Valet reflexionó con seriedad sobre la restricción que escogería. Al ser este su primer enfrentamiento contra el objetivo, no tenía prisa por revelar todas sus habilidades. Sin embargo, las palabras pesimistas del joven aún resonaban en su mente, incitándola a ir con todo para obligarlo a confesar por qué pensaba de esa manera.
«Por mucho que me gustaría exprimirle la verdad a golpes, no puedo permitir que mis impulsos perjudiquen la misión de vigilancia y posterior decisión de su permanencia. Mejor me guardo el interrogatorio para después de las Pruebas de Madurez. Para ese momento, las aguas de su llegada estarán más calmadas... Además, noté algo raro cuando Elías esquivaba los ataques abismales de Orelia».
Las heridas internas causadas por el uso de técnicas corporales extremas no eran extrañas; esa clase de habilidades siempre llevaban la biología al límite. Pero los ataques de Orelia, aunque letales, no tenían la presión suficiente como para forzar al Héroe a sobreesforzarse a ese nivel. La única explicación lógica era que Elías había llegado a la isla severamente herido, y la fuga masiva de energía estaba anulando su regeneración.
«¿Será que vino directamente de su enfrentamiento contra la Reina Demonio? Nunca leí que ambos eventos, su combate y llegada ocurrieran el mismo día, aunque la historia oficial es tan vaga que no puedo descartarlo.También, nunca hubo mención de que sufrieran una fuga de energia, así que debo investigarlo mas tarde. Enfrentar a un oponente tan mermado le quita algo de valor a la victoria, pero me servirá para medir su estado base».
La nueva información hizo que Valet reconsiderara su regla. No había mucho valor en enfrentar a un oponente tan debilitado. Aunque Elías poseía una Autoridad y era el Héroe, estaba segura de que se negaría a utilizarla al ella no haber avanzado más allá de la Esfera de Sueño. Aun así, el estado de Elías no impediría que diera todo de sí ni que ella pudiera probar un poco las capacidades del elegido de la diosa Génesis.
—Lo tengo —anunció Valet con firmeza—. Primera regla: solo se permiten técnicas corporales y magia. El uso de energías puras, como la Energía Natural —que maximizan las capacidades u operan sobre los tres cuerpos—, queda estrictamente prohibido. Por supuesto, las armas o artefactos que cumplan funciones similares también quedan restringidos.
—Buena regla, Valet —la felicitó Elías con una sonrisa.
Para alguien en su situación actual, esa primera restricción limitaba las opciones de sus rivales e indirectamente fortalecía su objetivo de pelear sin agravar sus lesiones. Un movimiento hábil por parte de su nueva compañera de probarlo dentro de las capacidades de su estado actual.
—Antes de escoger mi regla, quiero hacerte una pregunta técnica: ¿tienes dominada tu Autoridad?
—No. Mi progreso para dominarla está estancado en el segundo paso: el Lienzo Mental —reveló ella sin pudor. Había intentado miles de métodos de entrenamiento, pero su afinidad natural no terminaba de encajar con algunos requisitos de esa fase—. Si ya puedes activar tu Autoridad, debes entender lo complicado que es avanzar en esta etapa.
—Entiendo —respondió Elías, algo extrañado
.
Con solo observarla, él podía percibir que Valet poseía todos los requisitos técnicos y espirituales para completar ese paso e incluso iniciar el tercer paso, el segundo más difícil de todos. A menos que estuviera bloqueada por algún trauma psicológico profundo, ya debería ser una usuaria que domine el segundo nivel.
—Entonces, regla número dos: no se permite el uso de la Autoridad ni de sus pasivas, a excepción del primer nivel de la Autoridad y de las pasivas en ese nivel . En cuanto al rango de las pasivas y activas, solo podrán utilizarse en un rango máximo de un metro.
—Le acabas de quitar todo lo divertido al combate, Héroe —refunfuñó Orelia, cruzándose de brazos con evidente molestia.
La prodigio de la aldea tenía un interés abismal en la Autoridad del Héroe. Hacía solo unos minutos, la Autoridad de Orelia había comenzado a resonar débilmente ante la presencia del humano. Aquel evento desató un hambre intensa en su interior, ya que esa resonancia significaba que el poder de Elías estaba en la misma longitud de onda conceptual que la suya. Quería obligarlo a tener un combate con ella, forzarlo usar la Autoridad y comprobar en primera persona su verdadero poder.
—Terminemos esto rápido —dijo Orelia, chasqueando la lengua mientras intentaba calmarse. Si no podía forzarlo a usar su Autoridad en ese momento, al menos acorralaría sus capacidades físicas—. Tercera regla: no se permiten técnicas, magias, píldoras ni objetos que aumenten las estadísticas base de cada uno. Exceptuando los efectos hipotéticos de sus Esferas de Sueño, cualquier forma de incremento de poder o buff convierte instantáneamente al usuario en el perdedor del combate.
Todos los presentes, incluidos los miembros del Escuadrón Silent ocultos, sudaron frío ante la severidad de la chica. Si bien la regla estaba orientada a forzar un combate en estado base, era evidente que Orelia quería finalizar el duelo de Valet lo más rápido posible para iniciar uno propio e intentar quebrar los límites del Héroe. De paso, evitaba que el escuadrón reuniera demasiada información antes de que ella tuviera su oportunidad de pelear conseguirla primero.
