El Destino del Héroe

Capitulo 26

Elías dejó de prestar atención a las miradas pesadas de los Chameleon ocultos y dirigió la vista al frente.
Al observar el área de entrenamiento —un campo de tierra desnuda de unos trescientos metros cuadrados, delimitado por pequeños árboles en los extremos—, una sonrisa nostálgica se dibujó en sus labios. El primer campo que había pisado en su vida para entrenar bajo la estricta tutela de su abuelo era casi idéntico. Encontrarse con un escenario tan familiar justo en el amanecer de su nueva vida le pareció un buen presagio.
«Es irónico que la primera batalla de mi nuevo camino tenga los mismos cimientos que los de mi abuelo», pensó Elías, con una mezcla de extrañeza y respeto. «No me extrañaría que la diosa Génesis haya movido los hilos para preparar este escenario».
Durante todo su viaje como Héroe, la diosa había manipulado sutilmente ciertos elementos de su entorno para demostrarle su apoyo. Lejos de molestarle sentirse observado por la deidad que le había impuesto aquel titulo maldito, esas pequeñas intervenciones lo mantuvieron enfocado y le ofrecieron consuelo en sus peores momentos de fracaso.
Génesis era una entidad de benevolencia insondable hacia todas las razas, incluida la demoníaca. A veces utilizaba su poder para reparar el tejido de la realidad tras batallas cataclísmicas, desastres provocados por mazmorras mutantes o un problema que necesite su invervencion. Otras veces —para la absoluta confusión y el nerviosismo de Elías— simplemente aparecía en sus sueños. Se sentaba a hablar de temas cotidianos o, directamente, lo abrazaba en una cama que surgía y desaparecía mágicamente en el paisaje onírico de su mentw. Elías nunca supo si lo hacía por órdenes directas del Creador o por simple voluntad propia.
«Espero que este campo sea una señal de que aún me respalda, y no de que está furiosa por dejarle el trabajo final a Noah», tragó saliva, sintiendo una punzada de culpa. «No quiero ser asaltado en mis sueños esta noche solo para recibir un regaño divino. Como la que me dio el titulo de Héroe, me interrogará sobre mi decisión y tomara cartas en el asunto.»
Aquellos gestos afectuosos hacían de Génesis un ser indescifrable. Elías había aprendido a leer a psicópatas impredecibles, había vencido a las Semillas Apocalípticas del Mar Primordial y había superado las implacables tácticas de la Reina Demonio... y aun así, jamás lograba anticipar los pensamientos de la protectora de ese Piso. Menos aún cuando ella soltaba una risa tierna cada vez que él intentaba, y fallaba estrepitosamente, usar su Autoridad para descubrir sus secretos.
Génesis y Dasha habían sido sus mayores pilares. Fueron las cuerdas que evitaron que cayera en el abismo de la locura cuando perdió a Alfred, a María y a los hermanos de ella. Gracias a ambas, no cometió el error imperdonable de aniquilar a todas las razas de cada Piso tras consumar su venganza.
«Solo espero que no terminemos en malos términos. Ella es uno de los pocos vínculos que aún conservo y valoro de verdad».
Mientras Elías se perdía en sus memorias, Faram ordenó a Orelia que se mantuviera a unos metros del perímetro y condujo a los dos combatientes hacia el centro del campo.
Faram mentiría si dijera que no estaba impaciente por ver las habilidades del Héroe y evaluar de primera mano tanto su condición física como su mentalidad. Este último aspecto la tenía particularmente preocupada. El derrotismo y el desprecio hacia su propio poder no conformaban una psicología sana para alguien que cargaba con el peso de semejante título. En el complejo ecosistema de las fuerzas de la existencia, menospreciar un título de esa envergadura podría causar un efecto en cadena desastroso sobre los títulos debajo del titulo de Héroe.
«¿Qué tipo de vida ha tenido, o qué Autoridad posee exactamente, para pensar así?», reflexionó la jefa de la granja, observando la espalda del chico con cautela. «Negar una parte de la Autoridad es como negarse a sí mismo. Nunca he oído que alguien rechace su propio poder... al contrario, poseerlo te introduce en las ligas mayores y, sobre todo, es una guía hacia el autoconocimiento».
El enigma que representaba Elías la intrigaba profundamente. No le bastaba con leer su historial de batallas; necesitaba contexto. Tal vez el inminente duelo contra Valet le ayudaría a comprenderlo mejor. Nunca había leído registros de un Héroe anterior con una línea de pensamiento tan autodestructiva. ¿Qué había cambiado esta vez?
«El alma del Héroe siempre sera la misma, al igual que el alma de la Reina Demonio. Por algo, solo ellos pueden ostentar esos titulos. Si Elías piensa de esa manera, tuvo que ocurrir algo extremo en su vida para generar y creer esos pensamientos.»
Faram guardó esas preguntas bajo llave. Por ahora, se limitaría a diseccionar los movimientos del joven. Cuanta más información reuniera, más fácil sería deducir las causas detrás de su visión particular del mundo. Además, ver el rostro de su difunto esposo reflejado en el dolor de Elías la obligaba a reducir sus propias defensas emocionales, lo cual era vital para evitar que el Escuadrón Silent malinterpretara sus intenciones y exigiera la expulsión del forastero.
