El día que llovieron zombies.

CAPÍTULO TREINTA Y UNO. EL VERDADERO NOMBRE DE LA DEMENCIA ES BARTO.

IVÁN.

En cuanto la horda nos interceptó, supe que estaríamos en problemas. Jalé a Hori intentando retroceder para evitar que los infectados nos mordieran. Sin embargo, terminamos por toparnos con el grupo de sujetos que perseguían a Ukko.

—Hay dos aquí, Barto —habló uno de ellos. Tenía el cabello teñido de azul claro y llevaba una playera de tirantes con estampado de esqueletos montando en patineta.

Nos vimos obligados a parar, pues levantó el arma que llevaba y la apuntó en nuestra dirección. Pronto se escucharon varios disparos. No pude evitar tensarme y Hori se encogió en su lugar, mientras cerraba sus ojos ante la molestia del potente ruido de las balas. Los hombres les disparaban a los zombies que se acercaban a gran velocidad y en apenas unos minutos lograron derribarlos.

Quien parecía ser Barto comenzó a acortar la distancia entre nosotros. Era más bajo que yo, pero aun así me miraba con superioridad. A diferencia de Ukko, él sí portaba su informe; incluso un kepi azul reposaba sobre su cabeza, cubriendo gran parte de su cabello cenizo.

Sus ojos verdes me miraban con una mezcla de diversión y curiosidad.

—Así que son los nuevos amigos de Ukko —soltó cuando estuvo a solo unos pasos de nosotros.

—Amigos es una palabra fuerte, yo diría que somos conocidos —respondió Hori. Creí que decía aquello intentando salvarnos de la situación; sin embargo, continuó hablando: —Pero incluso si lo fuéramos, ¿por qué diablos tendría que importarte? —añadió y voltee a mirarlo con rapidez, pues no parecía considerar el hecho de que todos los hombres a nuestro alrededor iban armados.

Barto soltó una risa en cuanto Hori dejó de hablar, mientras lo observaba con detenimiento.

—Otra horda se acerca como a medio kilómetro, hay que movernos —intervino un sujeto pálido de cabello café y anteojos. Al igual que Barto, iba uniformado.

Barto asintió únicamente y después le sonrió a Hori.

—Resulta que no quiero que Ukko se aparte de mi lado —dijo con simplicidad—. Así que sería mejor que ninguno de ustedes interviniera.

—Pues Ukko no parece opinar lo mismo —contestó Hori—. Dijo que estabas loco y eras obsesivo, y al parecer tenía razón.

El policía alzó ambas cejas entre asombrado y divertido e intentó acercarse aún más a Hori, pero mi cuerpo se movió por instinto y me coloqué frente a él. Barto volvió a sonreír, pero dejó de moverse.

—Debemos resguardarnos —le recordó su compañero. Tenía una actitud seria en comparación con el rubio y, a excepción de cuando miraba a Barto, su semblante era indiferente.

—Dame unos minutos, Luca —pidió el más bajo—. Solo tengo que aclarar un par de cosas aquí —añadió y volvió a centrar su atención en nosotros. —Bien, ahora van a decirme hacia dónde se dirigen. ¿Cuál es el destino de Ukko?

—¿Por qué lo sabríamos? Te dije que lo acabamos de conocer —soltó Hori a la defensiva.

Aunque en realidad no sabíamos con exactitud a dónde quería llegar Ukko, tampoco lo hubiésemos delatado, y lo más seguro era que aún se encontrara con las chicas, por lo que no debíamos arriesgarnos. Además, nuestro destino era la casa de Hori y Reno, y no podíamos decirle eso a Barto.

—Me gusta la gente atrevida como tú —respondió Barto—, pero no la mentirosa, y para serte sincero, mientras más tiempo pierdo aquí con ustedes, menos posibilidades tengo de recuperar a Ukko.

—Entonces deberías dejar que se vaya —soltó Hori.

—Hori —hablé, pues claramente el tipo frente a nosotros comenzaba a perder la paciencia y estar rodeados de más de una docena de hombres armados no mejoraba la situación. En cualquier momento una bala podría atravesar nuestras cabezas.

—Hori—repitió Barto—Lindo nombre. Bueno, ¿qué hay de ti? —desvió su mirada hacia mí—. ¿Quieres decir algo? ¿Darme información útil para recuperar a Ukko? ¿O tendré que verme obligado a incentivarlos?

—No te puedo ayudar —dije sosteniéndole la mirada.

Todo mi cuerpo podía sentir que algo malo se avecinaba. No sabía cómo, pero tenía que encontrar una forma para poder huir de ahí.

—Bien, supongo que hace falta incentivarlos —dijo encogiéndose de hombros. —¿Quién quiere ser torturado primero? —cuestionó con tranquilidad.

—Vete al carajo —soltó Hori y, sin previo aviso, se abalanzó sobre Barto para darle un fuerte puñetazo en el rostro.

Levanté las cejas con asombro, sintiendo la preocupación expandirse por mi estómago. Estaba más que claro que nuestras posibilidades de sobrevivir habían disminuido drásticamente y, al escuchar cómo todos recargaban y dirigían sus armas hacia nosotros, solo pude pensar en formas milagrosas de evitar que Hori muriera en ese momento.

Luca tomó a Hori por uno de los brazos y colocó su pistola sobre su cabeza. Estaba por moverme cuando otro de los sujetos hizo lo mismo que su compañero y posicionó su arma tras mi nuca.

—Tranquilos —habló Barto, haciendo un gesto para que bajaran las armas, mientras se llevaba la mano a la boca y escupía la sangre que se había acumulado a causa del golpe. El policía soltó una risita como si aquello lo divirtiera y luego miró a Hori—Eso me dolió, me tomaste desprevenido.

—¿Cuánto? —intervino Luca. Había soltado a Hori y enfundado su arma. Ni su rostro ni su tono de voz delataban cómo se sentía.

No entendía de lo que hablaba, pero Barto se acercó hacia él. Tanto que por un momento sentí que estaba invadiendo su privacidad, pues tomó a Luca de la cintura mientras lo veía directamente a los ojos. Sin embargo, solo sujetó la macana que su compañero llevaba y volvió a alejarse.

—Yo diría que un 40%, pero míralo, parece muy indefenso —dijo observando a Hori—. Yo creo que con 15 será suficiente —añadió y Luca asintió.

El sujeto de cabello azul y otro hombre de rizos negros y lentes de sol tomaron a Hori de los brazos. Intenté impedirlo, pero Luca previno lo que haría y con rapidez me proporcionó una fuerte patada en el estómago que me hizo caer al suelo de rodillas. La falta de aire provocó que la cabeza me doliera, pero me incorporé como pude. Sin embargo, Luca no desistió de impedir que yo llegara hasta Hori y, junto a otros dos sujetos, me sometieron en el suelo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.