El día que llovieron zombies.

CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES. LA OPCM.

ZARINA.

A diferencia de lo que la gente que vivía en la ignorancia pensaba, los soldados erráticos o "zombies" como ellos los llamaban, tuvieron origen mucho antes de lo que se creía.

La idea surgió al menos una década y media atrás y comenzó a desarrollarse 10 años antes de que Carval fuese infectada. El proyecto se llevó a cabo por la OPCM (Organización Para Crisis Mundiales), liderado por un tipo insoportable llamado Destiny (muy irónico), quien no solo era el fundador de dicha institución, sino también el científico en jefe o, como a mí me gustaba llamarlo, "el loco de mierda con tendencias psicópatas que sumió a la ciudad en el caos".

Al principio, Destiny presentó la idea como el suero "Z-01", capaz de incrementar las habilidades y resistencia de aquel al que le fuese inyectado. Sabía que aquello llamaría la atención del gobierno y que el presidente encontraría muy beneficioso tener soldados capaces de vencer a sus enemigos con el mínimo esfuerzo.

En cuanto la primera versión del suero estuvo lista, hizo una demostración. Exponiendo a hombres que para ese momento estaban muy lejos de ser humanos comunes. Levantaban toneladas en peso, recorrían kilómetros a una velocidad asombrosa sin siquiera cansarse y eran tan ágiles peleando que incluso una docena de soldados batallaban para someterlos. En ese entonces, los sujetos no presentaban alteraciones graves en su cerebro. Al menos no alguna que les impidiera actuar con racionalidad o que activara tendencias hacia el canibalismo.

El suero fue aprobado y se usó en muchos de los soldados que peleaban para el país, pero siempre bajo el anonimato para evitar que se desatara la violencia extrema y otras naciones quisieran apoderarse de él.

Por aquel entonces, Tommy y yo ya teníamos 15 años y llevábamos 4 años viviendo en las instalaciones. Mi padre había sido contactado en 2009 cuando recién iniciaban el desarrollo del suero. Mucho tiempo atrás, él y Destiny habían trabajado juntos en otra institución, por lo que se consideraban amigos. Destiny le había insistido a mi padre por bastante tiempo para que se uniera a la OPCM como el nuevo jefe de seguridad, pues temía que, debido al proyecto que estaba desarrollando, alguien quisiera acabar con su vida, lo que fue muy acertado, pues muchas veces estuvo a punto de morir.

Al principio, mi padre rechazó la invitación, pues se había retirado de ser un soldado, atendía un negocio de artículos deportivos y se enfocaba en cuidarnos a nosotros y en sobrellevar el proceso de divorcio con mi madre. Vivíamos en Ausdale, básicamente en otro continente. Sin embargo, Destiny no se dio por vencido, le dijo a mi padre que nos daría un lugar donde vivir para que no tuviera que separarse de nosotros y que se encargaría de nuestros estudios y gastos económicos por el resto de nuestra vida. Además, le prometió que solo requeriría su servicio por 6 o 7 años. Incluso habló con nuestra avariciosa madre, quien no mostró objeción alguna porque nos mudáramos a miles de kilómetros de ella. (era casi un hecho que la había sobornado)

De esa manera mi padre empezó a trabajar para la OPCM en la ciudad de Hondale. Tommy y yo no éramos los únicos chicos ahí, como tontamente había creído. Por lo que continuar con nuestros estudios no fue tan extraño. Había una zona del extenso lugar que se había adecuado para ser una escuela. La idea era que mi hermano y yo termináramos la secundaria y preparatoria de forma privada en las instalaciones de Destiny, mientras que por las tardes nos sometían a un entrenamiento como método de prevención. A mi padre no le molestó, pues encontraba útil que pudiéramos defendernos, sobre todo por la situación peligrosa en la que nos encontrábamos.

Al pensarlo con detenimiento, me siento tan estúpida como una persona promedio, pues tardé demasiado tiempo en darme cuenta de que en realidad éramos prisioneros. Se suponía que no podíamos salir debido a la confidencialidad del proyecto y nuestra seguridad. Y al tener áreas para pasar el tiempo (que en realidad eran zonas de entrenamiento) y una que otra distracción (libros viejos y acceso a la radio en el horario musical), nuestra vida solo era medianamente miserable. Aunque, a quien engañaba yo aborrecía estar ahí (aunque no tanto como Tommy).

Para 2016, cuando nuestra residencia estaba por finalizar, Destiny decidió hablarle a mi padre de su nuevo proyecto y de cómo planeaba desarrollarlo en una de las ciudades del país.

En fin, no sé con exactitud los detalles de lo que sucedió ese día; para esas horas Tommy y yo nos encontrábamos en nuestro entrenamiento. Mi hermano, probablemente quejándose en el suelo, y yo recordándoles al resto quién era la mejor de la clase. Sin embargo, cuando mi padre se reunió con nosotros esa tarde, no solo lucía nervioso y enojado, sino también asustado. Nos dijo que nos iríamos al día siguiente y que regresaríamos a nuestro país, así que Tommy y yo hicimos las maletas.

No obstante, Destiny no era el tipo de hombre que dejara ir a alguien que sabía tanto como mi padre, así que por la noche mandó a llamarlo con la excusa de que quería beber un último trago con él. Aunque en realidad tenía preparado algo mucho más siniestro.

Al día siguiente, Tommy y yo no logramos encontrar a mi padre por ningún lado y Haku, el segundo más fuerte del lugar (después de mi padre), llegó hasta nuestra puerta y nos escoltó a los laboratorios. Nunca antes habíamos entrado, pues era una zona exclusiva para los altos rangos y científicos.

—Me temo que ha habido un accidente —habló Destiny una vez que estuvimos frente a él. La zona donde se encontraba estaba rodeada de vidrios reforzados, que en ese momento brillaban con una extraña luz verde que nos impedía ver al otro lado.

—¿Dónde está mi padre? —solté sin rodeos, mirándolo fijamente.

Sabía que era peligroso intentar enfrentarme a la persona más poderosa en el lugar y podía sentir el miedo de mi hermano, quien estaba rígido a mi lado, pero odiaba que la gente pensara que podía doblegarnos con tanta facilidad.




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