El Destripador De Wepaher 6

6x09: Lo que nunca enterramos

La ciudad ya no dormía.
Apenas amanecía y afuera del cuartel general se escuchaban gritos, llantos, insultos. Cámaras apuntando. Reporteros buscando nombres. Personas señalando el edificio como si fuera la causa de todo.
—¡Por su culpa murió Emma!
—¡WEPAHER es una maldición!
—¡Cierren esa organización!
Tony observó desde una ventana, con la mandíbula tan apretada que dolía.
Gunther se acercó lentamente.
—El miedo siempre busca un culpable —murmuró.
Tony soltó una risa seca.
—Y nosotros se lo estamos dando.
En el interior del cuartel, el ambiente era igual de terrible. Algunos compañeros no hablaban. Otros discutían. Otros lloraban. El eco de la explosión seguía dentro de todos.
Navi caminaba con una carpeta en mano, intentando mantener el orden.
—¡Nadie sale solo! —ordenó—. ¡Nadie toma decisiones sin avisar!
Pero ni su autoridad podía calmar la fractura.
Porque esta vez no era un asesino común.
Era alguien que quería destruirlos desde adentro.
Gunther miró a Tony.
—Esto empezó desde que recuperamos a Navi… —dijo en voz baja—. Lo que hicimos cambió algo.
Tony no respondió. No quería decirlo.
Pero lo dijo igual.
—La piedra… —susurró.
Gunther frunció el ceño.
Tony giró el rostro, como si confesara un pecado.
—Tú y yo decidimos destruirla después de traer a Navi. Dijimos que era lo mejor… que era lo correcto.
Gunther se quedó rígido.
—Tony…
Tony bajó la mirada.
—Nunca lo hice.
El silencio que siguió fue peor que los gritos de afuera.
Gunther dio un paso atrás.
—¿Qué?
Tony respiró hondo, conteniendo vergüenza y desesperación.
—No pude. La guardé. La escondí. —se tocó el pecho como si la culpa lo aplastara— Porque una parte de mí pensó… que si el tiempo volvía a romperse… tal vez podríamos arreglarlo otra vez.
Gunther lo miró con rabia.
—¡Por eso el asesino está aquí! —escupió—. ¡Por eso sabe que puede tocarte donde duele!
Tony no negó.
Solo aceptó el golpe.
—Lo sé.
En un pasillo cercano, Gunther se detuvo al ver a Paola.
Ella estaba sentada en una banca, sosteniendo un vaso de café que no parecía haber probado. Su mirada iba y venía, como si también estuviera atrapada en un lugar donde no pertenecía… pero había decidido quedarse.
Gunther se acercó.
—No debiste venir hoy —dijo, cansado.
Paola alzó la mirada.
—¿Y dejarte solo?
Gunther no respondió.
Paola se levantó y lo miró con fuerza.
—Te vi ayer, Gunther… cuando todos estaban gritando y tú no dijiste nada. —lo dijo con suavidad, pero directo— Parecías alguien que ya se despidió de la vida.
Gunther tragó saliva.
—Estoy cansado de sobrevivir —confesó.
Paola dio un paso adelante.
—Entonces vive —dijo—. Aunque te dé miedo.
Gunther sintió un nudo en la garganta.
Y por un segundo, el mundo no fue asesinos, ni piedras, ni tiempo… fue solo una razón pequeña para seguir.
Mientras tanto, Tony caminó hacia Camila.
Ella estaba pálida desde la tragedia, pero se mantenía firme. No lloraba frente a los demás. Solo lo miraba a él como si lo entendiera incluso sin palabras.
—Necesito arreglar esto —dijo Tony.
Camila apretó los labios.
—¿Cómo?
Tony se inclinó hacia ella, en voz baja.
—Volviendo al pasado. Encontrando el origen real. —sus ojos tenían una determinación peligrosa— Si el asesino cree que puede jugar conmigo… se equivoca.
Camila dudó.
—¿Y si lo rompes todo otra vez?
Tony la miró.
—Ya está roto.
Subieron al techo cuando la noche cayó.
El viento era frío. La ciudad brillaba a lo lejos como si nada estuviera ocurriendo, como si las calles no estuvieran llenas de miedo.
Tony sacó la piedra.
WEPAHER.
Camila la observó, tensa, como si sintiera que aquel objeto respiraba.
Tony la sostuvo con cuidado y habló con voz baja:
—Esta piedra… es la razón por la que estamos en todo esto.
Camila lo miró.
Tony apretó la mandíbula.
—Es la razón por la que Navi murió… por la que Gunther murió en otra vida… por la que el hotel existió… por la que Jeff… —Tony se detuvo, tragando una rabia vieja— por la que nuestra paz nunca fue real.
