IVÁN.
—Lo ves. Es una infección que se puede transmitir mediante la mordida —dijo Alex, mirándome con gesto triunfal.
—Dijo que era una variante de rabia, así que hay un respaldo científico para este problema —respondí apagando el teléfono.
—Sé que es una cosa científica. No soy tonto. El que quiera decir que son zombies no lo vuelve mágico o algo así —debatió el más joven.
—De acuerdo —cedí finalmente.
No le veía sentido a seguir discutiendo por algo de lo que aún no estábamos completamente seguros. Además, incluso si eran zombies (lo cual aún me resultaba muy difícil asimilar), lo único que podíamos hacer era seguir lo que nos habían sugerido y esperar a que la policía o Sam vinieran a rescatarnos. Si decidíamos actuar de forma imprudente, lo más probable era que acabaríamos muriendo.
—Al menos sabes perder —contestó Alex satisfecho.
—No está bien discutir con los más jóvenes. —No pude evitar responder y él solo rodó los ojos.
La poca calma que había dentro de aquel pequeño negocio de helados fue interrumpida por unos fuertes toquidos en el vidrio de la puerta.
Al voltear, nos encontramos con un tipo no más grande que los chicos con los que estábamos.
El lado izquierdo de su cabeza sangraba. Lucía pálido y alterado.
—¡Por favor, abran la puerta! —pidió con desesperación.
—¡Benny! —gritó Natalia, quien pareció reconocerlo.
La chica se separó de Julia y, asustada, se acercó a la puerta, decidida a dejar entrar al sujeto del otro lado.
—Espera, Natalia, puede ser peligroso —dijo Alex, mientras la tomaba del brazo, pero la chica se apartó de inmediato y lo miró con enojo.
—No lo voy a dejar afuera, es mi novio —respondió Natalia y continuó caminando.
—No sabemos si lo mordieron, podría estar infectado —debatió el pelirrojo, intentando detenerla, pero su compañera no cambió de opinión.
—No lo mordieron. Mira, luce normal —la chica señaló a su pareja a través del cristal.
—No estamos seguros de eso —intervine, pues no nos convenía arriesgarnos a que el hombre se convirtiera dentro del negocio, siendo que el espacio era muy pequeño.
—Por favor, Natalia. Ábreme —pidió una vez más el joven y la chica accedió, sin importarle los reparos de su compañero de trabajo.
El sujeto entró con rapidez, pues varios infectados venían tras de él. Se dejó caer en el suelo, mientras respiraba de forma acelerada.
Natalia se hincó frente a él de inmediato, mientras levantaba su rostro, pues la herida en su cien no dejaba de sangrar.
—¿En dónde estabas? —indagó la chica con preocupación—. Creí que te habías convertido en uno de ellos —agregó y lo abrazó con fuerza.
El chico le regresó el gesto y cerró los ojos. Parecía estar muy adolorido, pues apenas podía hablar. Daba la impresión de que en cualquier momento se desmayaría.
—Tranquila —susurró únicamente y dejó caer su cabeza en uno de los hombros de Natalia.
Alex aún lucía inconforme con que el novio de su compañera hubiese entrado, pero no emitió ninguna palabra más y se sentó en uno de los bancos que había tras el mostrador, y sin muchas ganas le señaló a Julia el otro, para que descansara un rato. La de cabello naranja le sonrió, pero Alex fingió no haberla visto.
Aunque estaba cansado, permanecí parado, observando lo que pasaba en el exterior a través del cristal.
Apenas parecían haber transcurrido cinco minutos cuando lo que Alex tanto temía sucedió. Natalia dejó escapar un grito de dolor, mientras intentaba apartarse de su novio, quien mordía su hombro con fuerza, y dejaba escapar algunos sonidos extraños. Como si de una bestia se tratara.
Todos nos sobresaltamos al instante. El novio de Natalia continuó mordiéndola con salvajismo, por lo que no tuve más opción que jalarlo con fuerza, para intentar apartarlo de la chica.
El sujeto se estrelló contra una de las vitrinas. Tenía la boca ensangrentada y sus ojos se habían tornado rojizos. Le bastó solo un segundo para ponerse de pie y abalanzarse sobre mí. Apenas fui capaz de esquivarlo, pero él parecía decidido a morderme, por lo que continuó intentando cazarme.
Debido al reducido espacio, me era difícil moverme, por lo que en apenas unos segundos ya me encontraba acorralado.
Pensé que el tipo acabaría por morderme, pero Alex corrió velozmente hasta donde estábamos y sin pensarlo le enterró un cuchillo en la espalda. El infectado apenas vaciló y volvió a mirarme como si fuera su presa. Era claro que las heridas como aquellas ya no le afectaban.
—Mierda —se quejó Alex, mientras sacaba el arma del cuerpo del sujeto.
—¡Iván! —gritó Julia asustada, moviéndose hasta donde nos encontrábamos, pero antes de que pudiera decir algo, Alex volvió a enterrar el arma en la nuca del novio de Natalia. Esta vez el infectado abrió la boca como si fuera a proferir un grito y sus pupilas se contrajeron; segundos después se desvaneció en el suelo.
Todos permanecimos en silencio durante un instante, solo observando con desconcierto el cuerpo del infectado que segundos antes intentaba atacarme.
—Matamos a alguien —susurré sin pensarlo.
—¿Por qué dices matamos? —cuestionó Alex saliendo del trance en el que se encontraba—. Fui yo quien enterró el cuchillo —agregó con voz temblorosa, sin apartar la mirada del cuerpo; parecía asustado, pero rápidamente intentó disimularlo.
—Sí, pero fue para protegerme, así que en parte es mi responsabilidad —respondí, intentando minimizar su culpa, aunque evidentemente mis palabras eran de poca utilidad.
—Pues esto no hubiese pasado si esa tonta no lo hubiera dejado entrar —respondió con enojo, mientras se acercaba a Natalia, quien había dejado de respirar. Alex la observó por unos instantes. Un par de lágrimas abandonaron sus ojos, pero se limpió con brusquedad y cerró con delicadeza los de su compañera. —Ahora está muerta —soltó con amargura.