IVÁN.
Desde aquella plática con mi padre, no había hecho nada más que pudiera molestarlo. Sabía que podía actuar en contra de Reno y Hori, como una forma de castigo o manipulación hacia mí. Era consciente de que no debía seguir de esa manera, con ese miedo constante que su sola mención me causaba, pero era complicado.
Sin embargo, ese no era el único motivo por el que no los había visitado; la culpabilidad que sentía al no haber sido capaz de darle una explicación a Hori cuando se la merecía me carcomía por dentro. Sabía que debía hablar con él respecto a lo que había sucedido en el almacén, pero ni siquiera yo lograba comprender por qué lo había hecho.
¿Habían sido sus palabras?
¿Su tono retador?
¿La posibilidad de que en realidad pudieron ser nuestros últimos momentos?
O, en realidad...
En realidad, fue algo que deseaba hacer, solo que nunca me hubiese atrevido de no ser por las circunstancias.
Hori y yo éramos contrarios. Piezas que no encajaban por lo diferentes que eran. Alguien tan libre e impulsivo como él solo se sentiría retenido a mi lado. No habría forma de que yo pudiera seguirle el paso, porque él era valiente a su manera, y yo demasiado cobarde como para aceptar mis sentimientos. Como para siquiera darle una explicación. Por eso planeaba mantener distancia con él por al menos un tiempo. Sin embargo, cuando Alex me dijo que se irían esa noche, algo se alteró en mi pecho y supe que debía buscarlo. Así que esperé a que la oscuridad invadiera el refugio y salí de mi habitación. Creí que no lograría encontrarlos debido a lo grande del sitio, o que no llegaría a tiempo, pero en cierto momento pude distinguir su silueta y la de Reno cerca de uno de los muros.
Ambos iban vestidos de negro; sin embargo, el cabello platinado de Hori resaltaba debido a la luz que la luna reflejaba. Aunque la noche no era tan fría, la nariz del menor tenía un tono rojizo, al igual que sus mejillas.
Con lentitud me acerqué a ellos, esperando no asustarlos, pero en cuanto me escucharon, ambos se pusieron alertas.
—Soy yo, tranquilos —dije levantando las manos a forma de disculpa.
Reno alzó ambas cejas con sorpresa debido a mi presencia, mientras que la expresión de Hori era algo confusa. Una mezcla de enojo y asombro.
—¿Vienes a decirme lo mal que es huir de esta manera? —cuestionó a la defensiva, cruzándose de brazos.
—Sé que no me escucharías si lo hiciera —debatí—, solo pensé que sería mejor despedirnos en persona. —añadí, esforzándome porque mi nerviosismo no saliera a la luz.
—¿En persona? —preguntó con indignación—. Has estado evitándonos desde que llegamos a este lugar; si no me despedí adecuadamente, no fue mi culpa.
—Tienes razón —solté avergonzado tras unos segundos—. Debí venir antes.
—Yo... iré a vigilar si no viene nadie —intervino Reno, mirando a Hori de manera extraña y después se alejó unos metros.
—Da igual —soltó Hori una vez que nos quedamos solos—. Sé que no te importa nada de lo que sucedió, y no puedo obligarte a que sea lo contrario.
El más bajo me miró directamente a los ojos. Me pareció percibir ira y dolor en ellos, así que la culpabilidad en mi pecho no hizo más que aumentar. Ni siquiera nos conocíamos del todo y yo ya le causaba daño.
Quería decirle que sí me importaba lo que había sucedido en aquel almacén. Aunque no sabía con exactitud lo que sentía por él, era seguro que no lo había sentido por nadie más, pero no hallaba una forma de hacérselo saber.
—Sé que debí hablar contigo respecto a muchas cosas, pero Hori, yo... yo no soy valiente como tú —solté sin apartar la mirada de sus ojos.
—¿Valiente? —cuestionó, enojado—. ¿Estás burlándote de mí?
—No lo hago —fui sincero—, solo quiero decir que tú y yo somos muy diferentes...
—Me queda claro —me interrumpió—, no tienes que recordarme que no cumplo tus expectativas. Ya sé que alguien exitoso como tú. Que actúa como tú y se ve como tú, jamás podría relacionarse con alguien como yo.
—No estoy tratando de decir eso.
Odiaba el hecho de ser pésimo expresando mis sentimientos. Era frustrante ser bueno hablando delante de todos los miembros de una empresa, pero no frente a la persona que me interesaba.
—Como sea —dijo Hori intentando tranquilizarse—. No tengo derecho a reclamarte nada. Al contrario, gracias a Julia y a ti, pudimos llegar hasta aquí. Ahora nuestro camino es más corto. —El menor sonrió de lado; sin embargo, sabía que no era un gesto honesto.
—Es peligroso que se vayan así, de noche —solté, sin saber qué otra cosa decirle.
—Lo sé —respondió con calma; parecía ya no querer discutir—. Pero quiero ver a mi madre, y de vez en cuando, arriesgarse y ser impulsivo no es tan malo; deberías intentarlo.
No respondí, solo me dediqué a observarlo. Ambos nos miramos fijamente por algunos segundos, como esperando a que algo más sucediera, pero todo seguía igual.
Él estaba dispuesto a irse.
Y yo aún estaba asustado.
Sin embargo, no podia dejar de pensar en que debía empezar a hacer las cosas de manera diferente. Claramente, no podia cambiar de la noche a la mañana y, aunque finalmente me había dado cuenta de que jamás podría satisfacer a mi familia de la forma en que ellos querían. Eso no quitaba el hecho de que aceptarlo resultaba doloroso, pues aunque en realidad heredar el puesto de mi padre nunca me había ilusionado como todo el mundo pensaba, en el fondo siempre quise escuchar de su boca lo orgulloso que se sentía de mí o ver a mi madre sonreír satisfecha ante alguno de mis logros. De mis propios logros, y no los que ellos habían establecido.
Además, por algún motivo, pensar en no volver a ver a Hori de nuevo me provocaba un dolor de estómago intolerable y me sentía inquieto.
—Iré contigo entonces —solté sin pensarlo.