Dentro de la dimensión, Elías analizó rápidamente su entorno.
Sus botas, ahora pesadas y cubiertas de lodo, le indicaban que había sido transportado al corazón de un pantano poco profundo. Árboles gigantescos, troncos sumergidos en aguas turbias, flora venenosa y una luz mortecina que apenas lograba filtrarse a través del denso dosel de hojas perfilaban un campo de batalla lleno de obstáculos y trampas naturales que ayudarian o dificultarian durante la batalla. Y, por último, a unos metros de distancia, la figura de su oponente. Valet estaba de pie sobre un tronco caído, con una postura tan balanceada que su cuerpo prometía una velocidad de reacción y movimiento muy superior a la barrera de la luz.
«Nada mal. Tener el tiempo de reacción necesario para saltar en el aire, tocar una superficie sólida y preparar un mínimo de cien hechizos de ataque y defensa al instante es sorprendente. Su nivel técnico debe rondar entre el rango A y B de los aventureros del exterior», analizó Elías.
Pese a estar en un estado debilitado, él había procesado todo el traslado dimensional y tuvo tiempo de sobra para caer sobre una rama o un tronco seguro. Si aterrizó deliberadamente en el fango, fue porque el pantano le servía como laboratorio experimental.
«Usemos esta batalla para comprobar qué tanto sufrió mi cuerpo. Si mis músculos están tan degradados como mi cerebro y redes de energia, no tengo posibilidad de ganarle a nadie en esta tribu sin usar mi Autoridad, mucho menos a esa prodigio llamada Orelia. Lo único rescatable de este día es que presencié el uso de una energía abismal tan pura y logré repelerla con un costo físico razonable y fácil de curar».
En retrospectiva, la situación no era del todo perjudicial. Presenciar, oler, sentir y ver el movimiento del Poder Abismal con su Autoridad —incluso estando degradado— le ayudaría enormemente a comprender la naturaleza de esa energía y, eventualmente, a utilizarla de nuevo. Él poseía una compatibilidad inmensa con el Yin-Yang y todos los elementos de la creación, pero la energía abismal siempre había sido su talón de Aquiles. Esta vez sería aún más difícil dominarla: el Mar Primordial mantenía un conflicto abierto con la diosa Génesis y, por ende, jamás permitiría que el elegido de su rival utilizara su poder con total facilidad.
Al otro lado del pantano, Valet estudiaba al Héroe con la agudeza de un ave de presa, buscando descifrar su estilo de combate, sus fortalezas y sus puntos ciegos.
Ella tenía la ventaja de haber entrenado en ecosistemas similares con anterioridad, gracias a ser discípula de Faram, por lo que un solo vistazo al fango y el ecosistema le bastó para formular su estrategia. Ese pequeño margen táctico incrementaba drásticamente sus posibilidades de victoria y debía aprovecharlo.
Los datos más relevantes que extrajo de su análisis hacia Elías fueron tres: la ropa de artista marcial reforzada con piezas ligeras de armadura, la pequeña bolsa de cuero sujeta a su muslo derecho, y una diminuta matriz mágica grabada directamente en su cuello. Este último detalle fue el que hizo saltar sus alarmas, no porque fuera una barrera protectora para la cabeza, sino por lo descaradamente visible que resultaba, incluso para un enemigo de bajo nivel.
«¿Será una trampa?», se preguntó la capitana, extrayendo un par de guantes de combate de su Sello de Alma y ajustándoselos a las manos. «Encontrarme con un oponente que exhibe una matriz tan visible me obliga a ser precavida. Destruirla a distancia no sería difícil, pero el hecho de que puedo leerla, y sé que no está conectada a ninguna técnica o sello secundario, es un claro indicio de que es un cebo. Pero... ¿por qué?»
Esa duda la mantenía cautelosa. Valet había combatido y ejecutado a una gran cantidad de individuos impredecibles, y conocía muy bien sus patrones. El humano frente a ella no se comportaba como ellos; de hecho, estaba usando un comportamiento predecible para ser impredecible. Eso demostraba que él también había destrozado a individuos con esa misma capacidad y había aprendido a manipular la psicología del combate a un punto en donde cualquier individuo impredecible se explota un libro abierto.
—¿No vas a sacar tu arma, Elías? —preguntó Valet, rompiendo el silencio. Su oponente había terminado de analizar el área y seguía allí, con las manos vacías y una calma pasmosa—. ¿Será que me desprecias hasta el punto de pelear desarmado?
