El Destripador De Wepaher 6

6x04:Feliz cumpleaños para ti

La casa de Tony nunca había estado tan llena.
Luces cálidas, música suave y risas que rebotaban en las paredes marcaban una noche distinta. Camila sonreía mientras recibía felicitaciones; era su cumpleaños, y por primera vez en mucho tiempo, Tony se había permitido celebrar algo sin pensar en funerales, hoteles o sangre.
—Te lo mereces —le dijo Tony, acercándose para besarla—. Todo esto… es por ti.
Camila rió, emocionada. Los miembros de la organización llenaban la casa: viejos rostros, nuevos aliados, conversaciones cruzadas. WEPAHER parecía más una familia que un departamento de caza.
Gunther llegó acompañado.
—Tony —dijo—. Ella es Paola.
Paola saludó con una sonrisa segura. No vestía como alguien del equipo, pero había algo firme en su mirada. Tony asintió con cortesía. Gunther, sin darse cuenta, sonreía más de lo habitual.
La noche avanzaba.
Sin embargo, Tony no lograba relajarse del todo.
Arturo no aparecía.
—¿Alguna novedad? —preguntó Tony a uno de los suyos.
—Nada. Pero dijiste que lo buscaran… ya van varias horas.
Tony miró su teléfono. Silencio.
Justo cuando el malestar comenzaba a crecerle en el pecho, el celular vibró.
Arturo: Estoy bien. Todo se complicó un poco, pero no pasa nada.
Tony exhaló aliviado.
Tony: ¿Dónde estás?
Arturo: Luego te cuento. Nos vemos en la fiesta.
Tony guardó el teléfono. Decidió no pensar más en ello.
La música subió de volumen.
Entonces llamaron a la puerta.
Un repartidor apareció con varias cajas.
—Entrega a nombre de Arturo —dijo.
Tony dudó un segundo, pero sonrió.
—Siempre tan exagerado —murmuró.
Poco después, el teléfono vibró de nuevo.
Arturo: Lamento no poder ir. Disfruten las botellas.
Las cajas contenían licor.
—¡Por Camila! —gritó alguien.
—¡Por WEPAHER! —respondieron otros.
Los vasos chocaron.
El brindis fue unánime.
Minutos después, el ambiente cambió.
Primero fue un mareo.
Luego náuseas.
Después, caos.
Alguien cayó de rodillas. Otro vomitó cerca del sofá. Gritos, confusión. Las luces parecían moverse, las paredes respirar.
—¿Qué está pasando? —gritó Camila.
Tony sintió que el suelo se inclinaba.
Las voces se distorsionaron.
Entonces lo vio.
Una figura con máscara, al fondo del pasillo.
—¡Eh! —gritó Tony, avanzando.
La figura retrocedió.
Tony la siguió, empujando puertas, tropezando con muebles que no recordaba tener.
—¡Alto!
La máscara giró un segundo… y desapareció.
Tony sintió una mano sujetarlo.
—¡Tony! —era Navi—. ¡No hay nadie ahí!
Tony respiraba agitado.
—Lo vi… te lo juro.
—Todos estamos alucinando —dijo Navi—. No hay nadie.
Cuando el efecto pasó, la casa quedó en silencio.
Uno a uno, los invitados se retiraron, pálidos, confundidos.
—Fue una intoxicación —dijo alguien—. Algo en las botellas.
Tony no respondió.
Esa noche, no durmió.
A la mañana siguiente, la oficina estaba tensa.
—Cuando llegue Arturo lo voy a matar —dijo alguien.
—Primero que explique qué demonios fue eso.
Las puertas se abrieron.
El silencio cayó de golpe.
Algo colgaba del techo, cubierto por una lona oscura.
—¿Qué es eso? —preguntó Gunther.
Nadie respondió.
Tony dio un paso al frente y tiró de la lona.
La sangre cayó primero.
Luego el cuerpo.
Arturo.
Sus ojos abiertos, sin vida.
El impacto fue absoluto.
Nadie gritó. Nadie se movió.
Tony retrocedió un paso.
La fiesta.
Las botellas.
El mensaje.
No fue un error.
Fue una invitación.
Y todos la aceptaron.




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