El día cero

Prólogo

Nadie recuerda con exactitud la hora.

Algunos dicen que fue al amanecer, cuando la ciudad apenas despertaba. Otros juran que el sol ya estaba alto cuando el cielo comenzó a oscurecerse sin motivo. No hubo explosiones, ni sirenas, ni advertencias. Solo un silencio extraño… y luego el humo.

Negro. Espeso. Antinatural.

Descendió lentamente, como si el cielo estuviera respirando algo que no debía. Se deslizó entre los edificios, abrazó las calles, entró por ventanas mal cerradas y se coló en los pulmones de la ciudad. La gente miraba hacia arriba buscando una explicación, pero el cielo no ofrecía respuestas.

Durante horas, nadie supo qué hacer.

Los noticieros hablaron de incendios lejanos, de fenómenos atmosféricos raros, de errores en los satélites. Los científicos pidieron tiempo. El gobierno pidió calma. Y la humanidad, como siempre, eligió creer que todo pasaría.

Pero el humo no se fue.

Dos días después, cuando la ciudad ya olía a miedo y a encierro, ocurrió lo impensable. En una calle cualquiera, frente a testigos que nunca volverían a dormir en paz, alguien dejó de ser humano.

Ese fue el momento exacto en que el mundo cruzó una línea invisible.

No fue el fin de la humanidad.
Fue algo peor.

Fue el día cero.



#549 en Ciencia ficción

En el texto hay: locura, zombies

Editado: 08.02.2026

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