El Devorador de Lágrimas

5

     Hallie trataba de secarse las lágrimas que goteaban encima de sus mejillas. Les mostró una gran sonrisa a las niñas, y se limpió las manos en la camisa del trabajo que aún llevaba encima. Su cabello era un desastre. Usualmente usaba una raya en medio; apariencia que su hija Rachel había imitado desde pequeña hasta la actualidad; lo dejaba largo y ondulado, reluciendo el hermoso castaño con el que nació, pero esta vez, lo que llevaba en la cabeza era una maraña de pelos sin una forma fija, como si hubiera estado recostada por un prolongado lapso de tiempo, en una muy mala posición para su peinado.  

     —¡Mamá! ¡¿Por qué no nos esperas en la sala, como una persona normal?! ¡En lugar de esconderte en el cuarto de arriba!

     Fue lo que alcanzó a gritar Rachel a su madre, mientras su pequeña hermana Julie chillaba del susto. La madre de Rachel, aún con los párpados enrojecidos y la nariz congestionada, les sonrió desde lo alto de la escalera, rebelando el resto de su cuerpo que abandonaba el cuarto de las niñas.  

     —Lo siento, Chely, no era mi intención asustarlas.

     —¿Mami? ¿Estás bien? —preguntó la menor, notando una ligera lágrima danzar en la mejilla de su madre.

     —Sí, mi amor, estoy bien —Le respondió Hallie a su pequeña niña, bajando apresuradamente las escaleras, y estrechando a ambas entre sus brazos. Mientras Julie se sentía segura y cálida entre aquel impermeable rosa que llevaba encima su madre, Rachel aún no entendía lo que sucedía.

     —Mamá, ¿qué pasa? ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Pasó algo en el trabajo? —La atropelló con preguntas Rachel.

     —Todo está bien, cariño —Le susurró a los oídos, con aquella tierna voz que solo una madre puede reflejar—. Todo estará bien.

     —Ma', en serio... ¿Qué sucede? ¿Por qué estás llorando? —insistió la adolescente.

     —He pedido el día libre, cielo. Me gustaría pasar un poco más de tiempo con ustedes.

     —¿Iremos las tres a algún lugar divertido? —preguntó la pequeña Julie, con un pícara sonrisa en el rostro y las mejillas enrojecidas de la emoción.

     —¿A dónde quieres ir, amor? —Su madre ya las había soltado para entonces, pero aún mantenía contacto físico con ellas, apoyando una mano en sendos hombros de cada hija.

     —¿Knuckleheads? —sugirió Julie, aún con una hermosa sonrisa pegada en la cara.

     —Ve a cambiarte, amor. Salimos cuando estén listas —Las apremió Hallie.

     Julie salió como alma que lleva el diablo hasta su habitación. Dos patitas sonaban con ligeros 'tap,tap,tap' encima de la alfombra de la escalera. Rachel esperó un momento junto a su madre, y cuando escuchó la puerta golpear el cerrojo, la miró efusivamente a los ojos e insistió con lo mismo.  

     —¿Mamá, qué está pasando? —dijo—. O sea, realmente... ¿Llamó...? Acaso, ¿llamó papá? —los ojos de Hallie se abrieron de repente por menos de un segundo, para luego cerrarse y arrugar los párpados fuertemente.

     —No hija, tu padre no ha llamado —contestó sin mirarle—. Ve a cambiarte, ¿sí? Lo discutiremos luego.

     —Pero mamá...

     —Rachel. —Hallie volteó y le lanzó una severa mirada a su hija, pero no pudo sostenerla, aquella mirada defensiva, poco a poco se inundaba de tristeza—. Tu hermana... No tengo muchos días libres para estar con ustedes, así que hoy no discutamos, cariño, por favor. Deja que tu hermana disfrute este día, y te prometo... Corazón, te prometo que en la noche hablamos. ¿Está bien? —La mano derecha de Hallie se alzó entonces y acarició la mejilla de Rachel, con un suave y prolongado tacto.

     Rachel logró asentir con la cabeza, en silencio, y subió a su dormitorio en seguida. Se quitó la polera y los vaqueros, quedándose en ropa interior por un segundo. Sacó del pintoresco ropero ubicado justo al frente de su cama, una remera planchada con cuatro letras en el pecho: RHCP. Se puso jeans celestes y sneakers blancos, que combinaban perfectamente con los pantalones. Se amarró el liso cabello en una coleta, y se la arregló en el espejo. Mientras lo hacía, notó una cana entre sus castaños cabellos. La arrancó de raíz, engañando al tiempo, y sintiendo aún la juventud de su alma encadenada a su cuerpo.  

     Julie no se ponía de acuerdo consigo misma en qué usar. Para sus cortos diez, ya era muy cuidadosa con su apariencia. Había heredado los rubios mechones de su padre, pero su rostro, su rostro era el vivo retrato de Hallie, su madre. Mientras Julie se peleaba con su guardarropa y le pedía ayuda a mamá, Rachel bajó a la sala y prendió la televisión para hacer más corta la espera. El aparato se encendió en el último canal en el cual había sido desconectado. Eran las noticias locales de Wisconsin, y al parecer, solo una noticia se llevaba la atención por completo.  

     —"...lamentablemente, el cuerpo de la niña fue hallado, sin vida, por las autoridades locales. Tenemos... Jessica, ¿Estás allí? ¿Nos escuchas?" —decía el presentador del programa, tratando de certificar que la reportera tuviese señal.

     —"Matt... Sí, sí, les escucho perfectamente."

     —"Jessica, cuéntanos... ¿Hay alguna actualización de este... Lamentable incidente?" —la reportera se quedó en silencio, esperando que el mensaje llegara a su audífono.

     —"No... Aún no tenemos nada nuevo Matt. El cuerpo ha sido trasladado al hospital central del Downtown luego de la declaración oficial del forense, hace solo un par de horas. Desde aquel suceso, la prensa está siendo retirada de los alrededores. El teniente de la W.D.P.D., Jason Quintana, no ha querido dar declaraciones al respecto, y ha mantenido al margen al resto del escuadrón de policía participante del macabro hallazgo."

     —"Jessica... Hay rumores en redes sociales acerca de la víctima, se dice... ¿Jessica?¿Me escuchas?"

     —"Sí Matt, aquí estoy, no hay problema."

     —"Ok... Entonces... Entonces, como decía, en redes sociales se comenta que la víctima podría ser Ariana Torres, adolescente de dieciséis años que desapareció hacia un año atrás, y por la cual se hicieron campañas de búsqueda por todo Dells. ¿Tienes...?¿Tienes alguna confirmación de aquellos rumores?"




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