El Destino del Héroe

Capitulo 29

La primera en atacar fue Valet.
Aprovechando la herencia de su raza, se camufló perfectamente con el pantano y se lanzó hacia la espalda de su oponente, lanzando un latigazo brutal con su cola. Al ver que Elías reaccionaba a tiempo para esquivarlo, Valet utilizó la propia corriente de viento de su fallo para pivotar en el aire, juntando los dedos de su mano derecha para trazar un círculo mágico en una fracción de segundo.
Elías apartó la cabeza justo a tiempo. Se agachó, acortando la distancia de golpe, y atrapó la muñeca de la Chameleon milisegundos después de que ella disparara una esfera de fuego que redujo a cenizas varios árboles a espaldas del Héroe.
Con movimientos precisos y centelleantes, Elías asestó una ráfaga de golpes: un puñetazo al pecho, un tajo de mano al cuello y un golpe castigador al brazo izquierdo de la chica, rematando con una patada frontal directa al estómago. Sin embargo, Valet no retrocedió. Soportó el castigo y enrolló su cola alrededor del brazo de Elías, obligándolo a frenar su impulso. Estaba dispuesta a recibir daño con tal de inmovilizarlo.
Valet activó de inmediato la magia que había preparado con antelación.
Desde su brazo derecho no surgió un círculo mágico visible; en su lugar, una ráfaga de agujas diminutas salió disparada directamente hacia el rostro de Elías. Al mismo tiempo, tensó los músculos de su cola para impedir cualquier intento de retirada. Su táctica era letal: un ataque a quemarropa con agujas imbuidas en magia venenosa, paralizante y necrótica. Quería debilitarlo tan rápido que lo obligaría a usar su Autoridad por puro instinto de supervivencia.
Pero Elías no jugaba a ciegas.
Una de las pasivas de su Autoridad, operando en el límite del metro permitido, ya había desmenuzado la composición de los sellos ocultos bajo la ropa de la chica. Sabía exactamente qué contenía cada aguja. Aunque los venenos y la necrosis no le afectarían debido a su fisiología hereditaria y Autorifad, quería seguirle el juego a Valet.
Al ver cómo las agujas se aceleraban mediante magia de viento, Elías se agachó bruscamente, arrastrando a Valet con él, y usó su mano libre para sujetarla y guiarla hacia el enjambre letal. No le sorprendió en absoluto que ella dejara de sujetarlo con la cola, se liberará de su agarre y utilizara el brazo de él como trampolín para impulsarse hacia arriba y esquivar las agujas. De hecho, la quería exactamente allí. Con un movimiento fluido de su pierna, Elías pateó un chorro de agua lodosa directo a la cara de su rival para desconcentrarla, atrapó su cola en el aire y la estrelló violentamente contra el suelo del pantano.
Valet recibió el impacto de lleno. Al no poder usar magia para endurecer su cuerpo según las reglas de Orelia, el daño fue real. Aun así, en el mismo instante en que su espalda tocó el fango, llenó sus pulmones con agua del pantano y escupió un proyectil acuático hiper-comprimido, reforzado con magia de viento y aceleración.
El impacto dio de lleno en el rostro de Elías.
Valet aprovechó ese microsegundo de distracción. Se apoyó en el fango, giró sobre sí misma y enroscó sus piernas alrededor del cuello de Elías, derribándolo. Lo clavó contra el suelo e inició una llave de estrangulamiento perfecta, decidida a noquearlo cortando su flujo de aire y ahogarlo en el agua pantanosa.
En ese preciso instante, decenas de burbujas comenzaron a brotar del agua fangosa bajo ellos.
Valet las notó de inmediato. Soltó una maldición, liberó a Elías y saltó hacia el cielo con toda la fuerza de sus piernas. Un milisegundo después, una explosión ensordecedora hizo hervir el lago pantanoso, levantando una cortina de vapor y lodo que anuló por completo la visibilidad.
Suspendida en el aire y empapada, la capitana evaluó su situación. La invisibilidad estaba descartada; no podía usar magia de viento para secarse sin revelar su posición, y el primer nivel de su Autoridad no lograba percibir a Elías en la neblina, descartando a su vez usar sus sentidos naturales. Había desaparecido del radar en el instante de la explosión. Sin embargo, su pasiva de Percepción de Peligro le taladraba el cráneo, advirtiéndole de una amenaza inminente, aunque no le decía de dónde venía.
