El día en que te encuentre

Capítulo 23. Secretos de familia.

Emma Myers

—¿Qué tal este? —pregunté a Sophie mientras le mostraba un vestido amarillo con lunares.

—¿No te dijo a donde te llevaría?

Eso era un no. Dejé el vestido en el montón de ropa que ya habíamos desechado y seguí buscando, creo que nunca había indagado tanto en él, pero a pesar de ya haber revisado casi medio armario no podía encontrar algo que ponerme.

—No. Solo me invitó y me dijo que pasaría por mí a las 2.

Miré mi reloj y eran las 12:00 pm. Todavía tenía tiempo de encontrar algo bueno.

—¿Y esta? —Sophie levantó una falda de mezclilla.

No pude evitar hacer una mueca al verla, la falda no se me hacía la ideal. Sophie bufó cansada y volvió a revisar. Llevábamos bastante tiempo intentando encontrar un conjunto adecuado, pero cuando a mí me gustaba algo a ella no y viceversa.

—Esto sería más fácil si él te hubiera dicho a donde te va a llevar —añadió con un tono de resentimiento.

—¿Por qué te cae tan mal?

Era obvio que a ella no le caía bien, se notaba en cada gesto ante su mención, pero lo que menos quería era que mi mejor amiga y mi… lo que sea que fuera Thomas, se llevaran mal. Eran dos personas importantes para mí.

—No es que me caiga mal, solo no confió en él.

—Okay —me senté en la cama a su lado—. Sé que mi comienzo con Thomas no fue el mejor y que estás en modo defensa por esa razón, pero debes creerme cuando te digo que lo tengo bajo control.

—Por favor Emma. Te conozco mejor que nadie. Cuando dices que lo tienes bajo control es cuando menos lo tienes bajo control.

—Eso no es cierto.

Yo lo tenía bajo control.

—Emma eres de esas que se lanza como gorda en tobogán.

—No es cierto.

—Lo es.

—No.

Sophie me miró con su cara de: sabes que es cierto y bufé al darme cuenta de que no iba a ganar en esa ocasión. Me levanté y saqué un suéter tejido color gris que hace mucho que no utilizaba. Tal vez ese podía funcionar.

—¿Este? —pregunté con cierta esperanza—. Con unos jeans y tenis. Me vería arreglada, pero casual. ¿Qué opinas?

—Me gusta. Definitivamente, se te verá bien. Ese suéter siempre me ha gustado.

—Pues este será.

El teléfono de Sophie vibró y ella prácticamente saltó a él. Hasta me empujó para obtenerlo. En cuanto vi la estúpida sonrisa que ponía, supe quién era. ¿Así me veía con Thomas?

—Tengo que irme —anunció, en lo que se levantaba de la cama y caminaba hacia la puerta—. Voy a comer con la familia de Ian.

—¿Con su familia? —pregunté asombrada.

Conocer a la familia era un gran paso, al menos para mí era importante y sabía que Sophie tenía la misma creencia que yo.

—Sí —se sonrojó y se encogió de hombros—. Con Ian todo está muy bien la verdad. Creo que podemos llegar lejos.

Ver esa sonrisa dibujada en su rostro me encantaba y a decir verdad siempre que la veía era cuando hablábamos de Ian.

—Es un idiota, pero me agrada. Me gusta ver que te hace feliz.

—Es solo que… —suspiró y rascó su nuca—. Con él todo es muy simple, siento que me complementa y me gusta que sea así. Me siento bien con él.

Y ahí estaba otra vez esa estúpida sonrisa de enamorada.

—Ahora si me voy. ¡Te marco en la noche para que nos contemos todo! —gritó mientras cerraba la puerta.

Sonreí y volví a mirar la ropa que me iba a poner, estaba muy nerviosa. Era nuestra primera cita y aunque no era la primera a la que iba a asistir, sí era la primera en la que salía con alguien que me interesaba de verdad.

Tomé un baño, me vestí rápido y me arreglé lo mejor posible. No quería ir muy exagerada, pero quería verme bonita.

El mensaje de Thomas de que estaba abajo llegó y empecé a bajar las escaleras. En la cocina estaban mi mamá y Derek hablando, me iba a seguir de largo, pero escuché mi nombre.

—Mamá, debes decirle —murmuró Derek con cierto reproche—. Sabes muy bien cómo reacciona Emma con las mentiras.

¿Mentiras? ¿En qué me estaban mintiendo?

No sabía a qué se referían, pero esas palabras fueron suficiente para intrigarme y despertar mis alarmas, así que me acerqué un poco para lograr escuchar con más claridad, cuidé mucho que no me vieran, sabía que si me veían se callarían como lo habían estado haciendo desde días atrás.

—Lo sé, pero aún no es tiempo. No está lista —contestó mi mamá.

—Nunca lo estará. No es una noticia para la que te puedas preparar.

—Solo necesito tiempo Derek. Entiéndeme.

—Mamá no. Si se lo ocultas por más tiempo estoy seguro de que no reaccionara bien, la conoces, además no me gusta mentirle. Si se lo explicas, ella entenderá.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.