—Eres un caso perdido, Orelia —suspiró Faram, exasperada. Había intentado por todos los medios que su discípula con mayor potencial aprendiera a ocultar su sed de sangre, pero había fracasado estrepitosamente. Tal vez era hora de cambiar el enfoque de su entrenamiento—. Bien. Ahora que ustedes eligieron sus reglas, yo dictaré la última.
La dueña de la granja guardó silencio y evaluó el panorama.
Hasta ese momento, las tres reglas forzaban un combate puramente técnico, limitado y cuerpo a cuerpo. La inutilización del arsenal de habilidades reducía drásticamente los movimientos de ambos combatientes. El objetivo táctico de la tribu era claro: estudiar las proezas marciales del Héroe desde sus cimientos. Aunque no fueran todas, si tomaban en cuenta su estado, era una base sólida para un buen comienzo.
«En este escenario, el más perjudicado es él», razonó Faram. «Incluso sin estas restricciones, la tremenda fuga de energia y el mal estado de su cuerpo ponen a Elías en clara desventaja. Si le exigen pelear a puro desgaste, su cuerpo cederá y mostrara mas de lo debido que si estuviera en optimas condiciones. Al ser la última en elegir, debo darle un pequeño respiro».
Faram se encontraba en un dilema. Por un lado, no quería que aquel chico —tan dolorosamente parecido a su esposo desaparecido— sufriera daños graves; por otro, era la líder de la instalación e hija del lider de la tribu y debía apoyar la recopilación de inteligencia del Escuadrón Silent. Tras reorganizar sus pensamientos, encontró una fórmula para cumplir ambos objetivos.
—Última regla: el combate durará exactamente un minuto. Dentro de ese límite de tiempo, quien reciba el mayor porcentaje de daño, o sea expulsado de la barrera protectora, perderá —explicó con voz autoritaria.
Luego, juntó las palmas y, manipulando el Fundamento del Yin-Yang, materializó dos insignias plateadas con forma de camaleón. Las arrojó por el aire hacia los peleadores y continuó:
—Sincronícense con estas insignias. Registrarán su vitalidad actual como el cien por ciento y detectarán cualquier daño o fluctuación. Con base en el porcentaje de salud que mantengan al finalizar los sesenta segundos, el artefacto determinará al vencedor.
Elías atrapó la insignia en el aire, la observó por unos segundos y procedió a sincronizar su maná con ella. Mientras lo hacía, la figura pasó de estado sólido a líquido, fundiéndose directamente en la piel de su palma derecha como un tatuaje brillante. No reaccionó con sorpresa ante la sofisticada alquimia de Faram ni percibió elementos dañinos en el artefacto. Solo dejó escapar un suspiro abatido por el giro táctico de los acontecimientos. No esperaba que su nueva jefa fuese tan despiadada a la hora de diseñar reglas de combate.
«Me arrepiento un poco de haber creado mi regla. Si hubiera sabido que Faram impondría un límite de tiempo, habría previsto un salvavidas defensivo. Qué problemático», pensó, frotándose la nuca. Observó cómo la jefa se alejaba hacia el límite del campo y adoptó una postura de de árbitro más seria. «Más tarde me arrepentiré mejor de mi regla. Tengo que ganar esto con el menor desgaste posible. Estoy seguro de que esa chica, Orelia, me exigirá pelear después. Si ocurre un enfrentamiento contra ella... necesitaré cada gota de energía para sobrevivir».
Faram se posicionó a unos metros del perímetro y activó la matriz de creación dimensional para cimentar el terreno. Al mismo tiempo que la cúpula transparente se generaba alrededor de la arena, le dio una orden a su estudiante.
—Orelia, fortalece la barrera con un poco de tu Poder Abismal.
Gracias a la aterradora energía de la chica, la barrera mágica pasó de tener la resistencia de un multiverso finito con múltiples dimensiones a la de un multiverso infinito con incontables dimensiones superpuestas.
—Gracias. Sin tu ayuda, habría tenido que restringir mi proximo en la Unificación Natural para contener los impactos —agradeció Faram, limpiándose unas finas gotas de sudor de la frente. Mantener estable una dimensión reforzada con Poder Abismal sin ser devorada por él al no tenerla no era tarea fácil.
Con un movimiento de la mano, materializó una enorme pantalla holográfica flotante para visualizar el combate con comodidad. Al ver que ambos peleadores fueron succionados al interior de la esfera, se cruzó de brazos.
—Te daré aquel libro que te prometí más tarde, Orelia.
—Hablemos de ese libro en otra ocasión, maestra —respondió la joven, sentándose en el pasto con las piernas cruzadas, observando la pantalla con una atención feroz—. Tengo un interés gigantesco en las capacidades del Héroe... y temo que si me descuido un solo instante, me perderé el espectáculo.
—Tienes razón —sonrió Faram—. Veamos juntas si las leyendas son ciertas, o si se quedan muy cortas.