—E, eres… Alguien muy optimista. —añadió Theron con timidez. —me agradas.
—Y tú a mí. —le apoyó la mano en el hombro.
—Ay, me pone feliz que hagas un nuevo amigo. —le daba palmadas en la cabeza.
—Shader, entrenemos juntos. —expresó Throgar. —quiero fortalecerme también.
—¿Piensan dejarme de lado? —preguntó molesta. —yo necesito entrenar también, ¿Saben?
—¡Yo, yo, yooo! —Elenoria saltaba levantando la mano. —yo te ayudaré, soy muy fuerte. —apoyaba la mano en la frente con los ojos cerrados y sonriendo. —estarás en buenas manos.
—No, gracias.
—¿¡Qué!? Pero yo… Ya sé, dudadas de mi capacidad. —apareció de repente detrás de ella—. ¿Ahora qué piensas?
—Pero… —tenía la mirada sorprendida. —está bien. Entrenaré contigo.
—¡Excelente! Nos llevaremos muy bien.
—Te va a favorecer, Isolde. —comentó Shader. —aprenderás a moverte a gran velocidad, noté que siempre corres como alguien normal.
—E, es que yo… Nunca he tenido tiempo de entrenar.
—¡Es cierto! ¡Y por eso siempre te superan! —gritó Calista riendo. —encima te da el descaro de llamarme débil.
—Cierra la boca, orejas de dardos. Tú no eres quién para decirme eso.
—¿¡Orejas de dardo!? Te mataré. —extendió las manos. —agua que fluye en el aire, condénsate, ¡Y atraviesa! —recitó rápido y una lanza de gran tamaño salió.
Elenoria movió a Isolde y desvió la lanza usando una espada muy delgada, arrasando con unos árboles con mucha potencia.
—¡Yyyyy! —gritó Theron cubriéndose la cara.
—Calista… Destruiste todos esos árboles de un golpe… —expresé mirándola asombrado.
—¿Por qué no peleaste de esa manera antes? —preguntó Shader.
—Pues… Tengo que conjurarlos para esa potencia… Y lleva tiempo, jeje… Además de ser todos de distancia…
—¿¡Estás loca!? ¡Pudiste matarme!
—¡Eso te pasa por decir que tengo orejas de dardos! ¿¡Y no que muy fuerte!?
—Calista, no lo hagas de nuevo. —expresó Elenoria. —eso fue peligroso.
—S, sí, lo siento. —miró a un lado.
—Pero no te pongas así. —sonrió dándole palmadas en la cabeza. —sólo trata de controlarte, ¿Sí?
Cuando llegamos a la capital, frenamos en el medio de la plaza central. Elenoria se deshizo del jardín.
—¡Bien, vamos a comprar! —gritó Elenoria saltando.
—Qué vergüenza, qué vergüenza… —expresó Theron. —todos nos están mirando…
—¡Eso no importa! —exclamó Shader—. ¡Hay que disfrutar de la felicidad! ¡Ignóralos!
Elenoria lo miró atónita por un momento.
—¿Iremos a ese mercado de la otra vez? —pregunté. —a esa señora me parece que no le agrado.
—¿Mercado? Para nada, para nada. —negaba con la mano. —iremos a una tienda adecuada.
—¿Podemos probar el equipo en una mazmorra? —pregunté. —porque a la que fuimos casi morimos, y dos veces. —sonreía rascándome la cabeza.
—Para eso debo pedir permiso, ya que en los gremios no somos libres de elegir esas cosas. Aunque creo que nos dejarán.
—¿Casi murieron? Qué horror.
—Es porque nos confiamos. Ah, cierto, lo olvidé. Elenoria, ¿Sabes si se pueden vender pieles de nigromantes y cosas así de los monstruos?
—Se hace en el mercado negro. —de repente puso una cara de horror. —pero dime… ¿Cómo son capaces de hacer semejante asquerosidad…?
—Ja, ja… Estábamos desesperados…