El Destripador De Wepaher 6

6x11:Asesino Interior

Las puertas de la comisaría se cerraron con un golpe seco.
Los cerrojos bajaron uno por uno, como si el edificio entero hubiera decidido tragarse a los que estaban dentro. Nadie entraba. Nadie salía.
El contador seguía activo.

01:42:17…

Los números rojos iluminaban el vestíbulo principal, reflejándose en los rostros tensos de todos. Algunos oficiales rezaban en silencio. Otros miraban sus armas como si no supieran si servirían de algo.

—Está jugando con nosotros… —murmuró Carlos.
—No —corrigió Navi, firme, aunque su voz temblaba—. Quiere que el mundo vea cómo caemos.
Las pantallas de seguridad se encendieron solas.
Una transmisión pirata apareció en todas al mismo tiempo.
La voz distorsionada llenó el edificio.
—Bienvenidos al final de los Caza Destripadores.
Un murmullo de terror recorrió la comisaría.
—Durante años creyeron que eran intocables —continuó la voz—. Hoy aprenderán lo que se siente esperar… sin salida.
El contador avanzó.

01:41:59…

Afuera, Tony golpeó la reja con desesperación.
—¡ABRAN! —gritó.
No había respuesta.
Gunther estaba con él, respirando con furia.
—Está sellado desde dentro —dijo—. El sistema fue bloqueado.
Tony cerró los ojos un segundo, obligándose a pensar.
—Este edificio… —murmuró—. Ya estuve atrapado antes.
Gunther lo miró.
—¿WEPAHER?
Tony asintió.
—Siempre deja una salida… porque le gusta que creas que no existe.
Tony se giró hacia una entrada lateral olvidada, un pasillo de mantenimiento viejo.
—Por aquí.
Dentro, el caos crecía.
Billy caminaba nervioso de un lado a otro.
Chris observaba las cámaras con atención exagerada, como si buscara algo que nadie más veía.
Paola estaba junto a Gunther en comunicación, apretando los puños.
—Gunther… —dijo por radio—. Aquí todos creen que hay alguien entre nosotros.
Gunther apretó los dientes.
—Mantén la calma.
—Eso intento… —respondió ella—. Pero se siente… como si nos observaran.
En ese momento, una alarma sonó.
—¡TRAMPA EN EL PASILLO NORTE! —gritó Rich.
Navi corrió.
—¡Todos quietos!
Una placa del suelo se abrió y disparó una ráfaga de cuchillas que rozaron a dos agentes. Gritos. Sangre. Pánico.
Rich se lanzó sin pensarlo, empujando a un oficial fuera del alcance.
—¡ATRÁS! —gritó—. ¡PISOS MARCADOS!
El contador siguió bajando.
01:19:03…
Tony y Gunther lograron entrar por el túnel de mantenimiento.
El lugar olía a óxido y humedad.
—Está disfrutando esto —dijo Gunther—. No usa la piedra… porque no puede.
Tony asintió.
—Le falta algo. O alguien.
Gunther lo miró.
—¿Y si ese alguien ya está dentro?
Tony no respondió.
Porque esa idea ya lo estaba devorando.
Dentro, Rich logró desactivar una de las trampas.
—¡Reloj localizado! —gritó—. Está conectado al sistema central.
Navi corrió hacia él.
—¿Puedes detenerlo?
Rich respiró hondo.
—Sí… pero alguien tiene que cubrirme.
—Yo —dijo Navi sin dudar.
Las luces parpadearon.
Y entonces…
Una sombra se movió detrás de ellos.
El asesino apareció.
No gritó.
No corrió.
Atacó.
Un disparo rozó el hombro de Rich. Sangre.
—¡RICH! —gritó Navi.
Rich se lanzó contra el asesino, forcejeando. La máscara se golpeó contra una superficie metálica.
Por un segundo…
solo un segundo…
Rich vio el reflejo.
Un rostro distorsionado en el metal.
Un hombre.
Una cicatriz cruzándole la mejilla.
—No… —susurró Rich—. No puede ser…
El asesino lo golpeó con fuerza brutal.
Rich cayó.
Navi disparó, obligando al asesino a retroceder.
Cuando intentaron alcanzarlo…
ya no estaba.
Navi se arrodilló junto a Rich.
—¡Respira! ¡No te duermas!
Rich tosió, con sangre en los labios.
—Vi… vi el reflejo… —murmuró—. Parecía… Jeff…
Navi apretó los dientes.
—No hables. Te vas a salvar.
El contador se detuvo de golpe.
00:00:00

Silencio.
Luego, sirenas externas.
Refuerzos llegando.
Alguien gritó:
—¡LO LOGRAMOS!
La comisaría estalló en aplausos nerviosos, en llantos, en abrazos desesperados.
Tony entró corriendo.
—¿Rich?
—Vivo —dijo Navi—. Herido, pero vivo.
Tony exhaló por primera vez en horas.
—Bien… bien…
Una ambulancia se llevó a Rich.
Tony quiso subir con él.
—Ve —le dijo Navi—. Nosotros cerramos aquí.
Tony asintió y se alejó.
En el estacionamiento trasero, Gunther se quedó con Paola.
—Pensé que te perdía —dijo ella.
Gunther la miró, cansado.
—Yo también.
Paola se acercó despacio.
—No soy parte de este mundo… pero no pienso huir.
Gunther sonrió apenas.
—Eso te hace más valiente que muchos.
Se besaron.
Un beso breve.
Honesto.
Como una promesa.
—Oigan… —dijo Billy, riendo—. Creo que el mundo casi se acaba y ustedes…
Paola rió nerviosa.
—Cállate.
Jehud apareció detrás de ellos.
—Hey, al menos algo bueno pasó hoy.
Billy levantó los brazos.
—¡Sobrevivimos!
Entonces…
Un humo espeso comenzó a salir de los aspersores.
—¿Qué diablos…? —dijo Gunther.
—¡HUMO! —gritó Paola—. ¡No se ve nada!
El caos volvió en segundos.
Gritos.
Pasos corriendo.
—¡Gunther! —gritó Paola.
Un golpe seco.
Gunther cayó.
—¡GUNTHER! —alcanzó a gritar Billy.
Una sombra lo levantó con fuerza.
—¡ALTO! —gritó Paola, disparando al humo.
Nada.
El humo empezó a disiparse.
Paola cayó de rodillas.
—No… no…
Gunther no estaba.
Jehud tampoco.
Billy miró alrededor, temblando.
—Jehud… —murmuró—. Lo vi… corrió hacia el otro lado.
Paola levantó la cabeza, en shock.
—¿Qué…?
—Se fue con él… —dijo Billy, casi convencido—. ¡Jehud se lo llevó!
Las sirenas seguían sonando.
Tony regresó corriendo.
—¿Dónde está Gunther?
Nadie respondió.
Tony miró los rostros.
El vacío.
El miedo.
Paola llorando.
Billy temblando.
—No… —susurró Tony—. No otra vez…
Tony entendió, demasiado tarde, la verdad más cruel del juego:
El asesino nunca quiso matarlos a todos.
Solo quería llevarse a uno.
Y esta vez…
lo había logrado.




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