El día que llovieron zombies.

EPÍLOGO.

HORI.

Si hace cuatro meses me hubiese sugerido que mi destino sería tratar de sobrevivir en un apocalipsis de muertos vivientes, me hubiese parecido absurdo. Sin embargo, también me habrían venido a la mente todas las noches que me desvelé matando zombies en los videojuegos. Y es que nadie imaginó que algo así se volvería realidad. Ninguna persona en Carval, Dumbra, Gresland o alguno de los otros pueblos que rodeaban la ciudad creyó que algún día los zombies caerían del cielo, y mucho menos que el motivo sería que alguien planeaba cometer genocidio.

Desde el inicio habíamos estado en desventaja y, mientras Destiny siguiera con vida, continuaríamos de esa manera.

La muerte estaba por todas partes.

Era la causante de que Ukko perdiera a su familia.

Había impedido que el señor Guillermo volviera a ver a su esposa e hijo.

Nos había quitado a Julia.

Y ahora también a Riley.

Gente con deseos. Personas que aún tenían mucho por vivir y que ya nada las traería de vuelta.

Miles seguían infectados, sin saber de la cura. Entre ellos, el padre de Tommy y Zarina, y para ese momento también mi madre.

Ni siquiera cuando sabía que tenía esperanza de recuperarla podía disipar el dolor y la rabia en mi pecho.

La mayoría de nosotros estábamos heridos. Zarina e Iván seguían inconscientes y solo nos quedaba suplicar porque abrieran los ojos de nuevo.

Sabía que Iván estaba en ese estado porque me había protegido y, al ver su rostro, solo podía sentir culpabilidad. Parecía que cada marca en su cuerpo era a causa mía y eso me hacía sentir más miserable.

El estado emocional y físico de todos estaba por los suelos, pero aun así teníamos certeza de una cosa y eso era que frenaríamos a Destiny a toda costa.




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