El día en que te encuentre

Capítulo extra: Los dos ganamos

Este extra se sitúa antes de que Declan y Emma se conocieran.

Declan Ford

Llevaba meses observándola, sonaba mal, pero fue algo que no pude evitar. Solo sucedió. Desde que la vi aquella vez en el baño, ella llamó mi atención.

Lo primero que noté fue lo bonita que era, eso nadie lo podía negar, era de baja estatura, delgada, tenía su cabello castaño claro y unos ojos color avellana que podían derretir a cualquiera, pero lo que en realidad me pareció más atrayente y por lo que obtuvo mi total atención, fue por su manera de comportarse. 

La mayoría buscaba hacer amigos, crear recuerdos, emociones y diversión, pero ella parecía querer alejarse de todo. Pocas veces hablaba con alguien que no fueran sus amigas o sus compañeras de equipo y parecía ser una chica a la cual le gustaba mantenerse al margen de cualquier situación. No se involucraba de no ser necesario.

Un golpe en la mesa hizo que dejara de ver a la chica y diera un salto por la impresión.

—¡Se te está cayendo la baba! —exclamó Ian—. Deja de acosar a la pobre chica.

Greg comenzó a reír y negó con la cabeza. Bajé la mirada a la mesa, solo para comprobar que de verdad no estuviera babeando. Por suerte no.

—No estoy acosándola.

—Claro y Greg no es promiscuo —contestó Ian.

A Greg se le borró la sonrisa que tenía en su rostro al escucharlo.

—Oye —se quejó con una mueca de molestia—. Se supone que la broma era para él. Hoy es día de molestar a Declan, no a Greg.

—Es que siempre tengo para los dos.

—Además, no soy promiscuo solo me gusta divertirme.

—Claro Greg, lo que digas. Nada más usa protección no queremos que embaraces a una chica. Con uno de tu especie ya es suficiente para este mundo.

Reí cuando este le enseñó el dedo corazón a Ian. Por eso me gustaban mis amigos, no había día en el que no me divirtiera con ellos. Siempre salían con algo nuevo.

Sin poder evitarlo, regresé mi mirada hacia donde estaba la chica y mi decepción junto con un suspiro se hizo presente al notar que ya no estaba.

—Si tanto te gusta, deberías dejar de verla y empezar hablar con ella —aconsejó Greg, haciendo que volviera a prestarles mi atención.

No me gustaba, solo me llamaba la atención. Quería conocerla y sus razones para querer mantenerse alejada de cualquier cosa. Eran dos cosas diferentes.

—Sí, Declan, te ves como un acosador maniático —agregó Ian—. Ya ni lo disimulas.

Oh Ian, mejor no hables del tema.

—Tú qué dices —le reclamé—. Eres peor que yo. No creas que no he notado como te le quedas mirando a su amiga y como siempre tratas de lucirte en los entrenamientos para que ella te note.

La boca de Ian se abrió y sonreí al darme cuenta de que le había ganado.

—Por eso decía que mejor cierro el pico.

—Sí, es lo mejor.

—Ustedes dos son tan patéticos —murmuró Greg mientras suspiraba, se llevó una mano al rostro y negó con la cabeza.

—Cállate, promiscuo —dijimos los dos al mismo tiempo.

—Creo que no te escuche bien. ¿Qué vas a hacer qué?

—Me voy a inscribir a la clase de dibujo.

Ian comenzó a reír como si le hubiera contado un buen chiste, pero cuando notó que no bromeaba, su risa paró en seco e hizo una mueca.

—¡¿Te volviste loco?!

Comencé a caminar hacia la dirección sin molestarme en contestar la pregunta. Tenía listo el formulario, solo faltaba entregarlo y estaría inscrito a esa clase de dibujo.

—Dime que estás bromeando.

—No —contesté, determinado—. Lo voy a hacer.

Justo a unos pasos de llegar, Ian se puso enfrente de mí para impedir que siguiera caminando. Traté de evadirlo, pero él colocó su mano en mi pecho y me hizo retroceder.

—¡Es una locura! —expresó aumentando el tono de voz—. Declan, te he visto hacer muchas locuras y en la mayoría no te detengo porque me divierto, pero esta —señaló el formulario—, es la mayor que se te ha ocurrido y la peor.

—Puedo hacerlo, no creo que sea tan difícil.

—Tú no sabes dibujar. Es más, eres pésimo, hasta tu letra es fea.

—¿Cómo sabes que no sé dibujar? —pregunté indignado—. Puede ser que tenga un talento oculto y con esta clase salga a relucir.

—He sido tu amigo por muchos años y te he visto dibujar, solo sabes hacer bolitas y palitos y hasta esos te quedan feos —colocó su mano en mi hombro en un intento de hacerme razonar—. Tienes muchos talentos, pero dibujar y bailar nunca han sido lo tuyo.

Él tenía razón, no sabía dibujar, mucho menos bailar, pero tenía un plan. Uno muy bien elaborado, que estaba seguro de que iba a funcionar.

—Voy a hacerlo, Ian —zanjé—. Además, esa clase se supone que te enseña a dibujar, te da las bases, así que me voy a inscribir y tal vez aprenda a hacer más que bolitas y palitos.




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