El destino del lobo

Capítulo 1

Madeleine regresó a la casa principal sin esperarlo, tenía muchas cosas por hacer, ahora que era la señora de la casa, un rol que tomó con seguridad apoyada por Valentina en todo momento, aunque no son marido y mujer, Madeleine era respetada por todos como la mujer del alfa, no tenían prisa con tener una boda después de todo seguían levantando a la manada de tantas perdidas, Sofía y Carlos se habían casado por petición de María, sin su padre las ganas de celebrar no estaban en el aire, pero las cosas se tenían que hacer.

Alexter seguía perdido en sus pensamientos y de vez en cuando miraba sus manos buscando un error, todo lo que había vivido no podía ser un sueño nada más, sus garras se habían llenado de sangre... sangre de Madeleine, bufo pasando el mal sabor de boca que vino de repente al percibir el típico olor a hierro de la sangre. Miro hacia adelante cuando se sintió acompañado, Sebastián le esperaba en silencio. Percibió de su hermano menor una mirada distinta, que cambio de inmediato, juró ver sorpresa en sus ojos.

— ¿Qué sucede Sebastián? — dice el mayor componiendo su andar.

— Te esperaba... pero realmente no es nada importante, solo un poco de papeleo — dice cruzándose de brazos.

— Podemos revisarlo por la noche, necesito descansar un poco... — dice palmeando su hombro al pasar, el toque quema y la imagen de su hermano sangrando y el rostro desfigurado se presenta como flashazos en su mente. Se aleja de golpe y Sebastián lo ve con extrañeza.

— Lo mejor es que duermas Alexter — dice el menor alejándose rumbo al bosque.

Alexter mira cada uno de sus pasos al regresar a casa, su casa, el lugar que había destruido con sus propias manos y ahora se mantenía imponente en medio del bosque, la luz del sol resplandecía las ventanas y algunos niños jugaban cerca de la entrada principal, los saludo con una sonrisa y los pequeños solo gritaron de emoción por verlo. Entró a la casa y olfateo el aire llenándose del olor de la cocina, de la chimenea que fue usada el día anterior, y, de ella, el olor cálido de Madeleine. El ruido en la cocina no tardo en aumentar, se acercó a la puerta y miro a María como batía un tazón enorme de ensalada y otros cuantos más con mezclas que solo ella conoce. Sonríe por la felicidad que la embargaba al tener a su hijo de vuelta pronto. Alexter toco el marco de la puerta y volvió a sentir arder sus manos, se alejó mirando sus palmas. «¿Qué me pasa?» pensó, las dudas de que ha sido un sueño le calan en el pensamiento, pero ahora está ahí rodeado de todos, escucha el ruido de las escaleras y ve a su Madeleine bajar con sabanas y colchas en sus brazos, que tapaban un poco su andar, bajaba con cuidado, el mayor tomó de sus brazos todo lo que llevaba y ella solo sonrió aliviada de verle.

— La habitación de Sofía y Carlos esta lista, espero que le guste a ella — dice acomodando su cabello.

— Debes tener cuidado, una caída en tu estado no lo podemos permitir — dice colocando su mano en su vientre.

— Tendré cuidado — coloca su mano sobre la de él. La sonrisa es cálida tan natural como todas las demás, Alexter se pierde en sus ojos con ese tinte amarillo que en ocasiones brilla con mayor fuerza, ella nunca dice nada de ese cambio, poco comparte después de ese día.

Aunque la recuperación fue difícil y nadie daba por sentado que ella viviera, pero acaso su fuerza fue la que la trajo devuelta al mundo de los vivos, sigue esperando los cambios en ella, una señal que le indique que ahora es como él, pero no sucede, en cambio solo son sus ojos los que se han transformado.

— ¿Qué te preocupa Alexter?

La voz de Madeleine lo regresa a la realidad, solo le sonríe y camina con la ropa de cama hacia su lugar de destino, ella suspira y acaricia su abdomen meditando el silencio del mayor, un tintineo la hace mirar en dirección de la puerta principal, mira un gato blanco sentado en medio de la entrada que permanece abierta, el gato mueve la cola con elegancia, ella lo mira extrañada, ya que es muy raro ver un gato en esas tierras, camina acercándose con cautela esperando que este pueda huir por su proximidad, pero en cambio solo la mira con sus grandes ojos color miel, muy claros y muy extraños, el gato se pasea entre sus piernas y salta por las escaleras, ella se frena cuando quiere ir trae del, pero el minino la mira de nuevo y ella simplemente lo sigue, se meten en el bosque caminan casi a la par separados por unos centímetros, el gato elegante en todo momento camina como si fuera el rey del lugar, no tiene miedo, no le teme a los lobos que rondan esas tierras, eso es aún más extraño para Madeleine. Llegan a cierta profundidad y el gato monta sobre algunas raíces y se echa en una rama alta y comienza a acicalar su pelaje. Ella sonríe por tal acto.

— ¿Qué haces en el bosque? — la voz de Sebastián la sorprende, ella intenta decirle que ha seguido al pequeño gato, pero de este no hay señal alguna.

— ¿No viste un gato blanco? — dice Madeleine con duda apuntando a la rama donde este estaba. 

— ¿Un gato? Un gato jamás entraría a estas tierras o por lo menos no solo, los lobos los cazan como a los conejos — dice acercándose a ella.

— Pero había uno merodeando la casa y ha caminado hasta aquí — dice llevándose una mano a su pecho.

— Deberíamos regresar, si llega a aparecer te lo haré saber — dice quitándole importancia. Madeleine asiente y camina de vuelta a la casa con Sebastián, miraba de vez en cuando a sus espaldas para ver si había alguna señal, pero nada de ese pequeño ser.




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