HORI.
—¿Qué le sucedió a tu pie? —cuestioné con preocupación al ver que Reno comenzaba a cojear para acercarse a mí.
—Me torcí el tobillo cuando intentábamos huir de los zombies; si no fuera por los tipos que llegaron e intervinieron, no sé qué hubiese sucedido.
—Lo siento —dije agachando la cabeza. —Debí estar contigo.
—¿Por qué te disculpas? Tienes que dejar de hacer eso, amigo. Cuando crees que te equivocas, te culpas absolutamente por todo lo que sucede después.
—Perdón —respondí sin poder evitarlo.
—Ya ves —volvió a regañarme—. Todo estará bien —añadió y asentí.
Desvié la mirada. Algunos hombres de negro habían permanecido junto a nosotros para resguardarnos, por lo que la espera resultó excesivamente tensa, pues estaba casi seguro de que ellos también habían presenciado la situación comprometedora en la que su jefe y yo nos encontrábamos.
Después de unos 15 minutos, Iván y Julia finalmente volvieron a donde estábamos. El más alto parecía tenso, contrario a la de cabello naranja, quien se veía más tranquila.
Una mezcla de nerviosismo y culpabilidad subía desde mi estómago hasta mi garganta. Sentía el corazón acelerado y unas inmensas ganas de llorar.
Negar que había disfrutado del beso con Iván sería una mentira, pero después de considerar la posibilidad de que Julia tuviera algo con él, no podía dejar de sentirme como un cualquiera. Lo último que pretendía era causarle daño.
Reno tenía razón; lo mejor era hablar con ambos y dejar las cosas en claro. Aunque la sola idea de hacerlo empeoraba la ansiedad en mi cuerpo.
—Nos iremos en un par de minutos, hay un refugio a las afueras, así que Dumbra les quedará más cerca —dijo Ivan en cuanto estuvo lo suficientemente cerca.
No parecía tener intenciones de hablar al respecto de lo que sucedió antes entre nosotros. Inclusive me daba la impresión de que evitaba mirarme.
—Iván...
—Será mejor que vayan a los vehículos, los veré en unos minutos —me interrumpió, mientras uno de sus guardaespaldas le tendía una larga bolsa, con lo que parecía ser un traje.
Ni siquiera pude debatir respecto a su orden, pues ya había entrado nuevamente al almacén.
Reno llevó una de sus manos hacia mi hombro y volteé a mirarla.
—Será mejor que hagamos lo que dice; quizás cuando estemos en un sitio más seguro puedan hablar —dijo en un intento por animarme.
—Vengan por aquí. —Julia nos hizo un gesto para que la siguiéramos hasta las camionetas, así que pasé uno de los brazos de Reno tras mi cuello para ayudarla. En cuanto estuvimos cerca, uno de los hombres de negro abrió la puerta para que pudiéramos subir.
—Adelante —nos invitó la mayor.
Reno sonrió ante su amabilidad e hizo lo que le pedía. Yo, por el contrario, negué con la cabeza y miré avergonzado a la de cabello naranja.
—¿Qué pasa, Hori? —cuestionó con extrañeza.
—No puedo simplemente fingir que no sucedió nada —hablé con nerviosismo—. No sé qué hay entre tú e Iván, pero lamento tanto si de alguna forma interferí con eso. Yo no lo habría besado si supiera que está contigo.
Julia pareció analizar mis palabras por algunos segundos y después me sonrió, intentando tranquilizarme.
—Está bien, Hori. Ya no estamos juntos.
—¿Ya no lo están? —cuestioné, esperando haber escuchado mal, pues incluso si eran exnovios, la situación seguiría siendo incómoda.
—Salimos por un tiempo, pero ya terminamos, así que no tienes por qué preocuparte por lo que yo piense —dijo, y volvió a sonreír con amabilidad.
—¿Por un tiempo? —no pude evitar seguir con los cuestionamientos.
—Algunos años, pero... aunque no debería estar diciendo este tipo de cosas, nuestro compromiso en realidad era arreglado, así que puedes sentirte tranquilo —me explicó.
—¿Comprometidos? —solté con asombro. —Debes aborrecerme —dije sintiéndome aún peor con la situación.
—Tranquilo, Hori —Julia soltó una risita, mientras colocaba una de sus manos en mi hombro—. En realidad eres alguien muy agradable, así que no te preocupes por mí. Si Iván te gusta, está bien. Porque de eso se trata, ¿verdad?
No pude evitar sentirme avergonzado ante sus palabras, pero también aliviado al saber que no me detestaba. Julia en verdad era alguien amable y comprensiva. El tipo de persona que me gustaba tener como amiga.
—No lo sé. Es que él es tan frío, irritante y exigente —me quejé y no pude evitar soltar un suspiro de resignación—, pero también es tan...
—¿Atractivo? —cuestionó con diversión.
—Lo es, y es tan complicado no pensar en él. —Hice una pausa y la observé avergonzado—. Debes pensar que soy un idiota por hablar así de tu ex. No debería decirte estas cosas a ti.
—No, está bien, Hori. Creo que en realidad lo nuestro nunca fue algo romántico, así que si Iván tiene la oportunidad de estar con alguien que también le guste, no interferiré de ninguna forma.
—Oh, yo no estaría tan seguro de gustarle —solté con decepción.
—Te besó, Hori, e Iván no es el tipo de hombre que suele hacer eso, así que él también siente algo por ti. —No supe qué responder, por lo que Julia siguió hablando—. Sin embargo, y créeme que no quiero ser pesimista, debo decirte que tienes que ser alguien paciente, porque Iván no suele salirse de los planes de su padre.
—Y dudo que tener cerca a alguien como yo sea parte de esos planes —dije algo estresado por la situación.
Julia no respondió, pues Iván salió finalmente del almacén y comenzó a caminar hacia nosotros. Lo miré por un par de segundos y después decidí subir a la camioneta. No quería presionarlo a hablar respecto a lo sucedido, así que esperaría a que él decidiera el momento adecuado para dejar al descubierto sus sentimientos.
(...)
El viaje hacia el refugio fue silencioso. Al final, Iván decidió irse en el segundo de los vehículos, y Julia y Reno se dedicaron a dormir durante el trayecto. Solo pude distraer mi mente observando el paisaje en el exterior, mientras intentaba no moverme demasiado, pues la cabeza de Reno descansaba sobre mi hombro. Pero ver un zombie tras otro, y todo el desastre que la infestación dejaba a su paso, solo me hizo sentir peor. No podia evitar preguntarme: "¿Cómo había llegado el mundo a ese punto?"