El día cero

Capítulo 22

Los protocolos llegaron tarde.

Carpetas digitales enviadas a hospitales que ya no tenían personal suficiente. Instrucciones transmitidas por canales que habían dejado de funcionar. Manuales diseñados para crisis contenidas aplicados a una realidad que ya se había desbordado.

Aislar.
Evaluar.
Reportar.

Palabras ordenadas en listas limpias que no sobrevivían al primer contacto con el caos.

En un centro médico al norte de la ciudad, el director reunió a los pocos que quedaban.

—Seguimos procedimiento de infección desconocida —dijo, con voz firme que no ocultaba el temblor—. Aislamiento total de pacientes con comportamiento agresivo. Restricción de visitas. Equipo de protección obligatorio.

Nadie preguntó lo evidente.

¿Cómo aislas a alguien que no responde a dolor?
¿Cómo contienes a un cuerpo que no parece necesitar funciones vitales básicas?

Los primeros intentos fueron clínicos. Sujetar a los pacientes. Sedarlos. Inmovilizarlos. Algunos dejaron de moverse durante horas… hasta que lo hicieron de nuevo.
Y entonces los protocolos comenzaron a cambiar sin autorización oficial.

Las camillas se convirtieron en jaulas improvisadas. Las salas de espera en zonas de contención. El lenguaje médico empezó a deformarse, buscando términos que no implicaran lo impensable.

En estaciones policiales, la orden fue disparar solo en defensa propia.

Pronto descubrieron que la defensa propia requería decisiones más rápidas y menos compasivas.

En edificios residenciales, los vecinos imprimieron listas con reglas básicas: no abrir puertas, no ayudar a desconocidos, no confiar en nadie que muestre síntomas.
La humanidad intentaba organizarse con las mismas herramientas que usaba para tormentas y apagones.
Pero esto no era una tormenta.

Vera observaba datos que no encajaban en ningún modelo epidemiológico conocido. La tasa de cambio no seguía patrones clásicos de contagio. No había incubación clara. No había progresión médica comprensible.

—No es una enfermedad tradicional —murmuró frente a la pantalla llena de números inconsistentes—. Estamos intentando tratar un fenómeno nuevo con reglas viejas.

Ese era el verdadero problema.

Los protocolos eran inútiles porque estaban diseñados para algo que podía entenderse.

Esto no quería ser entendido.
Quería avanzar.

Y mientras las autoridades enviaban documentos que nadie podía aplicar, la ciudad seguía perdiendo terreno.

El Día Cero había dejado claro algo brutal:

Las reglas que sostenían el mundo ya no funcionaban.
Y cuando las reglas fallan, solo queda la supervivencia.



#198 en Ciencia ficción

En el texto hay: locura, zombies

Editado: 11.02.2026

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