancia con un gesto de la mano.
Un enfrentamiento de ese nivel le serviría tanto al escuadrón oculto, como a Valet y a ella misma para medir las aguas. Aunque, en el fondo, se sentía algo culpable por aprovechar la amabilidad del chico para evaluar las defensas de la tribu y ver si harían efecto.
—¡Oh, cierto! Se me olvidaba buscar algo. Ya regreso.
Cuando Faram entró a la cabaña, dejó tras de sí un ambiente eléctrico. Ninguno de los dos guerreros inició una conversación; la tensión era tan densa que cualquier palabra fuera de lugar empeoraría la situación. Ambos sabían que las palabras no bastaban para responder lo que el otro había expresado durante el trayecto y estos últimos momentos. Había inquietudes que solo podían resolverse en medio del choque de puños y poder.
Desde las sombras de los árboles, el Escuadrón Silent observaba al humano con un cóctel de emociones predominado por el repudio. Para muchos de ellos, la posición del Héroe y de la Reina Demonio representaba el pináculo absoluto de la fuerza terrenal. Escuchar al propio Héroe desestimar ese estatus como si no valiera nada les resultaba casi un insulto a sus propias aspiraciones. Su molestia por tenerlo en la aldea mutó en furia en algunos de los vigilantes. Contaban los días para que pasara el mes de prueba y el líder lo expulsara de una vez por todas.
Dentro del grupo, solo Garj y Mart no se dejaron cegar por las emociones y comprendieron la mirada compasiva que Faram le había dedicado momentos antes. Ambos sabían exactamente a quién había visto ella reflejado en el cansancio del joven. Su estrecha relación con la jefa les permitía entender mejor la carga que destrozaba al forastero por dentro.Aun así, eso no impedía que se sintieran ligeramente ofendidos: Elías les hablaba desde una cima de poder que ellos aspiraban con una carga que desconocían. Podía parecerse un poco a Hect, el difunto esposo de Faram, pero esas palabras derrotistas no debían provenir de alguien que encarnaba a la máxima figura de que todo aventurero buscaba superar, el Héroe.
Unos segundos después, Faram salió de la casa acompañada por otra joven Chameleon.
Su simple aparición tomó por sorpresa a todo el escuadrón oculto y despertó de golpe el interes y alarmas de Elías. Los vigilantes estaban boquiabiertos: el alcance del camuflaje de la mayor prodigio de la tribu había evolucionado a tal punto que ninguno había detectado que ella estaba en la granja todo este tiempo.
En cuanto a Elías, sus sentidos alertaron un peligro inminente. En todo este tiempo, no había detectado ningún rastro de la chica con su Autoridad. Lo mas alarmante es la cantidad descomunal de Energía Abismal que poseía y no consiguió sentir antes.
«Esta chica es un monstruo», pensó, analizando la energía oscura y densa que emanaba la joven. «El Poder Abismal no se obtiene fácilmente. Dudo que haya actualmente más de diez personas en todo el continente que lo posean... ¡Y aun así, ella los supera por mucho en pureza!»
La densidad y pureza de su Poder Abismal no era propia de seres vivos, ni siquiera de entidades e individuos que dedicaron toda su vida a refinar y utilizarla. Sus propiedades estaban tan pulidas que carecían de las fluctuaciones erráticas típicas de esa energía. Ni siquiera los miembros de mas alto nivel de los cultos que veneraban al Mar Primordial rozaban ese nivel de perfección. Tal vez la Sacerdotisa Principal del culto del Pozo Profundo, y eso era porque era especial dentro de ese grupo.
«La única posibilidad lógica es que sea una Autoridad recién despertada con una afinidad incalculable hacia el Mar Primordial. Por algo me fue tan dificil descubrirla», dedujo Elías, tensando los músculos. «De otro modo, no habría razón para que una tribu tan precavida perdiera el Festival Solar o necesitara mi ayuda de forma tan desesperada».
El Poder Abismal —también conocido en los grimorios arcanos como el Poder Oceánico de la Estrella Violeta— era la energía base del Mar Primordial. Caótica como las aguas de la entropía que la originaban, entraba en conflicto con toda la materia de la existencia, corroyendo tanto el cuerpo como el espíritu de quienes la tocaban. Su efecto natural provocaba que cualquiera que intentara absorberla perdiera el control de sus fuerzas internas, terminando consumido desde dentro hasta desaparecer de la realidad por la eternidad.
Elías repasó mentalmente las asfixiantes leyes detrás de esta esta energia. Para obtenerla sin morir, un individuo debía cumplir cinco requisitos absurdos: primero, haber accedido a la etapa de Vida Interna; segundo, extirparse del flujo natural del mundo (el Camino del Dao) para no ser frenado ni por el cielo ni por la tierra; tercero, carecer de cualquier "Sistema" de asistencia externa, interfaces de progresión o ayuda externa de tal índole ; cuarto, conservar intacta su vasija espiritual y limitador; y quinto, ser escogido personalmente por el Mar Primordial. Aunque la Erudita de las Estrellas, que también poseía esta energia, especulo que había un sexto requisito, que la volvía muy exclusiva.
Cada requisito probaba la valía ontológica de un guerrero, demostrando que no dependía de favores de la Existencia para avanzar, aclimatando el cuerpo físico para soportar el caos puro de lo anterior a los mismos conceptos. Sin embargo, Elías sabía que todos esos requisitos —excepto el último— podían ser eludidos si el individuo poseía una Autoridad versátil e incalculable, como la suya, la de la Reina Demonio... o la de la chica que tenía enfrente. También, pertenecer a un Culto del Mar Primordial, como el Culto del Pozo Profundo, conseguía ese mismo logro.
—Maestra, creí que interrumpir mi entrenamiento en la dimensión de bolsillo y salir sería una pérdida de tiempo. Me equivoqué —dijo la joven Chameleon con una sonrisa afilada, clavando la mirada directamente en Elías—. ¡Eres muy interesante, portador del título de Héroe! ¡Ahora entiendo por qué el mundo te considera una amenaza tan grande! ¡Permíteme probarte un poco!



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 12.04.2026

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