TOMMY.
Desde que éramos niños, la gente siempre tardaba en darse cuenta de que Zarina y yo éramos gemelos. Teníamos el mismo tono de cabello, los ojos cafés, la nariz respingada, rasgos muy similares y nuestra madre estaba obsesionada con vestirnos de manera idéntica. Sin embargo, nuestras personalidades diferían mucho, así que por esa razón la mayoría creía que mi hermana era mayor.
Incluso antes de mudarnos a las instalaciones de la OPCM, Zarina ya era explosiva y exigente. Aún no soltaba palabrotas o buscaba meterse en peleas cada 5 minutos, pero sí era la que tenía el control en nuestra convivencia como hermanos.
Ella era muy inteligente; los pocos años que estuvimos en la escuela convencional recibió varios diplomas y, aunque jamás le gustó inscribirse a clubes o clases extras, salía a correr todas las mañanas y se mantenía haciendo ejercicio.
Zarina nunca fue muy sociable. A pesar de no ser tímida o mostrar miedo hacia otros, tampoco tenía interés en hacer muchos amigos, así que la mayor parte del tiempo la pasaba en la tienda deportiva con mi padre o en su habitación. Yo, por otro lado, me aburría con facilidad si me quedaba quieto. Me gustaba mucho jugar con mis compañeros de clase, cantar, bailar y hacer cualquier cosa que me mantuviera en movimiento. Hablaba demasiado y era pésimo mintiendo (lo que muchas veces me metió en problemas). Al final era Zarina quien me terminaba salvando. De alguna manera siempre lograba enterarse cuando estaba en apuros, y aunque me gritaba y regañaba porque rara vez yo metía las manos, no hubo ni una sola vez en que no me rescatara. Por eso, de alguna forma terminé por depender de ella.
(...)
Después de que se hiciera la primera prueba del antídoto, y Otis muriera y Milo se infectara, Destiny envió a mi hermana a una misión exclusiva. Obligó a que nos separáramos y desde el primer minuto supe que sin ella a mi lado mi vida estaría en peligro.
Solo un día después de que se fuera, Haku entró de madrugada a nuestra habitación y nos forzó a Darren y a mí a hacer otra prueba. Ya otros miembros habían tenido la horrible suerte de ser infectados o morir en el intento, así que el hecho no resultó muy esperanzador.
Incluso si Darren y yo hubiésemos pensado en negarnos y pelear, no habríamos logrado derrotar a Haku. Así que al final terminamos en el laboratorio. Sabía que Destiny estaba aprovechando la ausencia de mi hermana para hacer de las suyas y vengarse.
Estaba consciente de que mis probabilidades de regresar de nuevo a mi habitación eran bajas y, aunque estaba asustado, no le vi mucho sentido a suplicar o pedir ayuda. Por otro lado, Darren resoplaba y se quejaba con enojo. Odiaba el hecho de que lo despertaran y lo hicieran trabajar de noche, con un clima tan frío.
Cuando nos dieron los uniformes y nos entregaron la inyección con el líquido fosforescente, el corazón se me aceleró; preferí tararear por lo bajo para no entrar en pánico. Darren me miró incrédulo, como pensando que yo no estaba dimensionando lo que nos estaba por pasar, y Haku pareció aún más irritado. A él siempre le había gustado la imagen de mí atemorizado, pero pocas veces le concedí ese placer.
Lo que pasó después de que abrieran aquella puerta fue muy rápido y solo logró confirmar que Destiny estaba absolutamente loco. Apenas cerraron, el soldado errático en el interior se abalanzó sobre Darren, pero no de la forma descontrolada que Zarina nos había contado. Sus movimientos fueron precisos y calculados. Le dio un potente puñetazo en el rostro y, en cuanto el de ojos verdes estuvo en el suelo, atacó sin piedad su garganta, hasta que su cabeza se desprendió del resto de su cuerpo. Abrí los ojos con asombro, sintiendo cómo mi cuerpo se paralizaba. Solo podía pensar en que yo sería el siguiente y que, al igual que a Otis, jamás volvería a ver a Darren.
En ese momento caí en cuenta de que ya nunca más nos quejaríamos porque Otis mantuviera las luces prendidas durante la noche, debido a sus problemas para dormir, y que se la pasaba leyendo los mismos 5 libros que junto a Milo habían hurtado. Tampoco tendríamos que soportar a Darren presumiendo sus músculos e intentando llamar la atención de Zarina, aunque ella apenas lo miraba. Ya jamás volveríamos a ser seis en aquella pequeña habitación de paredes verdes.
El soldado errático se movió con rapidez hacia mí. Al principio intenté esquivarlo y mantener distancia lo más posible de él, pero el espacio era pequeño y, en menos de lo que esperaba, ya estaba sobre mí. Solo en ese instante pude darme cuenta de que unos extraños cables sobresalían en la parte trasera de su cuello. Estaba seguro de que eso era nuevo, pues a mi hermana difícilmente se le hubiese pasado decirme algo así.
Su fuerza era inhumana. Ni siquiera Haku o Zarina me habían hecho sentir tan débil. Me esforzaba por alejarlo, pero al final mis brazos cedieron y logró morderme en una de las mejillas. Grité con dolor, mientras sentía cómo mi respiración se descontrolaba. Ya sabía cuál sería mi destino.
—El antídoto, Thomas —escuché la voz de Destiny y, aunque sentía el cuerpo adolorido y extraño, pateé al soldado con todas mis fuerzas. Cuando estuve libre, comencé a buscar la jeringa en las bolsas del uniforme.
Me levanté del suelo. Mis extremidades estaban temblorosas y la sangre escurría desde mi rostro hasta mi uniforme y el suelo.
No estaba seguro de poder inyectarle la cura al hombre y cada segundo podía percatarme de cómo la infección se expandía en mi interior. Tenía mucho calor y me sentía mareado.
—Inyéctasela —ordenó Destiny.
El soldado volvió a enfocar su atención en mí, pero ya no parecía tener el mismo interés. Probablemente porque estaba a nada de ser un errático igual que él.
Mi estómago gruñó y el olor a sangre inundó mis fosas nasales. Al principio creí que se trataba de Darren, pero tras unos segundos logré darme cuenta de que su olor era diferente y el que yo percibía provenía de detrás de los cristales.