El Destripador De Wepaher 6

6x06: La sonrisa larga

El silencio del cuartel general ya no era paz.
Era miedo.
Tras la muerte de Arturo, nadie caminaba igual. Nadie miraba igual. Incluso las bromas se habían evaporado como si jamás hubieran existido. Había algo nuevo flotando en el aire: una desconfianza que ensuciaba cada conversación.
Tony reunió al equipo en la sala principal.
—No vamos a esperar a que vuelva a atacarnos —dijo con firmeza—. Si él quiere jugar con nosotros… le vamos a cerrar el tablero.
Gunther asintió.
—Investigaremos lo de la mujer misteriosa, lo de la fábrica… todo. No hay otra opción.
Nataly observaba desde un lado, seria, analizando cada palabra como si evaluara a todos al mismo tiempo.
—No solo están buscando a un asesino —dijo finalmente—. Están buscando a alguien que los conoce.
Tony la miró.
—¿Y tú cómo lo sabes?
Nataly no respondió. Solo bajó la mirada y añadió:
—Porque no dejó un mensaje para asustarlos… lo dejó para guiarlos.
Esa frase le heló la sangre a Tony.
Las pistas los llevaron a una zona industrial olvidada, de esas que la ciudad había dejado morir con los años. Una fábrica abandonada, oxidada, agrietada por el tiempo, con ventanas rotas y puertas que parecían a punto de desarmarse.
Tom fue el primero en hablar.
—Esto es una trampa —dijo—. Huele a trampa.
—Lo sé —respondió Tony—. Pero si no entramos, nos va a seguir persiguiendo como a perros.
Navi respiró hondo.
—Entonces entremos.
Camila se pegó más a Tony, sin decirlo con palabras, pero sí con su presencia: estoy contigo.
La puerta principal estaba abierta… como si los esperara.
Adentro, el polvo se levantaba con cada paso. Los sonidos se amplificaban. El eco jugaba con sus cabezas. Una gotera repetía el mismo golpe contra el suelo, como un reloj que marcaba una cuenta regresiva invisible.
Y entonces lo vieron.
En una pared, pintada con algo negro y brillante, había una figura.
Una sonrisa.
Larga. Irreal. Abierta de más.
La sonrisa de Jeff.
Gunther se detuvo en seco.
—No… —susurró—. Eso…
Tony sintió que el estómago se le retorcía.
Esa sonrisa no era un símbolo cualquiera. Era una firma.
Era la misma maldita expresión que tantas veces los había perseguido en su peor época.
—Esto no es posible —murmuró Tony.
Nataly, detrás de ellos, apretó la mandíbula.
—No es imposible —dijo ella—. Es intencional.
Encontraron una sala al fondo.
Había una pantalla vieja conectada a una batería. Un cable cruzaba el suelo, como una vena que alimentaba aquel horror.
Tony se acercó. Sus dedos temblaron apenas.
—No… —dijo Camila, baja—. Tony, no lo veas.
Tony apretó los labios.
—Tengo que verlo.
Presionó el botón.
La pantalla encendió.
Y el video comenzó.
Arturo estaba ahí, encadenado, colgando boca abajo. Sus ojos rojos, su rostro hinchado. Lloraba. Gritaba. Suplicaba.
—¡TONY! ¡GUNTHER! ¡NO ERA… NO ERA…!
La imagen se movió, como si la cámara la sostuviera alguien con una calma cruel.
Luego apareció la figura.
Máscara.
Una hoz en la mano.
La voz era distorsionada, imposible de reconocer.
—Esto —dijo lentamente— les pasará a todos.
La hoz se levantó.
Arturo gritó con toda el alma.
Y la hoz cayó.
La pantalla se llenó de sangre.
Camila cubrió su boca. Tom retrocedió, pálido. Gunther cerró los ojos un segundo, como si quisiera borrar esa escena para siempre.
Tony no pudo moverse.
El asesino se acercó a la cámara, hasta que su máscara ocupó toda la pantalla.
—Estoy más cerca de lo que crees.
El video se cortó.