«¿Acaso usó una pasiva de su Autoridad?», pensó Valet, creando plataformas de viento bajo sus pies para retroceder lejos del epicentro. «Por lo que escuché en la charla con el líder, su poder es muy versátil, pero no creí que lo fuera tanto. Pensé que el límite de un metro lo asfixiaría. ¿Es esta la experiencia de combate de alguien que domina por completo una Autoridad?»
Mientras exprimía sus sentidos al máximo, Valet dudaba. Toda Autoridad se basa en un concepto; la de ella era la Percepción de Peligro. Comprendía las limitaciones de Elías, por lo que su repertorio actual debía ser muy reducido. No obstante, sus pensamientos se detuvieron en seco al sentir un cosquilleo en la piel.
Se dio cuenta demasiado tarde. Una fina pero devastadora corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo.
Valet reaccionó por instinto, cubriendo su piel con una capa microscópica de magia de tierra que emulo la Mica; no para fortalecerse físicamente, sino para aislarse del agua y de la atmósfera que conducian la electricidad.
«Tuvo que usar una pasiva para ocultarse, y luego lanzó magia eléctrica como una red para que viajara a través de las gotas de agua que caían de la explosión», especuló, impresionada a pesar del dolor. «Tuvo que formar un manto de invisibilidad y, simultáneamente, enmascarar la corriente eléctrica el tiempo suficiente para que me impactara. Y todo en cuestión de milisegundos...».
Antes de que pudiera recuperarse, Elías apareció materializado frente a ella.
Giró sobre su eje y le propinó una patada demoledora en el abdomen que la envió volando como un meteoro hacia el bosque, a kilómetros de distancia. Sin darle respiro, Elías se lanzó hacia adelante, manifestando un arco desde su Sello de Alma. Tensó la cuerda vacía y comenzó a materializar flechas de pura energía mágica. Imbuidas con magia de velocidad y alteraciones del espacio-tiempo, la ráfaga de proyectiles cruzó la distancia de veinte kilómetros en un instante.
Por desgracia para Elías, su oponente reaccionó.
Valet frenó su vuelo destructivo clavando su cola en el terreno y, usando ráfagas precisas de magia de viento combinadas con artes marciales, desvió la trayectoria de las flechas sin llegar a tocarlas, evitando que detonaran al contacto. Desvió cientos de proyectiles en tan solo un microsegundo.
Un microsegundo después, cientos de explosiones florecieron a sus espaldas, devastando cientos de hectáreas enteras de bosque simulado.
«Nada mal. Su reacción fue instantánea y eso que no pudo mejorarse. Obviamente debería tener este nivel; por algo es la líder del Escuadrón Silent», analizó Elías, desplazándose a ras de suelo y utilizando la densa vegetación para romper la línea de visión a intervalos regulares. «Dudo que camuflarme ayude mucho. No pienso usar otra pasiva de mi Autoridad para ocultarme sin un obstáculo físico de por medio. Tengo que mantener la mayor cantidad de información oculta de esa chica Orelia».
A pesar del caos, Elías ya había recopilado toda la información táctica de Valet. Su estado actual lo había ralentizado, pero agradecía que solo le hubiera tomado desde el inicio del combate hasta el momento en que él sujetó su cola para "leerla" por completo. Conocer el funcionamiento de la Autoridad de la chica le permitió saltarse su Percepción de Peligro y eludirla por unos segundos. Además, comprobó lo problemático que resultaba que Valet empleara el primer nivel de una Autoridad, la Esfera de Sueño. Era una variable crítica que debía mantener vigilada en todo el combate.
Sin embargo, aunque las ganancias de información eran inmensas, Elías enfrentaba una desventaja territorial absoluta. No tenía la menor idea sobre la vegetación, la geografía o los elementos de la creación multiversal de Faram. Había cosas que reconocía por grimorios antiguos, pero, dado que esa isla se había conservado intacta desde antes del Gran Cataclismo, el elemento sorpresa estaba del lado de la capitana y el tiempo que ocupo para leerla lo consolido.
