HORI.
Apenas había podido dormir. No solo estaba asustado porque todo en el exterior era una locura, sino también porque desde que había presenciado la primera transformación, una extraña sensación invadía mi pecho. No podía comprenderla con exactitud. Los cambios siempre me habían aterrado, incluso los más pequeños, pero esta vez, no estaba entrando en pánico y cayendo en la demencia como la situación lo ameritaba.
Sabía que a Reno también le había costado conciliar el sueño. La había escuchado toda la noche moverse de un lado a otro y suspirar con cansancio. Aun así, ninguno de los dos dijimos alguna palabra. Sabíamos que ambos teníamos que asimilar lo que sucedía por separado.
Los quejidos y gritos de dolor se escuchaban cada vez menos. Lo que solo podía significar que todos en el hotel estaban muertos o transformados. Eso me hacía sentir aún más aterrado.
Finalmente abrí los ojos. La luz apenas entraba por la delgada línea que quedaba al descubierto entre las cortinas.
Fruncí el ceño en cuanto caí en cuenta de que la televisión no emitía ningún sonido. Me senté con rapidez y miré la pantalla. Estaba gris completamente. Tomé el control y comencé a cambiar los canales; quizás tendría suerte y en alguno estarían dando una nueva transmisión que pudiera ayudarnos, pero, al igual que el anterior, se encontraba sin señal.
Reno se removió de su lugar y me observó confundida.
—¿Qué ocurre? —cuestionó adormilada. Su voz se escuchaba un tanto ronca.
—No hay señal en ningún canal —respondí, sin dejar de presionar el botón de pasar.
Reno se frotó los párpados unos segundos y después tomó su teléfono.
—Tampoco hay señal en mi teléfono —dijo y bostezó—. Y ya no me aparece ninguna red de internet —agregó más preocupada.
—Ya no hay manera de que sepamos qué hacer o si darán inicio a la evacuación —dije, comenzando a entrar en pánico.
—No creo que signifique algo bueno —habló Reno con preocupación—. Y dudo mucho que la policía venga pronto por nosotros.
—No podemos esperar aquí —afirmé—. No tenemos comida real, y tus botanas pronto se acabarán. Además, ya no hay manera de poder comunicarnos con nuestras familias, y si mi madre pasa tanto tiempo sin saber de mí, se volverá loca.
—Lo sé —contestó la más alta—. Pero salir de aquí será todo un reto. Y aunque lo hagamos, las calles tienen que estar incluso más llenas de infectados.
—Solo tenemos dos opciones —dije y levanté uno de mis dedos—. Ser más sensatos, ahorrar todo lo que podamos la comida y suplicar porque alguien venga a salvarnos o —levanté el segundo dedo— actuar solo siendo guiados por nuestros nada confiables instintos, corriendo el riesgo de morir o infectarnos en el camino, pero teniendo al menos un 10% de probabilidad de sobrevivir si tomamos en cuenta mi experiencia con los videojuegos y tu grandiosa resistencia.
—Sí, bueno. Ninguna de las dos me convence —respondió la mayor—. Pero quedarnos aquí solo es prolongar lo inevitable. Es mejor que nos vayamos ahora que aún tenemos fuerza y sabiendo que quizás con suerte nos encontremos con la policía o el ejército allá afuera, que esperar a que la comida se nos termine y tengamos que salir de aquí desnutridos y con una mayor cantidad de zombies esperándonos en el exterior.
—Tu forma de decir las cosas tampoco es muy motivadora —respondí y no pude evitar sonreír. Pues, aunque era verdad que iríamos directo a nuestra muerte, me aliviaba no estar solo y que la simple presencia de Reno bastara para no volverme loco. —Pero hay que hacerlo ahora que estamos impulsivos, si no nunca nos iremos.
—Tú siempre eres impulsivo —respondió la chica y se levantó de la cama.
Una vez que ambos nos alistamos. Que básicamente solo consistió en ponernos los zapatos y regresar la comida de Reno a su mochila. Buscamos algo con lo que defendernos, pero en aquella habitación de hotel no logramos encontrar algo que realmente fuera de utilidad.
—En cuanto mueva el sillón te asomas para saber si el pasillo está despejado —ordenó Reno.
Sabíamos que lo más probable era que en cada rincón del establecimiento hubiera zombies, pero no teníamos muchas alternativas si en verdad queríamos escapar de ahí.
—Está bien, pero ¿por qué siempre tengo que ser yo quien haga estas cosas? —me quejé.
—Mmm —ladeó la cabeza pensativa—. Pues porque soy dos meses más grande, así que debes hacerme caso, y la inicial en tu nombre va antes en el alfabeto —respondió divertida—. Además, debes proteger a tu dulce amiga —añadió con el mismo tono.
—¿Mi dulce amiga? —cuestioné—. Tú deberías ir al frente. Eres al menos 10 centímetros más alta que yo, tienes más resistencia, y ya sabes lo que dicen, niños y mujeres primero —dije con falso tono de amabilidad.
Reno alzó ambas cejas con impaciencia, mientras sonreía, y solo rodeé los ojos.
—Está bien. Ya ábrela de una vez —respondí resignado y ella sonrió complacida.
Reno hizo lo que le pedía, y con rapidez movió el mueble. En cuanto hubo el suficiente espacio para sacar la mitad de mi cuerpo, analicé el lugar con nerviosismo.
El pasillo estaba cubierto de sangre y ropas desgarradas. Pero, a excepción de eso, se veía bastante tranquilo.
Le hice una seña para que avanzara y ambos empezamos a caminar con cautela.
Algunas puertas estaban cerradas, lo que con suerte significaba que había sobrevivientes, pero otras dejaban a la vista cuerpos siendo devorados por otros infectados. Cosa que me hizo querer regresar a la habitación, pero estaban demasiado concentrados en eso que no notaron nuestra presencia.
Finalmente, llegamos a las escaleras, pero cuando estábamos por bajar el primer escalón, nos percatamos de que, de la mitad de camino para abajo, todo se encontraba repleto de zombies.
Ambos comenzamos a caminar lentamente de regreso hacia donde habíamos venido. Estábamos tan concentrados en que los infectados frente a nosotros no notaran nuestra presencia, que no tomamos en cuenta a los que segundos antes habíamos visto en las habitaciones. Por lo que, en cuanto pasamos por ahí, uno de ellos soltó un chasquido de manera espeluznante y comenzó a correr hacia nosotros.