Tony despertó con un dolor seco en la cabeza.
El olor a humedad y metal oxidado le confirmó algo antes de abrir los ojos:
no estaban en el hotel.
—Míralos… —dijo una voz conocida—. Siempre despiertan igual.
Jeff.
Frente a ellos, encadenados, estaban Jeff y Dalton. No eran recuerdos ni fantasmas. Eran reales. Demasiado reales para estar muertos.
—Si ustedes están aquí —dijo Jeff, con rabia contenida—, significa que perdimos.
Tony levantó la mirada con dificultad.
—No —mintió—. Ganaste. Huiste. Hasta hoy seguimos buscándote.
Jeff lo observó en silencio.
—Entonces explícame —dijo— cómo es que están aquí.
—Un error —intervino Gunther—. El viaje falló.
Jeff rió sin humor.
—Mátalos —ordenó.
Dalton dio un paso al frente.
—Si lo haces, mueres —dijo Tony con calma—. Nos matas aquí… y tu futuro desaparece.
Jeff levantó la mano.
Dalton se detuvo.
—No hoy —dijo Jeff—. El plan sigue igual.
Mataremos a los tres… pero a los originales.
Jeff se dio la vuelta. Dalton lo siguió, no sin antes mirar a Tony con una expresión que no olvidaría.
Liberarse fue violento y rápido.
Los secuaces cayeron uno a uno. Tony y Gunther no se detuvieron. Corrieron… hacia adelante.
El salto los lanzó justo al momento que ambos temían.
El pasillo del hotel.
Dalton apuntando.
Navi a punto de morir.
Gunther no pensó.
Arrojó el arma.
Navi reaccionó a tiempo.
Dalton giró la cabeza lentamente.
Miró el arma.
Miró la dirección de donde vino.
Sabía.
Tony y Gunther huyeron otra vez.
El hospital apareció ante ellos.
A lo lejos, vieron a sus versiones del pasado. A Navi. Vivos. A salvo.
—Lo logramos… —susurró Gunther.
Tony estaba a punto de activar el regreso cuando se detuvo.
Una joven los observaba desde el pasillo.
Tony la reconoció.
—Es la hija de Pablo…
La joven los miró… y desapareció.
De vuelta en el cuartel, todo parecía normal.
—Tony —dijo una voz—. ¿Estás bien? No me hablaste anoche.
Camila.
Tony la abrazó con fuerza. Demasiada.
A lo lejos, Navi caminaba, riendo, listo para las operaciones.
Gunther y Tony lo rodearon.
Lo abrazaron.
Esta vez… había funcionado.
¿O no?
Tony levantó la mirada.
El tiempo no había gritado.
Eso era lo que más le preocupaba