UKKO.
Después de un rato todos nos encontrábamos en el comedor. Aunque Iván y Julia parecían tan incómodos como yo, estaba seguro de que les resultaría más fácil acostumbrarse. Llevaba solo un par de horas conociéndolos, así que me sentía fuera de lugar. Aunque a nadie parecía importarle eso, ni el hecho de que hubiésemos tenido un altercado al conocernos o que Barto los atacara por mi culpa.
—Tomen asiento —ofreció el padre de Reno, comenzando a servir la comida en los platos negros que su esposa había puesto sobre la mesa.
Habían acercado dos sillas más, pues el comedor parecía ser solo para seis personas, y los hermanos menores de Reno estaban sentados en otra mesa pequeña a unos metros de la nuestra.
—Mamá no nos dejaba comer aquí desde que cumplimos 9 —soltó Riley mientras metía la cuchara a su sopa.
—Dijo que éramos demasiado mayores, pero yo creo que aún es divertido comer aquí —añadió Renly.
Iván movió una de las sillas del lado derecho para que Julia pudiera sentarse y luego se acomodó junto a ella. Hori estaba al frente con Reno y la madre de esta. Su padre se encontraba en el extremo más cercano y la madre de Hori en el otro, por lo que decidí permanecer junto a Iván. El más alto lucía tenso. Quizás era por todas sus heridas o simplemente estaba cansado. Estar junto a él a veces podía ser intimidante. Incluso con la ropa anticuada del señor Lars, lucía como alguien importante. El chaleco café de botones mezclado con la corbata gris y esos pantalincillos de vestir sin duda le quedaban mejor que a mí.
—Gracias —dije cuando el padre de Reno me tendió uno de los platos.
Al principio todos comíamos en silencio. Intentaba lucir lo más normalmente posible, pero llevaba varios días sin cenar junto a otras personas de una manera tan trivial que se sentía extraño. Además, tenía tanta hambre que tuve que esforzarme por terminar con lentitud el contenido de mi plato.
—¿Entonces todas estas semanas han estado huyendo juntos? —cuestionó el padre de Reno, rompiendo el silencio.
—En realidad, pasamos casi la mitad del tiempo en el refugio a las afueras de Carval —explicó su hija—, pero sí hemos estado con Julia e Iván desde entonces.
—¿Y qué hay del tipo que los atacó? —preguntó la madre de Hori.
—Eso fue culpa mía —dije avergonzado; la señora Violet alzó las cejas con sorpresa, pero esperó a que les explicara—. Era mi compañero de trabajo, hubo algunos desacuerdos entre nosotros y ha estado persiguiéndome desde entonces, así que cuando me vio con los demás, creyó que Iván y Hori eran amigos míos, y por eso decidió atacarlos.
—Entonces no es tu culpa —dijo la madre de Hori—. No fuiste tú el que los atacó.
—Pero de no ser porque se cruzaron conmigo, no los hubieran herido —debatí, evitando la mirada de todos los demás, pues no quería mirar sus reacciones.
—Quizás así debía pasar —intervino el padre de Reno—. Tal vez, si no te hubieran conocido, aún no estarían aquí.
—Y hubiese sido peor que te atacaran a ti estando solo —añadió la señora Beca.— De cualquier manera, ya están a salvo, así que ya no deberías preocuparte por eso. Nadie aquí parece querer culparte.
—No, claro que no —estuvo de acuerdo Reno—. Ya te lo habíamos dicho.
—Así que no te des tanto crédito —dijo Hori y lo miré con fastidio.
—Bien —respondí, centrando nuevamente mi atención en el plato.
—Dijiste que el sujeto que los atacó era tu compañero, ¿trabajaban en el mismo lugar? —indagó el señor Lars y asentí.
—Sí, en la estación de Gresland.
—¿Eres policía? —cuestionó con sorpresa y volví a asentir.
—¿De verdad? —preguntó Renly, emocionado—. ¿Tienes una placa y un arma?
—Sí, pero dejé mi placa y mi uniforme en la estación —expliqué ignorando la mención del arma, pues no me parecía correcto hablar de eso con un niño.
—Genial, Reno nunca había tenido un amigo policía —respondió el niño.
—¿Y ustedes en qué trabajan? —preguntó Riley mirando a Julia e Iván.
—Soy pintora —respondió la de naranja sonriendo.
—Yo trabajaba para mi padre —dijo Iván al ver que Riley esperaba su respuesta.
—Suena aburrido —soltó Renly y su hermana lo pateó por debajo de la mesa—.¿Qué? Es verdad —se defendió el niño.
—Sí, tal vez lo sea —admitió Iván.
No parecía gustarle mucho hablar sobre él. Sin embargo, estaba claro que su intención siempre era ser amable. Aunque su aura gélida y su semblante inexpresivo no ayudaban demasiado, incluso si algunos de sus rasgos eran delicados.
Hasta ese momento, caía en cuenta de lo diferentes que eran todos en ese grupo. Desde su forma de vestirse hasta la de actuar. Aun así, parecían llevarse bastante bien, aunque me daba la impresión de que Hori había estado ignorando a Iván los últimos minutos.
—Reno, veo que volviste a usar el arco —mencionó su madre cuando el silencio nuevamente se hizo presente.
La cara de los cuatro más jóvenes en el comedor cambió, sobre todo la de Reno.
—Sí, fue un regalo —respondió la más alta, aunque su voz no se escuchaba muy animada.
—Aún sigue siendo muy buena —añadió Hori sonriendo a medias.
En el interior estuve de acuerdo con su comentario. Aún estaba asombrado y aterrado por la buena puntería que Reno tenía. Estaba seguro de que si ella hubiese querido, la flecha habría atravesado mi cabeza en lugar de mi mano.
—Creí que lo habías dejado por completo —comentó su padre.
—Jamás lo dejaría por completo —respondió la chica y el mayor le sonrió.
—Debió ser un buen hombre —dijo el señor Lars.
—Él nos salvó —soltó Hori asintiendo y casi me dio la impresión de que sus ojos se ponían llorosos.
—Bueno, lo mejor será que veamos cómo dormiremos —sugirió Reno antes de que alguien más pudiera indagar sobre el tema. Aunque su mirada parecía reflejar cierto malestar.
—Bueno, estaba pensando que los mellizos pueden venir a nuestro cuarto —habló el padre de Reno—. Julia podría quedarse en la habitación de Reno e Ukko e Iván en el cuarto extra. Violet, en el cuarto de Riley y Renly, y Hori puedes tomar la otra cama en esa habitación o quedarte con los chicos.