El día que llovieron zombies.

CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO. ALGUNAS TARDES SON TRISTES.

RENO.

Cuando finalmente estuvimos a unos metros de la casa, me sentí más tranquila. Después de todo lo que habíamos pasado, solo quería ver a mis amigos y conversar con ellos o hacer algo para sentirme como una persona normal (que vivía en un mundo normal). Sin embargo, en el fondo sabía que eso no sería así, pues el mundo ya era aterrador y extraño incluso antes de que nos invadieran los zombies.

Una vez que llegamos a la parte delantera de la casa, un molesto sentimiento empezó a invadirme. Era similar a lo que había sentido esa mañana. Como si alguien estuviera jugando con mis entrañas o esperando a que bajara la guardia para arrancarme el corazón, y cuando entramos a la sala y pude ver a mi madre intentando tranquilizar a mis hermanos, quienes lloraban de manera alterada y tenían manchas de sangre en el rostro, esos miedos de repente parecieron más reales.

—¿Qué ocurre? —mi padre fue el primero en hablar y acercarse a ellos.

—¿Por qué tienen sangre? —cuestioné con miedo. El pecho me dolía y solo podía pensar que realmente algún ser invisible estaba intentando llevarse mi corazón.

Mi madre levantó la vista hacia mí, pero no respondió. Ella jamás me ocultaba nada. Siempre habíamos confiado la una en la otra, pero en ese momento no parecía querer decirme lo que ocurría.

—¿Mordieron a alguien? —Ukko fue el único en atreverse a hacer ese cuestionamiento, pero no esperó respuesta y con rapidez salió al patio trasero.

—Fue culpa mía —lloró Riley y abrazó a mi madre con fuerza—. Fue por mí.

No esperé más tiempo y también corrí hasta donde todos los demás parecían estar. La distancia de repente me pareció enorme y en mi cabeza solo podía ver el rostro de mis demás compañeros, sintiendo un terrible dolor ante la posibilidad de poder perder a alguno de ellos.

Cuando salí, vi a Ukko parado al lado de la madre de Hori. Ella no parecía herida, así que intenté tranquilizarme. Aún no tenía idea de lo que había pasado, por lo que, por un momento pensé que no necesariamente tenía que tratarse de algo grave.

Seguí acercándome y mi optimismo se esfumó con rapidez. Toda la guarida se encontraba destruida. El caballete estaba roto, algunas pinturas y muchos dibujos esparcidos alrededor y cubiertos de sangre, al igual que los cojines.

Un infectado yacía en el suelo y una de las patas del regalo que mi padre había hecho para Julia había sido clavada en su cráneo.

Iván se hallaba en una de las esquinas, recargado en un montón de tablas. Su suéter y parte de su rostro pálido estaban cubiertos de sangre y tenía la mirada perdida hacia el centro de la zona. Estaba inmóvil como si su cuerpo solo fuese un cascarón.

No me costó entender por qué reaccionaba de esa manera, pues a corta distancia Hori sostenía a Julia entre sus brazos. Esta parecía como si fuese a perder la conciencia y, al desviar la mirada hacia uno de sus hombros, pude ver que había sido ella a quien habían mordido.

—No —sollocé. Después de mucho tiempo reprimiéndome, las lágrimas finalmente corrieron por mis mejillas—. No —repetí y Hori levantó la vista hacia mí.

—Reno —soltó con la voz quebrada—. Reno, tenemos que hacer algo —dijo mirándome con súplica—. Tú puedes resolverlo, ¿verdad? Tú puedes hacerlo.

Abrí los ojos con exageración y mi respiración comenzó a agitarse. Quería moverme. Quería que sus palabras fueran verdad y poder hacer algo, pero eso no era cierto. Por eso nadie se movía. Por eso ya nadie hacía nada.

—Reno, ¿qué hacemos? —volvió a preguntar Hori y me llevé las manos a las rodillas, pues sentía que en cualquier momento perdería las fuerzas—. Reno, dime algo, por favor.

—Hori. —Ukko negó.

—¿Qué? —gritó Hori y más lágrimas brotaron de sus ojos—. ¿Qué carajos vas a decir ahora? —chilló, comenzando a alterarse.

—Hori —dijo su madre con calma, quien también tenía los ojos llorosos.—Por favor.

—No, es que nadie se mueve, nadie está haciendo nada...

—¡Porque ya no hay nada que hacer! —gritó Ukko y también comenzó a llorar.

—No, vete a la mierda. —Hori se apartó de Julia con delicadeza y se levantó para acercarse al de negro—. ¡Deja de decir eso! —gritó y lo empujó.

—Hori, ya basta. —Su madre intentó detenerlo, pero el menor tomó a Ukko por la camisa.

—¡Tú solo dices cosas así! —exclamó Hori—. ¿No te das cuenta? No quiero que... yo no quiero.

Ukko solo lo observó sin hacer nada. Únicamente lloraba, pues de alguna forma todos entendíamos cuál era el destino de nuestra compañera.

—Hori —susurró Julia y todos volteamos a mirarla.

Mi cuerpo finalmente reaccionó y me moví hacia ella. Hori dejó a Ukko y ambos se acercaron.

El semblante de Julia era realmente enfermo. Su piel estaba adquiriendo una palidez diferente. Se llevó una de sus manos hacia la herida y soltó un quejido mientras intentaba sentarse.

—Julia —dije con pesar mientras la ayudaba a recargarse en un montón de cojines.

—Señora Violet —Julia llamó a la madre de Hori y esta se acercó. —Por favor, ¿puede decirle a Riley que no fue su culpa? —Esta vez fue la de verde quien lloró—. Ella estaba muy asustada, por favor, dígale que fue un accidente —gimió con dolor—. Que yo los quiero mucho, a ella y a Renly... y que fui muy feliz a su lado.

—Julia —la madre de Hori se hincó frente a ella y la tomó de la mano.

—Ya sé lo que va a pasar —soltó Julia y finalmente perdió la compostura—. Sé que no tengo mucho tiempo y por eso se lo pido —suplicó—. Gracias por dejar que me quedara aquí con ustedes; siempre los llevaré en mi corazón a todos. Por favor, entre y dígale eso a los señores Adkins y a los niños.

La madre de Hori asintió, se limpió el rostro y, tras mirarla por última vez, se levantó para dirigirse hacia la puerta trasera.

—Iván —esta vez Julia llamó al mayor de nosotros, pero este no se movió. Su mirada seguía clavada en el mismo punto, como intentando evadir todo lo que ocurría. —Sé lo que pasa por tu cabeza, así que, por favor, detente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.