El Día de la Destrucción

La voz detrás del humo

El auricular crujió.

Un zumbido eléctrico precedió a la voz.

—Tomás… ¿me copias?

La voz era firme, clara, con un tono de autoridad que no dejaba lugar a dudas.

—¿Quién habla? —preguntó Tomás, con el corazón acelerado.

—Soy la Comandante Lía. No hay tiempo para explicaciones largas. Necesito que ingreses al panel junto al teléfono y actives el tablero de comunicación. Debemos iniciar el protocolo de seguridad antes de que la IA detecte la apertura del hangar.

Tomás se quedó inmóvil por un segundo.

La voz no era una grabación.

Era en tiempo real.

Y confirmaba lo que había sospechado desde que vio el cohete: esto no era solo un refugio. Era parte de algo más grande.

—Entendido —respondió, y colgó.

Corrió hacia el panel. Cael y Mike ya estaban allí, revisando los controles.

—¿Qué pasa? —preguntó Cael.

—Activen el tablero de comunicación. Hay una transmisión en curso. Es… una comandante. Se identificó como Lía.

Mike levantó una ceja.

—¿Una comandante? ¿De dónde?

—No lo sé. Pero suena como si supiera exactamente lo que estamos viendo.

Cael y Mike activaron la consola. Las luces parpadearon. Una pantalla se encendió con un zumbido grave, y tras unos segundos de estática… apareció.

Una mujer de rostro firme, cabello recogido, uniforme oscuro con insignias que ninguno reconocía. Detrás de ella, una sala blanca, tecnológica, con pantallas y mapas estelares.

—Comandante Lía en línea —dijo, mirando directamente a la cámara—. Bienvenidos al punto de enlace Alfa-7. Han hecho bien en llegar.

Todos se quedaron en silencio.

Elías se acercó lentamente, con los ojos muy abiertos.

Cael fue el primero en hablar.

—¿Cuántas personas sobrevivieron… a la destrucción atómica?

La comandante sonrió.

No con burla.

Con esperanza.

—Más de lo que tú puedas imaginar —respondió—. Pero no de la misma forma que ustedes.

Su mirada era firme. Su voz, segura. Como si supiera algo que ellos aún no comprendían.

—¿Qué significa eso? —preguntó Marina.

Lía los miró uno por uno.

—Significa que el mundo no terminó. Solo cambió. Y ustedes… están a punto de descubrir cómo.




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