—No te desprecio, sé que eres fuerte. Tu forma de reaccionar casi al instante de entrar a la esta creación multiversal demuestra la cantidad de tiempo, esfuerzo y victorias que forjaron tu camino —respondió Elías. Al ver que la expresión severa de la Chameleon no vacilaba, agregó—: Valet, los individuos como nosotros, que hemos superado innumerables pruebas de vida o muerte, sabemos que subestimar a alguien conduce directamente a la derrota. No saqué un arma porque quiero comprobar la verdadera fuerza física de los Chameleon de esta isla en comparación con los del exterior.
—Tienes una lengua muy dulce. Me pregunto quién te enseñó a hablar así —replicó Valet, suavizando un poco su postura. Era evidente que aquella excusa se le había ocurrido en el último segundo, pero decidió dejarlo pasar—. Antes de combatir, ¿tus palabras sobre lo que piensas de tu título fueron cien por ciento en serio?
—Sí. No tenía ninguna razón para mentirles. ¿Te molesta?
—Ya veo... —Valet cerró los ojos un instante, calculando la mejor forma de obtener la historia completa. Tras unos microsegundos de procesamiento táctico, abrió los ojos con un brillo astuto—. Hagamos un trato. Si me derrotas, te revelaré cómo conseguir ese mapa de las mazmorras mutantes. Si pierdes, me contarás con lujo de detalle las razones detrás de esos pensamientos derrotistas.
—Está bien. Acepto —asintió Elías, genuinamente complacido.
Esa información lo acercaría a su objetivo de prevenir una amenaza apocalíptica. Ganar ese mapa era vital y paso a una mayor prioridad. Ya podía proyectar sus primeras semanas en la aldea, mejorar su condición actual, vivir su vida pacífica antes de hacer su propio horario para destruir esas mazmorras.
—¿Cómo lo formalizamos? ¿A través del honor de nuestros nombres, palabra de guerrero, o...?
—¿Qué tal un Juramento del Vacío? —lo interrumpió Valet—. En tu situación actual, sé que no puedes retirar tus palabras con simpleza. Tómalo como una extraña costumbre mía en este tipo de combates.
—No es extraña. Me gusta esa forma de pensar. Hagámoslo.
El Juramento del Vacío era un pacto absoluto; un acuerdo entre dos partes que no podía romperse de ningún modo, ni siquiera mediante el uso de Autoridades. Las reglas de este juramento no provenían de la Existencia misma, sino que habían sido forjadas por el Mar Primordial antes de la creación. Cualquier individuo que rompiera sus términos quedaría inmediatamente en la mira de las profundas garras del Mar Primordial. Sin embargo, para que el juramento fuera válido, la apuesta debía ser voluntaria: no podía involucrar a terceros (como familiares o parejas), ni ser producto de manipulación mental, ni incluir términos que rompieran el Pacto Desconocido o disgustaran al Mar Primordial.
Era una atadura del alma muy similar al Amor Eterno. Fue creada por el Mar Primordial, siendo irrompible de cualquier modo, incluso del Juramento del Vacío. La única diferencia técnica era que el Juramento del Vacío duraba exclusivamente una vida —no perseguía al usuario en sus siguientes reencarnaciones—, mientras que el Amor Eterno trascendía el tiempo e incluso el colapso de la propia existencia al final de los tiempos.
—Yo, Elías Beaumont, juro por mi existencia que revelaré la historia detrás de mis pensamientos a Valet si me derrota de acuerdo a las reglas.
—Yo, Valet de la tribu Panther Chameleon, juro por mi existencia que revelaré la información para conseguir el mapa si Elías me derrota de acuerdo a las reglas.
Ambos peleadores juraron ante el vacío. Al instante, un hilo translúcido emergió de la nada, enlazando sus almas y sujetándolas firmemente al dominio absoluto del Mar Primordial. A ninguno le importó poner en peligro su existencia por un trato así; no era un obstáculo imposible de cumplir y, si lograban su objetivo sin manchar sus principios, todo resultaría en una ganancia neta.
Al completarse el juramento, el ambiente del pantano se volvió asfixiante.
Las miradas de ambos, afiladas como hojas de guadaña, analizaban las micro-contracciones musculares de su oponente en busca de una finta. Ninguno exudaba emociones positivas ni negativas; tampoco liberaban intención asesina ni sed de sangre. Estaban tan en calma como un estanque cristalino, desprovistos de todo ego.
La quietud absoluta se rompió cuando un viento feroz azotó el pantano.
Una fuerte y gélida ventisca, proveniente de una montaña congelada en las cercanías del bioma recien creado, barrió el agua lodosa. La cortina de neblina helada rompió el contacto visual directo entre Valet y Elías por un segundo.
Ese ínfimo instante fue la señal que ambos tomaron para detonar su fuerza. El esperado combate comenzó al mismo tiempo que la cuenta regresiva de sesenta segundos.