El día cero

Capítulo 23

El cuerpo puede fallar primero.

Pero es la mente la que lucha hasta el final.

En medio del caos, cuando las sirenas ya no marcaban la diferencia entre emergencia y rutina, muchas personas eligieron una estrategia silenciosa: negar lo evidente.

No eran muertos.
No era el fin.
No era irreversible.

Se repetían esas frases como mantras frágiles, intentando sostener una realidad que se desmoronaba frente a sus ojos.

Lía Moreno observaba los patrones con atención clínica, incluso ahora. En el refugio improvisado donde había decidido quedarse, la gente no solo tenía miedo. Tenía disonancia. Sus cerebros intentaban protegerlos creando explicaciones alternativas.

—Es una droga en el aire.

—Es histeria colectiva.

—Es una mutación temporal.

La mente resiste lo imposible fabricando lo posible.

Un hombre insistía en que su hermano no estaba “infectado”, solo confundido. Lo ató a una silla con manos temblorosas, hablándole con ternura mientras el otro gruñía, tirando de las cuerdas con fuerza inhumana.

Una madre cubría los espejos del apartamento para que sus hijos no vieran los noticieros intermitentes. Si no lo miraban, quizá no sería real.

La negación no era estupidez.
Era defensa.

Gael, sentado en el suelo contra una pared fría, sentía esa resistencia dentro de sí. La fiebre iba y venía. El brazo latía con dolor persistente. Sabía lo que había visto. Sabía lo que significaba una mordida.

Pero su mente buscaba grietas en la lógica.

Quizá no todos cambian.
Quizá fue diferente.
Quizá su cuerpo resista.

La mente es experta en construir esperanzas improbables.

En otra parte de la ciudad, Tomás Rivera revisaba una y otra vez las grabaciones que había logrado guardar antes del colapso de la red. Necesitaba pruebas. Necesitaba estructura. Si podía documentarlo, analizarlo, convertirlo en historia, tal vez seguiría siendo humano.
Porque narrar es una forma de resistir.

El humo seguía suspendido sobre todo, constante, imperturbable.

Pero debajo de él, algo más persistía con igual terquedad:

La voluntad de no aceptar el fin.
La mente humana no cede fácilmente.

Se aferra.
Se adapta.
Se engaña si es necesario.

Y en esa resistencia frágil, casi heroica, la ciudad intentaba conservar lo último que aún no había sido devorado:

La esperanza de que esto no fuera permanente.

Aunque en el fondo, muy en el fondo, todos comenzaban a sospechar que lo era.



#198 en Ciencia ficción

En el texto hay: locura, zombies

Editado: 11.02.2026

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