El Día de la Destrucción

Ecos desde la órbita

La imagen de la Comandante Lía seguía proyectada en la pantalla del hangar.

Su rostro era sereno, pero sus ojos hablaban de años de decisiones difíciles. Detrás de ella, se veían pasillos metálicos, luces azules, y figuras humanas moviéndose con precisión. Una nave. Viva. Operativa.

—Sé que tienen muchas preguntas —comenzó—. Y responderé lo que pueda. Pero hay información que, por seguridad, debe permanecer clasificada… por ahora.

Tomás cruzó los brazos, sin apartar la vista de la pantalla.

—¿Dónde está usted, Comandante?

—En la órbita baja terrestre, a bordo de la estación Arca 9. Somos más de cien aquí. Todos sobrevivientes. Científicos, técnicos, familias… personas que fueron seleccionadas antes del evento.

—¿El evento? —preguntó Cael.

Lía asintió.

—La detonación múltiple. El colapso climático. El invierno nuclear. La superficie de la Tierra quedó cubierta por una capa de ceniza y radiación. Las temperaturas cayeron. La vida, tal como la conocíamos, se extinguió en cuestión de semanas.

Elías bajó la mirada.

—¿Entonces… no queda nadie allá afuera?

Lía lo miró con suavidad.

—No como ustedes. No en la forma en que vivieron hasta ahora. Pero no están solos. Y no están perdidos.

Jack dio un paso al frente.

—¿Cómo es posible que todo esto esté conectado? ¿El cohete, la cápsula, la cámara de gravedad…? ¿Quién lo preparó?

La comandante respiró hondo.

—Todo esto fue posible gracias a una mujer. Una visionaria. Una estratega. Una madre.

Tomás sintió que el aire se le escapaba.

—Lucía —dijo.

Lía asintió.

—Ella fue clave en el diseño de este plan. Su conocimiento, su fe, su sacrificio… fueron la base de todo. Sin ella, ninguno de ustedes estaría vivo.

Un silencio reverente se apoderó del hangar.

—¿Por qué no nos lo dijo? —preguntó Marina.

—Porque no podía —respondió Lía—. Porque si la IA lo descubría, todo se habría perdido. Ella eligió el silencio… para que ustedes tuvieran un futuro.

Mike se acercó a la pantalla.

—¿Y ahora qué?

Lía miró hacia un lado, como si consultara algo fuera de cámara.

—Ahora deben prepararse. En la sala contigua al hangar encontrarán trajes, manuales de vuelo, módulos de entrenamiento y acceso a la IA de navegación. El cohete está listo. El lanzamiento está programado para dentro de diecinueve días y algunas horas. Una vez en órbita, recibirán la transmisión completa. Y verán… la realidad de todo.

—¿Qué realidad? —preguntó Jack.

La comandante sonrió.

—Una que no se puede explicar. Solo vivir.

La pantalla parpadeó.

—Nos vemos pronto —dijo Lía—. Y gracias… por llegar hasta aquí.

La transmisión se cortó.

El hangar quedó en silencio.

Pero esta vez… no era miedo.

Era otra cosa.

Determinación.




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