El día cero

Capítulo 7

Las señales siempre estuvieron ahí.

No aparecieron de golpe ni con dramatismo. Se manifestaron como detalles pequeños, fáciles de descartar. Errores que nadie quiso unir. Síntomas que parecían aislados. Coincidencias demasiado cómodas para seguir creyendo en la normalidad.

El primer aviso fue el comportamiento.

Personas desorientadas por lapsos breves. Miradas perdidas en medio de una conversación. Respuestas que llegaban tarde, como si el pensamiento tuviera que atravesar una neblina antes de volverse palabra. Nada permanente. Nada alarmante. Al menos, no todavía.

Luego vino el cuerpo.

Espasmos leves en las manos. Rigidez momentánea en la mandíbula. Sangrados nasales que aparecían y desaparecían sin razón aparente. Los exámenes no mostraban nada concluyente. Los médicos anotaban, observaban, dudaban.

Algunos pacientes decían sentir frío aunque la temperatura fuera normal. Otros afirmaban no sentir dolor donde debería haberlo. Sensaciones cruzadas, contradictorias, imposibles de clasificar.

Las grabaciones empezaron a circular.

Videos cortos, inestables, tomados desde teléfonos. Personas detenidas en medio de la calle, inmóviles por segundos eternos. Miradas fijas en la nada. Luego, como si nada hubiera pasado, seguían caminando.

Los comentarios se llenaron de burlas y negación. Montajes. Gente exagerando. Pánico colectivo. Siempre era más fácil ridiculizar que aceptar.

En algunos barrios, animales comenzaron a comportarse de forma extraña. Perros que no querían salir. Aves que desaparecieron de repente. El silencio se volvió más profundo, más pesado.

Pero nadie conectó los puntos.

Las autoridades seguían repitiendo que no había cambios significativos. Los informes se ajustaban para encajar en esa narrativa. Los números que no cuadraban simplemente no se mencionaban.

Porque reconocer una señal implica asumir responsabilidad.

Y asumir responsabilidad, en ese momento, significaba aceptar que algo estaba avanzando sin control.

Las señales fueron ignoradas no por falta de evidencia,
sino por miedo a lo que implicaban.

Y mientras la ciudad miraba hacia otro lado,
el Día Cero se acercaba, paciente, inevitable.



#198 en Ciencia ficción

En el texto hay: locura, zombies

Editado: 11.02.2026

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