—Bien, aquí estamos —anunció Faram, deteniéndose en el centro del terreno—. Este campo de entrenamiento cuenta con una barrera de clase Desastre Universal. Al tratarse de una de mis construcciones multiversales, la densidad de esta formación hace que los materiales sean extremadamente robustos y poco frágiles, así que pueden soltarse un poco. Ambos tienen permitido usar técnicas o habilidades de nivel multiversal o inferior. No queremos destruir mi creacion, la barrera, el ecosistema y arruinar mi granja.
Observó a los dos guerreros mientras estos caminaban hacia los extremos opuestos del campo, tomando distancia.
—No sé cómo organizaron las reglas de su combate —continuó la jefa—, pero yo, como testigo oficial, necesito conocerlas para determinar al vencedor según los acuerdos estipulados.
Faram cruzó los brazos, esperando una respuesta. Lo que obtuvo a cambio fue un silencio absoluto y miradas avergonzadas. Al detallar sus rostros, notó un leve sonrojo asomándose en las mejillas de ambos combatientes. Faram sonrió, inmensamente divertida: los dos estaban tan ansiosos y emocionados por enfrentarse que se habían olvidado por completo de establecer las reglas básicas de un duelo.
La jefa de la granja soltó una carcajada cristalina, acompañada desde la distancia por las risas de Orelia. Ver al legendario Héroe y a la estricta capitana del Escuadrón Silent arrojándose a la batalla con el mismo impulso ciego de dos adolescentes sin experiencia era una escena impagable.
—¡Ja, ja, ja! Ustedes dos son un caso perdido. ¡Están tan concentrados en el otro que olvidaron la etiqueta básica de un combate amistoso! —rio Faram con ligereza. Luego, le lanzó una mirada cargada de burla a su discipula—. Oh, pequeña Valet. Me pregunto qué diría tu padre si te viera actuar de esta manera. ¡Por fin dejaría su silla y celebraría todo el día!
—Estás minimizando las cosas, maestra —intervino Orelia a gritos, disfrutando inmensamente de la situación—. Feredit saltaría de su asiento, buscaría a Valet y la arrastraría a un viaje peligrosísimo por las mazmorras más salvajes de la tribu para celebrarlo con sus amigos. ¡Y después de eso, festejaría durante un mes entero!
Orelia conocía a Valet lo suficiente como para saber que ese tipo de descuidos impulsivos no eran propios de ella... y pensaba aprovechar el momento para molestarla todo lo que pudiera.
—¿O acaso hay un motivo especial en esta ocasión? ¿Hay algo que nos quieras contar, Valet? —insinuó la joven.
—¡Cállate, Orelia! —exclamó la capitana.
El color de sus mejillas subió un par de tonos. Sabía perfectamente hacia dónde apuntaban las insinuaciones de la prodigio de la aldea, y no le agradaba en absoluto el rumbo de la broma. —¡No tiene nada que ver con eso! A veces uno simplemente se olvida de algunas cosas antes de pelear. ¡Tú también lo has sufrido!
Faram y Orelia rieron aún más fuerte ante la reacción defensiva de la Chameleon. Sabían de sobra que Valet no albergaba ningún sentimiento romántico hacia Elías; su urgencia nacía puramente de su obsesión marcial. Sin embargo, burlarse de ella ayudaba a aligerar la pesada atmósfera y a reducir la tensión muscular de la propia Valet. En el fondo, no podían culparla por estar nerviosa: estaba a punto de intercambiar golpes con alguien considerado un monstruo... incluso por los mismos monstruos que habitaban en la cima de la historia de los Pisos.
—Disculpen la interrupción... ¿podemos escoger las reglas ahora? —preguntó Elías, con una serenidad inquebrantable, cortando las risas.
Quería concluir el combate para aprender las normas de la granja y comenzar a sembrar cuanto antes. Además, necesitaba distraerse urgentemente de lo que sus ojos y su habilidad Emociones Reflejadas le estaban mostrando en ese momento. Ya tenía suficientes problemas apocalípticos y psicológicos como para sumarle enredos románticos o malentendidos tribales a la lista.
Las tres Chameleon se miraron entre sí unos instantes y luego asintieron, aún reprimiendo algunas risitas. Claramente, Valet no era la única con ganas de que sonara la campana. Aunque sus razones eran muy distintas, ambos peleadores necesitaban la catarsis del combate: Elías para avanzar hacia su soñada vida pacífica, y Valet para comprender, a través de los puños, al insondable joven que tenía enfrente.
—Bien. Ya que ninguno trajo reglas definidas, propongo que cada uno elija una condición —sugirió Faram, retomando su rol de árbitro—. Serán cuatro reglas en total: la primera la pondrá Valet; la segunda, Elías; la tercera, Orelia; y la última la pondré yo.
Al no recibir ninguna objeción, asintió y se dirigió a los competidores.
—Como todos estamos de acuerdo, empieza Valet. Pero antes de elegir, recuerden mi regla inamovible: no pueden modificar la geografía de la zona de combate mediante manipulación directa de la realidad, ni pueden usar objetos de apoyo salvo armas de nivel inferior a la escala multiversal. Eso arruinaría la experiencia táctica y eliminaría el beneficio real del enfrentamiento. Es su primer combate de muchos; no peleen como si fuera el último.
Nadie puso objeciones a la restricción impuesta por la líder de la granja. De hecho, aquella limitación beneficiaba tanto a los peleadores como a los espectadores. Al suprimir la destrucción masiva, se añadía un factor de misterio técnico. Permitiría que los presentes observaran la progresión natural y el ingenio de cada duelista, ofreciendo a ambos la oportunidad de aprender de los misterios del otro, ampliando su comprensión de las leyes del combate, tanto dentro como fuera de la isla.



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 12.04.2026

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