RENO.
En cuanto desperté, no pude evitar sobresaltarme, pues Ukko dormía en mi cama y el cómic que leíamos horas antes yacía en la almohada que estaba entre nosotros. No entendía cómo era que ambos estábamos tapados, pues hasta donde recordaba, la cobija morada que nos cubría en ese momento se había quedado en el sillón junto al closet.
Intenté incorporarme sin hacer tanto ruido, mientras pensaba en lo que había ocurrido la noche anterior.
9 horas antes...
Me encontraba recostada en mi cama leyendo algunos de los cómics que años atrás le había obsequiado a Renly. Vivir recluida, sin poder asistir a la universidad y privada de la electricidad y el internet, solo me dejaba con la posibilidad de hacer actividades como esas. Aunque no me molestaba del todo, pues cuando algo captaba mi atención, difícilmente me aburría.
Había elegido "Las misteriosas aventuras del señor mono", que, justo como su título daba a entender, era un mono que trabajaba como investigador privado y resolvía casos complicados, pero que también eran muy divertidos.
Mi padre me había comprado el primer volumen cuando estaba por entrar a la secundaria. No recordaba muchos detalles de la historia, así que estaba muy absorta en los dibujos y la trama. Por lo que, cuando alguien llamó a mi puerta, solo lo invité a pasar con despreocupación.
—Me preguntaba si puedo estar aquí un rato —Ukko entró, y finalmente desvié la mirada—. La verdad, no quisiera traumatizarme si abro la puerta y Hori e Iván están en algo raro.
No pude evitar reírme mientras me sentaba.
—Lo dudo de Iván —admití—. Él es demasiado correcto como para hacer algo así, sabiendo que puedes entrar en cualquier momento o por el simple hecho de que alguien podría escucharlos, aunque Hori —reí y continué—, él sí es otro caso, pero sí, puedes quedarte aquí el tiempo que quieras.
—Gracias —respondió y sonrió de lado. —¿Qué es lo que lees? —cuestionó un poco incómodo, aún parado cerca de la puerta.
A pesar de que los últimos días pasábamos más tiempo juntos, en realidad no conversábamos demasiado.
—Las aventuras del señor mono —dije mostrándole la portada del cómic y él se rio.
—Las aventuras del señor mono —repitió y asentí.
—Me gustaba cuando iba en secundaria.
—¿Es la primera parte, cuando intenta resolver los asesinatos en el cuarto de espejos? —cuestionó y no pude evitar sorprenderme al saber que lo conocía.
—Sí —me reí—. ¿Quieres leerlo?
—Me gustaría —respondió. —Aunque bueno, tú lo estabas leyendo primero y no quisiera interrumpirte... A menos que quieras que lo leamos juntos —sugirió y asentí.
—De acuerdo —respondí—, puedes sentarte —dije mirando el otro lado de la cama y él comenzó a acercarse.
Aunque ambos leíamos en silencio y mirábamos los dibujos sobre la almohada que estaba entre nosotros, era divertido. Aún encontrábamos graciosas las escenas, incluso cuando era una historia dirigida a personas más jóvenes.
Sin embargo, al final, el cansancio había hecho que ambos termináramos por dormirnos.
PRESENTE.
Me puse de pie y desvié la mirada hacia la ventana; el sol estaba a punto de salir, así que decidí que era buen momento para tomar mi medicamento y prepararme. En solo unas horas saldríamos, por lo que comencé a caminar hacia el baño.
—¿Reno? —cuestionó Ukko con voz somnolienta y voltee a mirarlo—. Discúlpame, me quedé dormido aquí.
—Está bien —respondí despreocupada—. Oye, ¿tú nos cubriste con la manta? —indagué con curiosidad.
—No —admitió, mientras miraba la prenda que lo cubría.
—De acuerdo —respondí pensativa, intentando no darle mucha importancia al asunto.
—Bueno, creo que debería ir a cambiarme —dijo poniéndose de pie y comenzó a doblar la cobija y a acomodar la almohada que estaba a su lado.
—Claro —respondí y caminé hasta la puerta para abrirle. Quería asegurarme de que nadie lo viera salir. Sabía que solo habíamos estado leyendo juntos, pero no podía evitar sentirme nerviosa.
Cuando estuvo a mi lado, ambos nos miramos con detenimiento, como esperando que alguno dijera algo. Sin embargo, al final solo se creó un silencio extraño, por lo que decidí abrir, pero no esperaba que mi padre se encontrara justo al otro lado de la puerta.
—No es lo que cree —se apresuró a decir Ukko y mi padre y yo desviamos la mirada hacia él.
—¿No se quedaron dormidos mientras leían una historieta para adolescentes? —cuestionó mi padre, alzando una de sus cejas e intentando mantener la seriedad, pero yo podía notar cómo se esforzaba por no reírse.
Ukko abrió la boca con sorpresa y tardó unos segundos en volver a hablar.
—Entonces sí es lo cree —dijo finalmente.
—¿Tú nos cubriste con la manta? —intervine mirando a mi padre y él asintió.
—Procuren no quedarse descubiertos, las noches suelen ser muy frías —sugirió.
—Claro—sonrei
—Bueno, creo que ya debería ir a alistarme —intervino Ukko, moviéndose con nerviosismo para dirigirse hasta su cuarto.
—Sí, eso es justo lo que deberías hacer —respondió mi padre con seriedad, aun intentando molestarlo.
(...)
La hora de salir finalmente llegó. Después de una extensa despedida, logramos abandonar la casa y dirigirnos hasta nuestro destino.
Yo iba a la delantera concentrada en que ningún zombie se percatara de nuestra presencia. Aunque todos estábamos armados, lo ideal era no enfrentarnos a los infectados a menos que fuera algo necesario.
Hacía mucho que no iba por esa zona, pero las tiendas y supermercados más cercanos a la casa comenzaban a quedarse sin víveres, pues era evidente que no solo nosotros hurtábamos los productos; cientos de personas estaban en la misma situación. Así que debíamos recurrir a las bodegas del este. En esa parte de Dumbra había sitios de pasillos enormes repletos de productos enlatados. Eran algo curiosos, pues en ocasiones un solo establecimiento podía dividirse en 4 o 5 habitaciones para separar todo por categorías.