En ese instante, Elías pasó junto a un racimo de frutas rojas llenas de protuberancias.
Antes de que pudiera reaccionar, los frutos estallaron, liberando una densa nube de polvo carmesí diseñada para provocar ceguera, picazón y una intoxicación severa. Aunque su cuerpo purificó la toxina al instante y la picazón apenas se registró en su cerebro, la ceguera temporal fue real. Ese ínfimo descuido visual —sumado a que su pasiva de lectura ya no era omnisciente ni burlaba el tiempo y no tiempo como antes— fue el catalizador perfecto que Valet necesitaba para contraatacar.
Elías apenas logró abrir los ojos cuando vio el puño de Valet a escasos centímetros de su cara.
Frente a los nudillos de la chica giraba una esfera azul oscura, rodeada por complejos círculos rúnicos diseñados para maximizar la velocidad, multiplicar la masa y elevar los vectores de impacto a niveles cataclísmicos.
Elías no tuvo tiempo de esquivar. Pero no porque su cuerpo no fuera lo bastante rápido para apartar el rostro y mitigar el daño. No. No pudo esquivar porque, ante la inminencia de un impacto tan letal, una de las pasivas más destructivas y autónomas de su Autoridad intentó activarse para aniquilar a la amenaza. Elías tuvo que usar esos milisegundos vitales para suprimir su propio poder y obligarse a recibir el impacto a quemarropa.
Ahora lo entendía con dolorosa claridad: la mayor desventaja de su estado actual no era su debilidad física, sino el peligro que su propia Autoridad representaba sin su control absoluto. Un solo descuido, y podría matar a alguien inocente por el simple hecho de que su poder lo considerara una amenaza.
El impacto fue brutal.
Elías recibió el golpe de lleno en el rostro. Su cabeza se sacudió hacia atrás, sufriendo heridas menores y dejando escapar un hilo de sangre por la nariz. Detrás de él, la onda de choque pulverizó el terreno, borrando del mapa varias montañas simuladas a doscientos kilómetros de distancia y despejando las nubes del cielo.
La sonrisa de Valet lo decía todo: había caído en su trampa botánica y pagó el precio. Aunque la inmovilidad de Elías fue culpa de su lucha interna, el simple hecho de arrinconarlo hasta obligarlo a recibir el golpe era un mérito absoluto para alguien del calibre de Valet.
«Eso sí que dolió. Casi me fractura el cráneo», analizó Elías, limpiándose la sangre con una sonrisa de genuina sorpresa. «Esta chica tiene el potencial para ser una aventurera de Rango S o superior en el continente. Si lograra dominar su Autoridad, sin duda entraría en el Top de los más fuertes del mundo».
Él había decidido aprender de ella, y ella, en cambio, aprovechó su desconocimiento del entorno para asestarle un ataque crítico.
«Debo ponerme un poco más serio. Si dejo que me acumule más daño, me veré obligado a usar alguna pasiva letal o mi propia Esfera de Sueño para no perder por el porcentaje de la insignia, y eso me complicará las cosas con Orelia después. Definitivamente, estoy siendo arrinconado por varios frentes».
A pesar de las complicaciones, la sonrisa no se borró del rostro de Elías. Se lanzó de nuevo al combate cuerpo a cuerpo contra una Valet visiblemente emocionada.
Había olvidado lo excitante que era un combate con desventajas y sin la amenaza de que murieran civiles inocentes a su alrededor. Durante años, su vida consistió en darlo todo, sin margen de error, para no cargar con la sangre de mundos enteros sobre su conciencia. Experimentar la adrenalina de ser arrinconado en un entorno seguro le trajo de vuelta las vívidas memorias de sus entrenamientos infantiles con su abuelo.
«Tal vez debería soltarme un poco más, en agradecimiento. No está nada mal… aun con el riesgo de que Orelia esté observando en el exterior».



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En el texto hay: destino inevitable, nuevocomienzo, héroe cansado

Editado: 13.05.2026

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