El Destripador De Wepaher 6

6x07:Los muertos no cuentan cuentos

Año 2040.
Diego no podía creer lo que acababa de escuchar.
—¿Entonces… era Jeff otra vez? —preguntó, con la voz temblorosa. Sus ojos miraban a Tony como si intentara encontrar una grieta en su rostro, algo que confirmara que todo era mentira.
Leslye tampoco hablaba. Fernando, a su lado, parecía inquieto, como si por primera vez la historia lo hubiera tocado también.
Tony se quedó quieto unos segundos.
—Los muertos no cuentan cuentos —dijo al fin, en un tono extraño, como si estuviera repitiendo una frase que le dolía.
Diego tragó saliva.
—Pero… tú dices que lo escuchaste…
Tony levantó la mirada.
—O tal vez sí —murmuró—. Tal vez algunos muertos encuentran la forma de hablar… aunque no tengan cuerpo.
Los dos hijos se miraron.
Y Tony, con una calma peligrosa, continuó la historia.
Dieciocho años atrás, el departamento WEPAHER ya no se sentía como un hogar. Después del video de Arturo y la “captura” del supuesto asesino, todo era tensión.
Jehud estaba sentado frente a una mesa metálica, esposado, con el rostro aún marcado por golpes recientes. Tenía los ojos rojos, no por rabia… sino por miedo.
Tony lo observaba desde el otro lado.
—Dime la verdad —dijo Tony—. ¿Quién te puso la máscara?
Jehud negó rápidamente.
—¡Yo no sé! Yo… yo solo estaba con Rich. Eso fue lo último que recuerdo…
Gunther cruzó los brazos.
—¿Por qué Rich?
—Porque… porque él es un Caza Destripadores —respondió Jehud desesperado—. ¡Yo quería ser parte! Se lo dije mil veces… ¡él era el único que me hablaba!
Tony inclinó la cabeza.
—¿Qué estaban haciendo antes de que desaparecieras?
Jehud respiró tembloroso.
—Fuimos a revisar una pista… un sitio que Rich encontró. Una bodega vieja. Estaba cerca de donde ahora dicen que mataron a Arturo… pero yo no sabía eso. Rich se alejó un momento para revisar una puerta… y ahí… ahí sentí un golpe.
Se tocó la nuca.
—Luego desperté… con ese traje… con esa cinta… y sin entender nada.
Nataly, al fondo de la sala, tomó nota sin levantar la mirada.
Tom golpeó la mesa.
—¡Suena demasiado conveniente!
Jehud casi lloró.
—¡Yo no maté a nadie!
Tony no lo soltaba con la mirada.
—¿Viste algo? ¿Escuchaste algo? Cualquier detalle.
Jehud tragó saliva.
—Solo… una voz. No pude entenderla bien, pero… olía… olía a perfume.
Un silencio pesado cayó en la sala.
Gunther miró a Tony, y Tony sintió que esa sola palabra abría una puerta peligrosa.
Perfume.
No era prueba.
Pero era una duda.
—¿Qué te dijo esa voz? —preguntó Tony.
Jehud apretó los ojos, como si reviviera la escena.
—Dijo… —su voz se quebró— “Tú no eres el objetivo. Solo eres útil.”
Tony apretó la mandíbula.
Eso no era un asesino sin control.
Eso era alguien que planeaba… y disfrutaba.
Más tarde, Tony encontró a Rich en uno de los pasillos del cuartel. Rich estaba inquieto, golpeando una pluma contra su pierna.
—Jehud dijo tu nombre —dijo Tony, directo.
Rich levantó la mirada.
—Porque estaba conmigo.
Tony esperó.
—Fuimos a revisar una pista —continuó Rich, serio—. Una bodega. Vi cosas raras… marcas… y pensé que podía ser el asesino. Jehud se puso insoportable, emocionado… yo solo… yo solo quería callarlo.
Tony frunció el ceño.
—¿Y lo dejaste solo?
Rich bajó la mirada.
—Me moví dos segundos. Solo dos. Y cuando volví… ya no estaba.
Tony lo observó.
Rich no parecía culpable.
Parecía avergonzado.
—Te estás volviendo un objetivo sin darte cuenta —dijo Tony.
Rich apretó los labios.
—Entonces que venga —susurró—. La ciudad está protegida… ¿no?
Tony no respondió.
Porque ya no estaba seguro.
Horas después, el celular de Tony vibró.
Número desconocido.
Tony dudó… y contestó.
—¿Bueno?
Un silencio.
Luego una voz.
Grave. Baja. Familiar, aunque imposible.
—Tony…
El corazón de Tony se detuvo un segundo.
Esa voz era un eco.
Era Jeff.
Tony miró a Gunther, sin decir palabra. Solo le hizo un gesto con la mano.
Gunther entendió al instante y llamó a los demás para rastrear la ubicación.
Tony decidió jugar.
—¿Quién eres? —preguntó Tony, aunque su voz ya lo traicionaba.
La risa fue mínima, apenas un soplido.
—¿De verdad no lo sabes?
Tony apretó el teléfono con fuerza.
—¿Por qué haces esto?
El asesino guardó silencio, como saboreando la pregunta.
—Porque tú tienes algo que me pertenece.
Tony frunció el ceño.
—Yo no tengo nada tuyo.
La voz se volvió más fría.
—Tú me quitaste lo único que era mío… —susurró— y ahora yo te voy a quitar lo único que es tuyo.
Tony sintió el estómago hundirse.
—¿Qué quieres?
—Quiero que lo entiendas —respondió la voz—. Quiero que lo sientas.
El sonido de la llamada se llenó de un leve crujido, como si el asesino estuviera moviéndose cerca del micrófono.
—¿Sabes qué es lo peor, Tony? —dijo—. Que ni siquiera estás cerca.
Tony tragó saliva.
—Estás enfermo.
La voz soltó una risa corta.
—No. Estoy despierto

Gunther regresó con el rostro tenso.
—Tenemos ubicación —dijo.
Tony tapó el micrófono con la mano.
—¿Dónde?
Camila llegó justo detrás de Gunther, escuchando.
—En una casa —dijo Gunther—. Es… es la casa de Chris.
Tony sintió un golpe de confusión.
—¿Chris?
Camila frunció el ceño.
—No tiene sentido…
Tony volvió al teléfono.
—¿Qué estás haciendo?
El asesino respiró lento.
—Mira.
La llamada se cortó.
Enseguida, entró una videollamada desde el mismo número.
Tony contestó.
La pantalla mostró una habitación oscura.
Chris estaba ahí. Y no solamente el también Emma

Tony sabía que ellos 2 eran los siguientes asesinados

La máscara inclinó la cabeza lentamente, como si sonriera detrás de ella.
—No llegarás a tiempo.
La llamada se cortó.




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