El día cero

Capítulo 29

Las calles no quedaron vacías de inmediato.

Se fueron vaciando como un teatro después de una función que terminó mal. Primero se retiraron los curiosos. Luego los que no querían involucrarse. Después, los que entendieron que quedarse significaba riesgo.

Al final, solo quedaron ecos.

Autos detenidos en posiciones absurdas. Semáforos parpadeando en rojo intermitente. Bolsas arrastradas por un viento que no movía el humo, pero sí el polvo.
La ciudad había dejado de sonar humana.

Ya no había conversaciones lejanas. Ni risas. Ni música escapando por ventanas abiertas.

Solo pasos.

Irregulares.

Arrastrados.

Descoordinados.

En algunas avenidas amplias, pequeños grupos caminaban sin dirección aparente. No hablaban. No se llamaban por nombre. Se movían guiados por algo que no necesitaba lenguaje.

Cuando no encontraban nada, seguían.

Cuando encontraban algo, se detenían.

Tomás avanzaba con cuidado por una de esas avenidas, la cámara colgada al cuello aunque ya no transmitiera nada. Documentaba fachadas rotas, grafitis improvisados, un cartel arrancado que decía TODO BAJO CONTROL.

Lo filmó con una mueca amarga.
El silencio era lo más inquietante.
Porque el silencio implica ausencia.
Y la ausencia implica pérdida.

En el refugio, alguien se asomó por una rendija y susurró:

—No hay nadie.

Pero no era cierto.

Había presencia.

Solo que ya no respondía a las reglas anteriores.

Lía salió brevemente con dos personas más para buscar suministros en un edificio cercano. Caminaron por una calle que alguna vez estuvo llena de tránsito. Ahora sus propios pasos parecían demasiado ruidosos.

El eco rebotaba entre paredes vacías.

Gael, unos metros detrás, sentía el hambre crecer con cada respiración. El olor del aire ya no era solo humo. Era algo más complejo, más definido.

Más atractivo.

Se obligó a mirar al frente.
Las calles vacías no eran paz.
Eran advertencia.

La ciudad no había desaparecido.
Había cambiado de habitantes.
Y bajo el cielo negro que nunca avisó, el mundo parecía suspendido entre lo que fue y lo que estaba comenzando a dominarlo.

Las calles vacías eran la evidencia más clara de una verdad brutal:

La humanidad ya no ocupaba el centro.
Solo lo había dejado libre.



#198 en Ciencia ficción

En el texto hay: locura, zombies

Editado: 11.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.