Camila se acercó un poco.
—Entonces destrúyela.
Tony negó.
—No puedo. No todavía.
Camila frunció el ceño.
—¿Por qué?
Tony levantó la piedra.
—Porque el asesino viene por nosotros… por esto. —su voz tembló de furia— Y si se la doy sin pelear… entonces todo lo que sufrimos no sirvió para nada.
Camila tomó su mano.
—Entonces hagámoslo bien. Viaja… y termina esto.
Tony asintió.
—Una última vez.
Tony cerró los ojos.
La piedra vibró.
El aire cambió.
Y entonces…
Una sombra se movió detrás de ellos.
—Siempre tan confiado, Tony…
Esa voz.
La voz de Jeff.
Tony abrió los ojos de golpe.
La figura con máscara estaba ahí, a solo metros.
Camila se giró.
—¡Atrás!
El asesino se lanzó.
Tony se interpuso.
Hubo choque de cuerpos, metal, respiración y caos.
Camila intentó ayudar, pero el asesino la esquivó con facilidad.
La hoja brilló.
Y el cuchillo se hundió en el abdomen de Camila.
—¡CAMILA! —gritó Tony.
Camila cayó de rodillas, con los ojos abiertos en horror, sintiendo cómo la vida se le escapaba con cada latido.
Tony rugió.
Se lanzó como un animal.
Golpeó al asesino contra el suelo. Intentó arrancarle la máscara. Intentó romperle los huesos.
Pero la figura era rápida. Calculada.
El asesino pateó a Tony, se levantó y se movió directo hacia la piedra.
Tony alcanzó a sujetarlo del brazo.
—¡NO! —gritó.
La piedra vibró más fuerte.
El asesino tiró con fuerza brutal.
Tony perdió el equilibrio.
Y en un movimiento limpio, como una ejecución perfecta…
el asesino arrancó WEPAHER de sus manos.
Tony se quedó congelado.
—No… no… ¡NO!
El asesino dio un paso atrás, mirando la piedra como si fuera un trofeo.
—Siempre fue mía —dijo la voz.
Y luego huyó.
Tony intentó correr, pero Camila gritó de dolor.
—Tony… —jadeó ella—. No… no lo sigas…
Tony se arrodilló junto a ella, presionando la herida con desesperación.
—No te vayas… por favor…
Camila temblaba. Sus labios se volvieron pálidos.
—No es… tu culpa…
Pero Tony sabía que sí.
Porque si hubiera destruido la piedra, nada de esto estaría pasando.
Pasos rápidos subieron al techo.
Nataly llegó primero.
Demasiado rápido.
Jehud venía detrás, agitado.
—¿Qué pasó? —gritó Jehud— ¡Escuchamos ruido!
Tony los miró, sangrando de culpa.
—¿Cómo sabían que estábamos aquí? —escupió Tony.
Nataly lo observó con frialdad controlada.
—Porque alguien me dijo que ibas a hacer algo estúpido —respondió.
Tony no supo si eso lo ayudaba… o lo condenaba.
Gunther y Navi llegaron después, viendo a Camila desangrándose.
—¡No…! —susurró Gunther.
—¡Llévenla al hospital! —ordenó Navi.
Tony cargó a Camila en brazos, temblando.
No escuchaba nada.
Solo su propio corazón rompiéndose.
En el hospital, Camila fue llevada de inmediato a urgencias.
Tony quedó afuera, manchado de sangre, sentado como si le hubieran arrancado el alma.
Billy se acercó. Navi. Gunther. Carlos.
Todos intentaron decirle algo.
Pero Tony solo miraba el piso.
—Fue mi culpa… —murmuró—. Todo esto es mi culpa…
Gunther lo miró con una mezcla de rabia y dolor.
—No te voy a dejar caer —dijo—. Pero tampoco voy a permitir que sigas tomando decisiones solo.
Tony asintió, sin fuerzas.
Y entonces levantó la mirada…
hacia Nataly.
Ella estaba a unos metros, observándolo sin expresión.
Como si supiera algo que él aún no podía ver.
Tony la miró con sospecha.
Y Nataly sostuvo la mirada.
No parpadeó.
Horas después, Carlos y Billy entraron a la sala donde Tony esperaba.
Carlos traía el rostro serio.
Billy estaba pálido.
—Tony… —dijo Carlos—. Encontramos algo.
Tony levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué?
Billy tragó saliva.
—Descubrimos que Nataly… nos ha mentido todo este tiempo.
Tony se quedó quieto.
—¿Qué…?
Carlos se acercó un paso.
—No te imaginas quién es en realidad.
Tony abrió la boca, pero no pudo hablar.
Su mente intentó encontrar sentido.
Intentó recordar cada palabra de ella, cada aparición, cada mirada…
Pero solo encontró una sensación oscura:
Que el juego no estaba terminando.
Apenas estaba entrando a su verdadera fase.




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