Silencio total.
Solo la respiración del equipo… y un zumbido eléctrico que parecía un lamento.
Navi habló primero.
—Él quería que lo viéramos.
—Nos está entrenando —dijo Nataly con frialdad—. Como si fuéramos presas.
—¡Tenemos que irnos ya! —exclamó Tom—. ¡Esto es lo que quiere!
Tony asintió.
—Salimos.
No alcanzaron a dar tres pasos.
La puerta detrás de ellos se cerró de golpe.
El sonido reventó el silencio como un disparo.
Camila giró primero.
—¡Tony…!
La figura apareció detrás de ella, saliendo de la sombra como si hubiera estado ahí desde el inicio.
La hoz brilló.
El asesino se lanzó.
Tony no pensó.
Empujó a Camila.
El filo rozó el aire donde ella estaba hace un segundo.
Tony cayó con el asesino, rodando sobre el suelo de concreto.
El impacto lo dejó sin aire. Su espalda golpeó algo duro. Tony sintió el peso encima, intentó alcanzar su arma…
Pero el asesino fue más rápido.
Le clavó la mirada desde detrás de la máscara, como si se riera sin hacer ruido.
Tony alcanzó a sujetarle la muñeca.
El filo bajó.
Tony lo frenó con el brazo.
Dolor.
Luego, un empujón brutal.
Tony rodó y cuando levantó la vista…
La sombra ya no estaba.
—¡Se fue! —gritó Tony—. ¡Se fue!
Gunther y Navi ya corrían.
—¡POR AQUÍ! —gritó Gunther.
Salieron de la fábrica y lo vieron: una figura con máscara corriendo hacia los callejones traseros. Navi aceleró, su respiración convertida en fuego. Gunther lo siguió.
La persecución fue rápida, frenética… y extrañamente perfecta.
Cada giro parecía planeado.
Cada callejón, elegido.
Cada puerta, cerrada justo cuando intentaban cortarle el paso.
—¡Esto no es normal! —gritó Navi.
Gunther alcanzó al asesino y lo derribó contra el suelo.
—¡QUIETO! —rugió.
Navi lo esposó.
Le arrancaron la máscara.
Y el mundo se detuvo.
Jehud.
Tenía el rostro golpeado. Un corte en la ceja. Los ojos llenos de terror. Una cinta tapándole la boca.
—¿Qué…? —susurró Gunther.
Navi arrancó la cinta.
Jehud jadeó.
—¡Yo no fui! —soltó entre lágrimas—. ¡Me noquearon! ¡Me desperté con esto puesto! ¡Yo solo quería… yo solo quería entrar al equipo!
Tom llegó corriendo detrás.
—¿Y por qué deberíamos creerte? —escupió, furioso.
Jehud negó con desesperación.
—¡Pregúntenle a Rich! ¡A Rich le dije mil veces que quería ser parte! ¡Yo no maté a nadie!
Tony llegó por detrás, respirando con dificultad. Miró a Jehud. Miró sus heridas. Miró su miedo real.
No era un asesino.
Era un mensaje.
—Él lo hizo a propósito… —murmuró Tony.
—¿Qué? —preguntó Gunther.
Tony apretó los dientes.
—Nos dejó creer que lo atrapamos.
Nataly apareció detrás del grupo, observando la escena con frialdad.
—Porque no quiere ganar con sangre —dijo—. Quiere ganar con desconfianza.
Todos se quedaron callados.
Jehud temblaba.
—¡No me dejen con ustedes! —suplicó—. ¡Él va a volver!
Tony levantó la mirada.
La fábrica… la sonrisa… el video… la trampa perfecta.
Y algo más se instaló en su pecho como una verdad insoportable:
Esto no es Jeff.
Pero quiere que todos crean que sí.
—Se lo llevan detenido —ordenó Tony.
Gunther lo miró, dudando.
—¿Y si es inocente?
Tony apretó la mandíbula.
—Entonces esto es peor… porque significa que él puede convertir a cualquiera en culpable.
Y mientras caminaban de regreso, Tony volteó una última vez hacia la fábrica abandonada.
En la pared exterior, donde antes no había nada…
Se dibujaba la misma sonrisa larga.
Más grande.
Como si se estuviera burlando de ellos




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