El día cero

Capítulo 20

La palabra apareció primero en un mensaje reenviado cientos de veces.

Esto es el Día Cero.

Nadie sabía quién lo escribió. Nadie pudo rastrear el origen. Pero la frase se expandió con una precisión inquietante, como si hubiera estado esperando el momento exacto para existir.

En menos de una hora, ya no era un mensaje.
Era un nombre.

Las calles ardían en algunos sectores. No por estrategia, sino por desesperación. Barricadas improvisadas, vehículos atravesados, fuego usado como frontera contra algo que no parecía temerle a las llamas.

En hospitales, las puertas fueron selladas. En algunos, demasiado tarde. En otros, demasiado pronto.

El humo seguía suspendido sobre todo, indiferente a la violencia que crecía debajo.

Gael observaba desde una esquina, el vendaje empapado, el pulso acelerado. La mordida ardía con una intensidad distinta, más profunda, más invasiva. Intentó ignorarlo. Se concentró en lo externo. En lo visible.

No quería pensar en lo que llevaba dentro.

En otra parte de la ciudad, Lía Moreno miraba la transmisión intermitente de un canal local antes de que la señal volviera a fallar. No necesitaba más imágenes. Su formación le decía algo claro: lo que estaba ocurriendo no era caos aleatorio.

Era un patrón.

Vera Salgado analizaba lecturas ambientales que no cuadraban. El humo no solo era materia suspendida. Tenía composición anómala, comportamiento irregular. No era natural. Y si no era natural, alguien lo había creado.
Tomás Rivera grababa en la oscuridad de su apartamento, hablando frente a una cámara que quizá nadie vería jamás.

—Si estás viendo esto —dijo—, significa que fallaron. O que nos fallaron.

A medianoche, la red eléctrica comenzó a caer por sectores. Primero distritos pequeños. Luego zonas completas. La ciudad empezó a apagarse como si alguien estuviera presionando interruptores invisibles.

Los gritos se volvieron ecos lejanos.
Las sirenas dejaron de sonar.

El humo, bajo la luz intermitente de incendios aislados, parecía moverse con más libertad.

Y en medio de esa oscuridad creciente, la verdad se volvió imposible de negar:

No era un brote local.
No era una crisis contenida.
No era reversible.

El Día Cero no era el día en que todo terminó.

Era el día en que la humanidad dejó de ser la única especie dominante en su propia ciudad.

Y mientras la última transmisión oficial se apagaba sin despedida, la ciudad entendió que ya no estaba esperando ayuda.

Estaba esperando sobrevivir.



#198 en Ciencia ficción

En el texto hay: locura, zombies

Editado: 11.02.2026

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