El día cero

Capítulo 27

La culpa llegó cuando el ruido bajó.

No durante los gritos.

No durante la sangre.

No en medio del caos.

Llegó en el silencio.

En el refugio, cuando por fin nadie estaba hablando, cuando las luces improvisadas apenas iluminaban los rostros cansados, las preguntas comenzaron a girar en la oscuridad.

¿Debimos salir antes?
¿Debimos cerrar las puertas?
¿Debimos ayudarlo?

Lía lo veía en los ojos de todos. No necesitaban confesarlo en voz alta. La culpa se instalaba como una sombra personal, distinta para cada uno.

Una mujer se repetía que si hubiera insistido más, su esposo no habría bajado a la calle aquella mañana.
Un joven juraba que si no hubiera abierto la puerta, su vecino seguiría vivo.

Un médico se preguntaba si la sedación correcta habría cambiado algo.

La mente buscaba responsabilidad porque la alternativa era peor.

Aceptar que nadie tuvo el control.

Gael se sentó aparte, lejos de las conversaciones susurradas. Miraba su brazo como si no le perteneciera. La mordida ya no dolía como antes. El dolor había mutado en una presión constante, profunda.

—Debí retroceder antes —murmuró para sí mismo.

Sabía que había seguido el protocolo. Sabía que había intentado ayudar.

Pero también sabía que se había acercado.

Y acercarse fue suficiente.

La culpa no distingue entre lógica y emoción.
Se alimenta de posibilidades.

En otro sector de la ciudad, Tomás revisaba una y otra vez el momento exacto en que decidió no advertir públicamente sobre el humo días atrás. Había sospechado que algo no encajaba. Tenía contactos. Tenía intuición.

No tuvo pruebas.
Eligió esperar.

Ahora esa espera pesaba más que cualquier evidencia.
Vera, frente a una pantalla casi sin batería, repasaba informes antiguos. Si el humo había sido creado, alguien lo diseñó. Alguien calculó probabilidades. Alguien aceptó riesgos.

Y eso significaba que no era solo un accidente.

Pero incluso ese pensamiento traía culpa.

Porque si alguien lo permitió, entonces alguien más no lo detuvo.

La culpa se convirtió en un eco constante bajo el humo negro.

No importaba si la responsabilidad era real o imaginada. Cada persona cargaba su propia versión del error.

Y mientras el mundo se desmoronaba lentamente, la humanidad hacía lo que siempre ha hecho ante lo incomprensible:

Buscar un culpable.

Aunque ese culpable fuera uno mismo.



#198 en Ciencia ficción

En el texto hay: locura, zombies

Editado: 11.02.2026

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