El día en que los monstruos salieron

CAPÍTULO ONCE

El mapa
 


 

Cientos de voces susurran en mi mente y hacen que me causen escalofríos.

No escucho nada más. Solo el susurrar de las voces.

Trato de concentrarme, pero no puedo.

El miedo comienzo a apoderarse de mí y me impide que piense con claridad.

Todo se vuelve oscuro y después ya no hay nada.

Solo hay vacío. Es como si no estuviera aquí. Parpadeo y después vuelvo a aparecer entre las voces.

El ruido comienza a molestarme. Y hace que solo quería desaparecer.

—No sigan… No sigan— repito varias veces. Pero solo recibo en respuesta una risa tenebrosa.

—Morgan…

 

—¡Morgan despierta!— despierto desconcertada y me doy cuenta de que Blake se orilló en la carretera y ya no seguimos en el camino.

—¿Qué es lo que pasa? — susurro, bostezando.

—Estabas gritando— contesta.

—Estaba dormida— respondo, aún bostezando.

—Dormida y gritando— alega.

Entrecierro mis ojos hacia él.

—¿Y qué gritaba?

—No sigan…

—Ni siquiera recuerdo el sueño, Blake— desestimo.

—Me asustaste, Morgan— susurra.

—Blake… No recuerdo que estaba soñando.

—¿Estás segura?— cuestiona sin creerme por completo. Pero estoy segura de ello. No recuerdo que estaba soñando.

—Lo estoy. ¿Cuánto falta para llegar?— cambio de tema.

—Ya no mucho— responde, mirándome con desconfianza.

—Blake, en serio. Estoy bien.— le aseguro. Pero parece no creerme. Dejó el tema ir y ahora trato de no dormir en el camino.

El perro se quedó dormido en mi regazo y al parecer no tiene sueños extraños.

Seguimos en la carretera, pero después, Blake se estaciona enfrente de un camino. En el que lo rodean árboles. Creo que llegamos. Este es el primer bosque que debemos revisar.

El bosque no es tan malo. Pero teniendo en cuenta lo que debe de esconder me lo imaginaba más tenebroso.

Pero hasta se ve bonito.

No parece tener algo extraño.

Blake baja de la camioneta y el ruido de la puerta siendo cerrada despierta al perro. Así que ambos bajamos.

—Este es el bosque que marca el mapa— dice en cuanto llego a su lado— Creo que podemos seguir en la camioneta, no es necesario caminar. El sendero está bueno.

—Se ve bonito el bosque, ¿Cierto, perro?— me agachó para acariciarle las orejas a perro.

—¿Le pusiste perro al perro que hace unas horas según tu te quería matar?— Blake enarca una ceja.

—Hicimos las pases, Blake. Y no me mires así. Las personas pueden cambiar de opinión.— me jacto.

—Súbete a la camioneta, Morgan.

—Ya voy, Blake. No seas pesado.

Ambos subimos a la camioneta y seguimos en el sendero.

—Blake…

—¿Sí?

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Ya la estás haciendo…

—Ok. Te voy hacer otra pregunta— elijo mejor mis palabras.

—Hazla, Morgan.

—En los bosques anteriores nos encontramos con demons por qué estábamos cerca de los pueblos o en uno de ellos…

—Ajá.

—¿Crees que nos encontremos con ellos aquí?— cuestiono, analizando la situación— Estamos un poco alejados de ellos…

Y de repente una idea viene a mi cabeza.

Pero antes de que pueda siquiera decir lo que pienso, Blake la descarta.

—Se darían cuenta, Morgan. No podemos traer a toda la población a un bosque. Y creo que estamos a salvo, estamos alejados de todo, así que dudo que nos los encontremos.

—Blake…

—¿Qué?

—¿Puedo…? Te voy a preguntar algo.—corrijo.

—Adelante.

—¿Hay alguna posibilidad de que mi padre este escondido en un bosque?— Blake suspira y me detalla un segundo. Se que busca las palabras para no romper mi ilusión.

—No lo se, Morgan— decide decir finalmente.

—Esta bien— es lo único que respondo y dirijo mi vista hacia el bosque .

Me pierdo unos segundos ahí, y  él silencio reina en el camino. Ahora no hablo.

Me permito pensar en mi papá.

Siempre fuimos mi padre y yo, no había alguien más.

Si yo me sentía mal, el me hacía sonreír. Cuando el se sentía solo, yo era su compañía. Nunca hablaba de mamá, era un tema que no le gustaba tocar, pero a veces sabía que pensaba en ella. Por qué sus ánimos decaían, y solo me sentaba a sus lado, no necesitaba hablar. Él solo quería que estuviera ahí.

Cuando mi padre se enteró de que yo no tenía con quién jugar o al menos un amigo. Él se convirtió en ello. Se convirtió en mi compañía y mi amigo. Todas las tardes jugábamos al ajedrez, Jenga, turista, o cualquier típico juego de mesa. Salíamos al patio y ahí hacíamos una pista de carreras. Hizo que no nos sintiéramos solos. Por ello, no entiendo por qué es que me dejó a mi suerte.

Pero, ahora dejo que Blake también entre en mi vida. Por qué a pesar de lo que llegue a pasar el está formando parte de mi vida. Aunque no quiera aceptarlo, el viaje nos ha unido. Es la amistad que no buscaba.

Durante el camino no hablo, lo cual es raro. Pero me apetecía pensar en vez de hablar.

Media hora después detiene la camioneta frente a una cabaña destartalada.

—¿Hasta aquí llega el camino?— inquiero mientras bajo de la camioneta. Tomo mi mochila y a perro.

—Si.— responde.

Comenzamos a andar a la cabaña y al abrir la puerta nos encontramos con… nada.

—El lugar es… —comienzo sin saber que decir sobre la imagen de el lugar.

La verdad es que esta horrible. No hay nada rescatable de ello. Está llena de telarañas, basura, polo y se ve que en cualquier momento se caerá.

—Horrible— Blake arruga la nariz— No creo que se pueda dormir aquí.

—Yo no dormiría aquí. Capaz y el techo se cae mientras esté durmiendo. Puedo morir y la verdad no tengo ganas de hacerlo.

—Cállate, Morgan. No seas dramática.

—Siempre taaaan amable— murmuro con ssarcasmo— Bueno, me voy de aquí. Prefiero dormir en la camioneta.— d Definitivamente no dormiría aquí.




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